EDIZIONES, 13 Dic.
Melissa Doubleday es una neozelandesa que fue a dar un paseo a la playa de Muriwai el pasado 9 de diciembre. Sobre la arena descubrió algo a lo que no supo poner nombre. Alzó su teléfono móvil, le hizo unas cuantas fotos y las subió a Facebook junto con la pregunta: “Solo por curiosidad, ¿sabe alguien qué es esto?” El misterio quedó resuelto cuando las noticias locales se hicieron eco del hecho y consultaron con la Sociedad de Ciencias Marinas de Nueva Zelanda, que declaró que se trataba de una gran estructura de madera con percebes incrustados en ella.

Sabiendo la historia, hagamos un ejercicio de imaginación: nos imaginamos la playa, el mar, el sonido de las olas, el cielo despejado por la mañana... Ahí vemos a una mujer paseando. Nos ponemos en su piel y nos imaginamos el contacto de la arena húmeda con nuestros pies al caminar. Y de repente vemos algo grande, oscuro, varado en la orilla. Nos acercamos y vemos que esa 'cosa' tan grande está llena de algo que no sabes qué es. Lo lógico es sacar el móvil y hacer fotos a esa cosa tan extraña y seguir paseando (como hizo Melissa). Ahora imagina que no es Melissa quien está delante de 'eso' sino que eres tú. ¿Qué harías?

Por lo visto, los percebes no es un plato típico de Nueva Zelanda como lo es en España. Cualquier español hubiera reconocido que eso eran percebes. ¿Harías como Melissa o los empezarías a coger para darte un buen homenaje con la familia y amigos? Probablemente, si Melissa supiera que el kilo de percebes se puede llegar a vender en Navidad a más de 300 euros, igual la cosa hubiera cambiado, ¿no crees?