30 de marzo de 2020
 
Actualizado 25/08/2008 21:29:02 CET

¿Y si les dejamos en paz?

Ha llegado la hora de que los familiares de los muertos en el accidente del avión de Spanair puedan llorar a los suyos, sin verse acosados por cámaras de televisión, ni fotógrafos, ni autoridades que les quieren saludar y condolerse con ellos, ni más circo mediático. Han pasado demasiadas horas, días, como para que se hayan ganado su derecho a vivir el dolor en la intimidad y que sus lágrimas no las vea toda España. Que sus desfallecimientos no sirvan para subir la audiencia de un programa de entretenimiento de una determinada cadena de televisión en plena pelea por mantenerse en el número uno del share de agosto.

Todos, desde el Gobierno y la oposición , que esta vez sí han tenido los reflejos a punto para acudir al lugar de la catástrofe horas después del siniestro, hasta la Casa Real con sus miembros desperdigados -algunos muy lejos- , han cumplido su papel representativo. Todos se han hecho la foto, las sentidas declaraciones de rigor (la Reina como siempre la más discreta) pero, lo que de verdad quieren las familias de las víctimas es poder enterrar a los suyos, saber qué ocurrió y seguramente que les dejen en paz.

La falta de respuestas de la compañía aérea en las primeras horas tras el accidente, su intolerable falta de información sobre la identidad de los heridos, sobre la lista de los pasajeros embarcados, etc. le ha hecho perder toda credibilidad frente a las familias que, en estos momentos, la acusan de negligencia y de no dejar bajar a los pasajeros que se negaron a volar.

Las especulaciones mas diversas, que se han publicado estos días en diferentes medios sobre las causas del accidente, aún antes de que se hubieran localizado las cajas negras del avión, han contribuido sin duda a aumentar el dolor, la incertidumbre y la ira de los que han perdido un ser querido en ese fatídico vuelo.

Salvo los equipos de emergencias del SAMUR, de bomberos, de Cruz Roja, que funcionaron con una precisión admirable y que consiguieron salvar diecinueve vidas en medio del infierno, y los ciudadanos anónimos de Madrid que acudieron, una vez más en masa a los hospitales para donar sangre en la vana esperanza de que habría más supervivientes; los demás, medios de comunicación y autoridades varias, hacer, lo que se dice hacer, hemos hecho muy poco por las víctimas.

Tal vez es el momento de reflexionar sobre un protocolo ético de actuación ante sucesos como este.

Victoria Lafora.