Las enormes dificultades que tienen muchas familias para conciliar el trabajo con su vida privada constituyen una de las principales preocupaciones de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE), una iniciativa surgida hace cerca de cinco años que pretende sensibilizar a la ciudadanía sobre la necesidad de adoptar horarios más racionales y flexibles, que sean similares a los de otros países europeos.
Es un hecho que con la tradicional jornada 'a la española', que se prolonga hasta avanzada la tarde o incluso la noche, resulta extremadamente complicado conciliar la vida personal, familiar y laboral. El trabajo invade a menudo la esfera privada de los trabajadores, provocando en ellos un desequilibrio emocional; las personas se vuelven irritables, menos comprensivas con los intereses corporativos de su empresa, más propensas a sufrir accidentes laborales o de tráfico, y con evidentes riesgos para su salud. En España el estrés es, después de la gripe, el principal motivo de absentismo laboral, y origina el 22% del total de bajas por enfermedad.
La principal perjudicada por la falta de conciliación es la mujer trabajadora que ejerce una actividad económica fuera del hogar, y sobre la cual también recae, en muchos casos, el peso más elevado de la organización familiar.
Desafortunadamente, nos encontramos en el 'furgón de cola' en cuanto a la igualdad entre sexos: según la reciente Encuesta Social Europea, realizada en 25 países y financiada por la Fundación Europea de la Ciencia y la Comisión Europea, el 47% de los hombres españoles admite que no dedica "nada o casi nada" de tiempo a las tareas domésticas, sólo por debajo de portugueses y griegos.
Precisamente una de las recomendaciones del Congreso que celebramos el pasado mes de noviembre en Madrid fue la de que "hay que organizar la vida de las familias desde la corresponsabilidad y la coparticipación". Esto significa que el hombre ha de colaborar con la mujer en el cuidado de la casa y la atención a hijos y personas dependientes. "Debe respetarse el tiempo de nuestros mayores" fue otra recomendación; sobre todo el de las abuelas, que se encargan de los nietos porque los horarios laborales de los padres no dan para ello.
Consideramos que se deben reexaminar los tiempos de trabajo; regularizarlos con ritmos más equilibrados de acuerdo a las necesidades personales -- de comida, sueño, ocio, formación...--; normalizarlos cumpliendo unas exigencias para la conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
Se precisan proyectos pilotos que permitan obtener criterios de beneficio empresarial y salud social, que comporten una estricta permanencia en el lugar de trabajo de un horario racional que finalice siete u ocho horas después del comienzo de la jornada laboral, horas distribuidas con la mayor flexibilidad posible, y eliminando tiempos sobrados e inactivos que sólo entorpecen la productividad y atentan contra el desarrollo personal.
Cada día son más las empresas que, con la satisfacción de su personal y excelentes resultados para sus accionistas, han adoptado, siguiendo la costumbre europea, horario flexible y jornada continua; pero tienen que ser muchas más, y cuanto antes mejor.
Un hombre o una mujer a los que se les permite elegir parte de su horario o quedarse dos días a la semana trabajando en casa para estar junto a sus hijos rinden más. La conciliación, desde luego, es rentable; y es un reto necesario y urgente si queremos avanzar hacia una mayor calidad de vida.
Ignacio Buqueras es presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios y su Normalización con los Países de la UE y presidente de Honor de la Fundación Independiente. Nacido en Reus (Tarragona), este empresario ---economista y Doctor en Ciencias de la Información por la UCM-- aboga por la regla de los tres ochos: ocho horas de trabajo, ocho de sueño y ocho de tiempo libre. Su organización trabaja para conseguir horarios más europeos de cara a 2010.