Publicado 28/01/2021 14:38CET

Una muestra repasa en Museo Guggenheim la evolución industrial y urbana de Bilbao de finales del XIX a comienzos del XX

Cartel de la Exposición Bilbao y la pintura en el Guggenheim
Cartel de la Exposición Bilbao y la pintura en el Guggenheim - Guggenheim Bilbao

Abierta hasta el 29 de agosto, incluye 30 grandes pinturas de Guiard, Zuloaga, Guinea, Zubiaurre, Arrúe, Iturrino o Arteta, entre otros

BILBAO, 28 Ene. (EUROPA PRESS) -

El Museo Guggenheim de Bilbao inaugura este viernes una exposición que recorre la evolución de Bilbao desde el punto de vista industrial y urbano entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. La muestra, titulada "Bilbao y la pintura", repasa los cambios en la ciudad a través de una selección de una treintena de cuadros de grandes dimensiones realizados, entre otros pintores, por Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga, Anselmo Guinea, José Arrue, Ramón Zubiaurre, José María de Ucelay, Francisco Iturrino, Aurelio Arteta o Agustín Ibarrola.

Patrocinada por Iberdrola, la muestra permanecerá abierta hasta el 29 de agosto y ha sido comisariada por el experto Kosme de Barañano. Los artistas seleccionados para la exposición tienen en común que todos ellos trabajaron en la capital vizcaína en algún momento entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y que, asimismo, habían viajado a París para incorporar a sus obras las ideas de modernidad del Impresionismo francés y las vanguardias de la época.

Tal y como ha explicado el director del museo, Juan Ignacio Vidarte, durante su presentación ante los medios, "en el fin de siglo del XIX, Bilbao se convirtió en una de las urbes más prósperas de España gracias a su industria naval y siderúrgica y a su actividad comercial, bancaria y cultural".

En esa línea, y para recrear aquellos momentos, esta exposición "representa y conceptualiza" momentos muy diversos de la historia de Bilbao a través de grandes murales pictóricos que reflejan, entre otras escenas, los barcos comerciales en la ría y las terrazas dedicadas al ocio o la vida burguesa o la de los aldeanos, los remeros, la actividad en el mar, el deporte, las faenas cotidianas en un puerto pesquero o las romerías en una anteiglesia vizcaína.

El recorrido por la muestra se inicia en un espacio introductorio donde el visitante se adentra en ese Bilbao del siglo XIX a través de reproducciones fotográficas a gran escala, y también se contextualiza la figura del escultor bilbaíno Paco Durrio, autor de una de las esculturas más importantes del arte público en España en el siglo XX: Monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga. Ubicada frente al Museo de Bellas Artes de Bilbao, esta escultura dedicada a un músico no representa su figura, sino que simboliza su trabajo y su muerte prematura.

Durrio tiene un papel importante en la historia del arte pues, por un lado, es el albacea de Paul Gauguin, quien le deja toda su obra pictórica antes de emprender el que será su último viaje a Polinesia en 1895 y, por otro, pasa el testigo de la innovación de Gauguin a un joven Pablo Picasso recién aterrizado en París en 1901, al que presta su estudio para que realice sus primeras piezas escultóricas.

JUVENTUD EMPRENDEDORA

La primera sala alberga una selección de obras de Adolfo Guiard, Ignacio Zuloaga, Anselmo Guinea, Manuel Losada y José Arrúe que despliegan las diversas panorámicas que componen el nuevo paisaje económico, social y urbano del Bilbao de finales del siglo XIX. Los personajes retratados en estas obras son jóvenes empresarios bilbaínos aficionados a la música, que encargan a estos pintores -antiguos compañeros de instituto- recién regresados de París una serie de murales para decorar las paredes del club.

Estos jóvenes juegan un papel fundamental en la creación de instituciones musicales de Bilbao aún vivas hoy, como la Sociedad Filarmónica, la Academia de Música Vizcaína (precursora del Conservatorio), o la Orquesta Sinfónica, y también en el nuevo tejido industrial y bancario.

En la segunda galería, las pinturas que se exhiben confrontan escenas de mar y de montaña. A pesar de la proximidad geográfica entre ambas, los pueblos marineros y las aldeas rurales emplean unos códigos de color muy diferentes, que puede apreciarse en la distinta gama cromática, linealidad y proporción de la pintura de barcos y caseríos, por ejemplo.

El mar es un tema recurrente en las pinturas de Bilbao en el cambio de siglo, que la mayoría de los artistas invocan con el afán de capturar su color y de reflejar su vital importancia para el comercio y la cultura de la Villa.

En cuanto al mundo rural, las pinturas reflejan escenas que van desde el aldeano que recoge la cosecha en La siega de Adolfo Guiard, en la que el verde de los campos se va transformando en ocres y amarillos, hasta el mundo de las reses y la fiesta en las pinturas de Francisco Iturrino, como Los garrochistas o Escena campera, o Fiesta en el campo; dos ejemplos contrapuestos del postimpresionismo y de la pintura fauve aprendidos en París e introducidos en España.

La sala se cierra con el Tríptico de la guerra de Aurelio Arteta y con Tótem de Agustín Ibarrola, que presenta los instrumentos del aldeano, de una vida en el caserío, como si fueran esculturas.

Las obras incluidas en la tercera sala componen una visión etnográfica del folklore, en la que los artistas documentan, entre otros aspectos, la simbología del baile. Así, el visitante descubrirá desde la pintura costumbrista de Manuel Losada Don Terencio y Chango, El txistulari, hasta el mundo del baile en las anteiglesias de En la romería de Aurelio Arteta, pasando por la recolecta otoñal de manzanas y la sagardantza (danza de las manzanas) en la obra de Jesús Olasagasti.

También pueden verse diferentes aspectos de las romerías en las peculiares obras de José Arrue, una en un barrio de la villa de Bermeo, con el mar en el horizonte, y otra en Arracundiaga con las peñas al fondo. Completan esta sala las Danzas suletinas de José María de Ucelay, una pintura que aporta una visión enciclopédica de uno de los bailes más antiguos del País Vasco, la mascarada de Zuberoa, una danza que envuelve a todo el pueblo y se remonta a la domesticación de los caballos.

CATÁLOGO

El catálogo de la exposición, a cargo de Kosme de Barañano, presenta un extenso recorrido que aborda numerosos aspectos sociales, económicos, o políticos del desarrollo de Bilbao, así como un detallado análisis de una treintena de escenas de la pintura que integran la muestra y que permiten al lector "adentrarse en la historia de nuestra ciudad (...) la historia como un continuum que nos acerca al Bilbao de 1800 y que nos sugiere cómo divisar el futuro".

El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, en el texto introductorio que acompaña el catálogo destaca que "para Iberdrola, es una verdadera satisfacción impulsar esta muestra dedicada al arte realizado durante el período histórico en el que la capital vizcaína inició un imparable proceso de modernización, entre finales del siglo XIX y principios del XX a través de unas pinturas que recogen muy distintos aspectos del paisaje y la sociedad que promovió las innovaciones en la producción y los cambios económicos con los que la vida moderna daría comienzo en Bilbao.

Sánchez Galán recuerda asimismo que "en aquella trascendental transición que tuvo lugar entonces radican los orígenes de nuestra empresa, ya que dos de las compañías que fueron el germen de Iberdrola nacieron a comienzos del siglo XX en Bilbao y con capital vizcaíno: Hidroeléctrica Ibérica en 1901 y Saltos del Duero en 1918".

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