MÉRIDA 9 Mar. (EUROPA PRESS) -
El Museo del Queso de Casar de Cáceres ha escogido como pieza del mes de marzo un jarrón de lavabo de porcelana cuya base es circular y está unida al cuerpo por remaches.
El boletín cultural ECO informa de que hasta mediados del siglo XVIII la limpieza personal se hacía en seco y el aseo consistía en lavarse sólo las manos y la cara, el resto del cuerpo se perfumaba para encubrir los malos olores, ayudándose de la vestimenta para camuflarlos. El ropaje era también utilizado para mostrar externamente distinción y posición social.
A partir de la segunda mitad de la centuria, el aseo se convierte en un rito en el que aparece el agua como parte importante y cuyo uso, junto al jabón, pasa a ser elemento de distinción. De este giro tan notable no está ausente la importancia que por estas mismas fechas adquiere la higiene y su introducción en las esferas médica y escolar. Los avances de la Medicina lucharán por mejorar las condiciones higiénico-sanitarias.
En líneas generales, comienzan a perfilarse las primeras medidas de higiene: lavarse las manos y el aseo diario con agua y jabón. Estos hábitos se difunden a escala internacional a través de médicos y políticos de la época, que solían reunirse en congresos.
Un objetivo esencial de ellos era vencer las enfermedades contagiosas, la peste, el cólera, la fiebre tifoidea, el tifus y la fiebre amarilla, dolencias muy temidas por la proliferación de epidemias.