Baleares es el territorio con más capacidad de almacenar CO2 en el Mediterráneo occidental por la posidonia

Posidonia
Posidonia - IMEDEA CSIC-UIB
Europa Press Islas Baleares
Publicado: martes, 21 abril 2026 13:10

PALMA 21 Abr. (EUROPA PRESS) -

Las aguas de Baleares son el territorio del Mediterráneo occidental con más capacidad de captura de dióxido de carbono (CO2) gracias a las praderas marinas, especialmente a la posidonia oceánica.

Así lo revela un estudio, liderado por la investigadora del Imedea CSIC-UIB Nerea Piñeiro-Juncal, que cuantifica por primera vez cuánto CO2 guardan los ecosistemas costeros, conocidos como "carbono azul", como las praderas marinas y las marismas en España y Portugal.

Según ha informado el Imedea en una nota de prensa, las praderas marinas forman parte de un sistema natural capaz de almacenar el equivalente a cerca del 25 por ciento de las emisiones anuales de estos dos países.

En conjunto, la investigación subraya que estos espacios almacenen una "enorme cantidad" de carbono, con un peso destacado del Mediterráneo occidental. Así, Baleares juega un "papel decisivo", ya que las praderas de posidonia ocenánica representan cerca del 40 por ciento de la superficie total de praderas marinas analizadas.

Esta planta exclusiva del Mediterráneo, apunta el estudio, acumula carbono en los sedimentos marinos durante siglos, convirtiendo el fondo marino en "un auténtico depósito natural".

Según Nerea Piñeiro-Juncal, "las praderas de posidonia son sumideros de carbono a largo plazo". "En Baleares, su extensión las convierte en el principal sumidero de carbono azul de España, contribuyendo de forma relevante a la adaptación al cambio climático".

De hecho, el informe señala que de los 1.976 kilómetros cuadrados (km2) de praderas y marismas que almacenan CO2 en España y Portugal, el porcentaje más elevado corresponde a los fondos marinos del archipiélago balear, con 650 km2.

Igualmente, han subrayado que España y Portugal albergan dos de los principales tipos de ecosistemas de carbono azul: praderas de pastos marinos y marismas. Hasta la fecha, no se ha realizado ninguna evaluación nacional "exhaustiva" de las reservas de carbono de los ECA en España y Portugal.

El estudio del equipo de Piñeiro evalúa la magnitud del sumidero de carbono asociado a ellos en toda la Península Ibérica y los territorios insulares españoles, así como la posible emisión de CO2 resultante de su degradación.

Así, se estima que los ecosistemas de biomasa (EB) en el área estudiada almacenan 95 teragramos (Tg) de CO2 en la biomasa y el primer metro de suelo, lo que equivale a aproximadamente el 25 por ciento de las emisiones de CO2 de España y Portugal en 2022.

Sin embargo, el estudio advierte que este "tesoro climático" no está garantizado, puesto que el deterioro de estos ecosistemas en el último siglo ya ha liberado a la atmósfera grandes cantidades de CO2.

En concreto, la investigación apunta que, por este motivo, durante el último siglo se podría haber liberado entre 11 y 27 Tg de CO2 y las predicciones prevén que si no se refuerzan las medidas de protección, en las próximas décadas podrían liberarse muchas más emisiones.

En concreto se calcula que en los próximos 30 años se liberarán entre 1,3 y 5,6 Tg de CO2. Según el estudio, esto subraya "la necesidad urgente de intensificar los esfuerzos de conservación y restauración".

En este sentido, apuntan que en Baleares la presión turística, el fondeo de embarcaciones, la contaminación y el desarrollo costero son algunas de las principales amenazas para la posidonia.

"Su degradación no sólo supone la pérdida de biodiversidad, sino también la liberación del carbono acumulado durante cientos o miles de años y la pérdida de su capacidad de secuestro, que contribuye a compensar parte de las emisiones de la población de las Islas", indican.

Para la investigadora, el valor de estos ecosistemas "va mucho más allá del carbono", ya que "son fundamentales para la salud del litoral y para sectores clave como el turismo".

"Y es que además de su papel climático, las praderas de posidonia son esenciales para el archipiélago: protegen las playas frente a la erosión, mejoran la calidad del agua y sirven de refugio para numerosas especies marinas", añade.

Por ello, el estudio abre la puerta a integrar el carbono azul en las políticas climáticas y de conservación y plantea integrara los datos obtenidos a los inventarios nacionales de emisiones y servir de base para proyectos de restauración y compensación de carbono.

"En un contexto de crisis climática, el mensaje es claro: proteger la posidonia no solo preserva el paisaje y la biodiversidad del archipiélago, sino que también contribuye de forma directa a frenar el calentamiento global", concluyen.

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