El avance de la insurgencia aumenta la presión sobre Al Assad

Un combatiente en Siria
AMMAR ABDULLAH / REUTERS
Actualizado: martes, 2 junio 2015 19:21

BEIRUT, 2 Jun. (Reuters/EP) -

El avance constante de los insurgentes en los principales frentes de la guerra civil en Siria están poniendo al presidente, Bashar al Assad, bajo la mayor presión desde el comienzo de la contienda, hace ya cuatro años.

Las pérdidas en el norte, este y sur por parte de grupos armados como el brazo de Al Qaeda en Siria, el Frente al Nusra, y el Estado Islámico pueden poner a prueba la resistencia en la zona occidental, crucial para la supervivencia del régimen sirio.

Después de la caída de Palmira, una ciudad simbólica y militarmente estratégica, Al Assad parece estar desplegando sus recursos hacia las regiones occidentales como Damasco, Homs, Hama y la costa. Algunas fuentes familiarizadas con los acontecimientos en Damasco han apuntado que la presión está creciendo, pero que el Gobierno tiene confianza en sus Fuerzas Armadas para defender este vital territorio.

Al Assad todavía controla áreas en las partes más remotas de Siria, aunque las está perdiendo progresivamente. Su decisión de mantener soldados en lugares como Deir Ezzor, Hasaka o Alepo sugieren que quiere conservar su presencia a nivel nacional, rechazando la partición 'de facto' del país.

Estas fuentes próximas al Gobierno han señalado que Al Assad espera un apoyo extra de Irán, su principal aliado. Además, el grupo libanés Hezbolá ha aumentado su despliegue en Siria. El presidente sirio también cree que Occidente le rehabilitará como socio en la lucha contra Estado Islámico, por la amenaza global que puede suponer.

"El verano sobre el terreno será duro, pero las líneas rojas no serán vulneradas", ha dicho una de las fuentes que ha preferido conservar el anonimato.

El régimen de Al Assad ya ha sobrevivido a previas presiones, sobre todo cuando Occidente pensaba que su Gobierno estaba cerca del colapso a finales de 2012. Además, el Ejército sirio ha perdido el apoyo de muchos milicianos chiíes iraquíes que volvieron a su país para combatir a Estado Islámico tras la caída de Mosul y otras ciudades hace un año.

DERROTA TÁCTICA, VICTORIA ESTRATÉGICA

Los grupos insurgentes en el norte y el sur de Siria han emergido como las fuerzas más dinámicas de la guerra civil en los dos últimos meses y se encuentran más organizados y armados que nunca.

Al Assad está determinado a mantener las instalaciones energéticas necesarias para abastecer a los sirios que viven en las áreas controladas por el Gobierno, lo que incluye yacimientos de gas y petróleo. Una ofensiva por parte del Ejército y Hezbolá contra los insurgentes en la cordillera de Qalamoun, en el norte de Damasco, también es crucial.

El Gobierno sirio ve la caída de Palmira como una derrota táctica pero una victoria estratégica, ha asegurado Salem Zahran, un especialista libanés que mantiene lazos estrechos con Damasco.

La captura de esta ciudad histórica por parte de Estado Islámico debería alentar a Washington a revisar su política con Siria, a llamar la atención mundial de la amenaza que supone el grupo, y a llamar a las fuerzas iraquíes a cooperar más con Siria, ha agregado.

Sin embargo los supuestos previos de que Al Assad no puede ser derrotado debido a su superioridad militar y al apoyo aéreo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos ya no se sostienen, ya que los insurgentes tienen cada vez más reclutas. "Por cada 100 soldados perdidos por el régimen, no hay otros 100 que vienen", ha asegurado Zahran.

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