Boko Haram y Estado Islámico, una doble amenaza letal para Nigeria

Personas junto a una casa destruida presuntamente por Boko Haram en Nigeria
REUTERS / STRINGER . - Archivo 
Actualizado 09/02/2019 9:41:09 CET

Con distinto 'modus operandi', los dos grupos yihadistas siguen perpetrando ataques continuados en el noreste del país

MADRID, 9 Feb. (EUROPA PRESS) -

El año 2019 ha comenzado en el noreste de Nigeria como terminó el anterior, de forma violenta. El estado de Borno, y en menor medida los de Adamawa y Yobe, se han convertido en el epicentro de una insurgencia que ha sembrado el terror entre la población, destruido sus medios de vida y dejado a su paso un reguero de muertos, heridos y desplazados.

Diez años después de que comenzaran los ataques de Boko Haram, cuyo nombre en una traducción libre del hausa viene a significar 'la educación occidental está prohibida', el grupo islamista está lejos de ser derrotado, pese a los esfuerzos y las declaraciones del Gobierno nigeriano. Además, de él ha surgido una escisión que cuenta con el reconocimiento de Estado Islámico y opera en esta misma zona del que es el país más poblado de África.

El grupo fue fundado en 2002 por Mohamed Yusuf con el objetivo de crear un estado islámico en Nigeria, pero no sería hasta 2009 cuando comenzarían sus ataques, principalmente dirigidos contra las fuerzas de seguridad en un primer momento.

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Boko Haram logró fama mundial en 2014, con el secuestro de más de 200 niñas de una escuela secundaria en Chibok --buena parte de las cuales han sido liberadas en virtud de acuerdos con el Gobierno desde entonces--, ya bajo la batuta de Abubakr Shekau y sería ese año cuando alcanzaría su máximo esplendor, llegando a controlar un territorio del tamaño de Bélgica.

Su histriónico líder, al que se ha dado por muerto en varias ocasiones para volver a aparecer en vídeos propagandísticos poco después, decidió en 2015, en un momento en que era objeto de una ofensiva militar regional, jurar lealtad a Estado Islámico y ampliar su radio de actuación más allá de las fronteras de Nigeria, perpetrando ataques en Chad, Níger y Camerún, países todos bañados por el lago Chad.

Sin embargo, lo despiadado de sus acciones, en las que no solo los miembros de las fuerzas de seguridad estaban en el punto de mira y en las que niñas y mujeres eran obligadas a cometer atentados suicidas, llevó al líder de Estado Islámico, Abú Bakr al Baghdadi, a tomar cartas en el asunto, relevando en agosto de 2016 a Shekau del cargo y poniendo al frente de su filial a Abú Musab al Barnaui, hijo de Mohamed Yusuf.

ESCISIÓN EN 2016

Como resultado de ello, se produjo una escisión en las filas de Boko Haram. Una parte de los milicianos mantuvieron su lealtad a Shekau, que nunca aceptó verse relegado y que hasta ahora sigue considerando que forma parte de Estado Islámico, mientras que otros siguieron a Al Barnaui, ahora al frente de Estado Islámico en África Occidental (ISWA, por su siglas en inglés).

Desde entonces, los dos grupos han buscado consolidar su actividad, aunque de forma muy diferenciada. Boko Haram, con Shekau al frente, contaría con unos 1.000 milicianos y ha centrado sus operaciones en la zona del bosque de Sambisa, cerca de la frontera con Camerún, mientras que ISWA tendría unos 3.500 combatientes que operan principalmente en la zona del lago Chad próxima a Níger.

El 'modus operandi' de ambos grupos yihadistas tampoco coincide. Los de Shekau siguen cometiendo atentados y ataques contra objetivos civiles, como mercados y campos de desplazados, mientras que los de Al Barnaui tienen en el punto de mira principalmente lo que se conoce como 'objetivos duros', es decir, las fuerzas de seguridad.

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ISWA ha intensificado en los últimos meses sus ataques contra el Ejército, tomando la iniciativa y apoderándose de importante material militar para sus acciones posteriores, además de minar la moral entre los soldados nigerianos, que ahora son atacados por las armas que les han sido robadas de antemano.

Por su parte, Boko Haram ha llevado a cabo varios ataques en las primeras semanas del año, incluidos dos a la localidad de Rann, en el segundo de los cuales, ocurrido el 28 de enero, mató a al menos 60 personas, según Amnistía Internacional. Como consecuencia de ello, más de 30.000 personas han huido y han buscado refugio en el vecino Camerún.

Según un estudio publicado por el 'think-tank' Africa Center for Strategid Studies (ACSS), dependiente del Departamento de Defensa norteamericano, Boko Haram cometió 444 actos de violencia en 2018, un 25 por ciento menos de actividad con respecto al año anterior, y mató a 2.052 personas en 2018.

Por su parte, ISWA incrementó su actividad y triplicó sus acciones, pasando de 27 en 2017 a 83 el año pasado. Con ello también aumentaron sus víctimas, que alcanzaron las 687, un 58 por ciento más, según el estudio.

ISWA BUSCA GANARSE A LA POBLACIÓN

Pero si hay algo que preocupa a los expertos en terrorismo es que mientras que Boko Haram no tiene problemas en matar a musulmanes, ISWA ha optado por ganarse a la población local para su causa, lo que a la larga convierte a este grupo en más peligroso.

El grupo de Al Barnaui considera que "ganar el apoyo o al menos la conformidad de los civiles es central para su lucha" mientras que quienes luchan por orden de Shekau "siguen viendo a la población local como enemigos combatientes" porque "no apoyan al movimiento", subraya Omar S. Mahmood, investigador del Institute for Security Studies (ISS), en un artículo sobre los dos grupos.

Según este experto, ISWA también ha sabido aprovecharse no solo del descontento hacia Boko Haram sino también hacia las fuerzas de seguridad, que han sido acusadas de haber cometido violaciones de los Derechos Humanos en sus operaciones contra los yihadistas. Esta apuesta a largo plazo debería generar una "mayor preocupación" por la filial de Estado Islámico, aunque sin subestimar a Boko Haram, subraya.

"La región del lago Chad está amenazada ahora por dos movimientos distintos que operan de formas distintas", sostiene Mahmood, que considera "obsoleto" el hablar de Boko Haram como un ente único --algo que suelen hacer con frecuencia las autoridades nigerianas-- e invita tanto a los gobiernos regionales como a otros actores externos a "tomar nota" de la posibilidad de que ISWA se consolide como "actor violento" en la región.

Un temor que comparte James Barnett en un artículo publicado en Critical Threats, un proyecto del Instituto Americano de Empresa para alertar de las amenazas para la seguridad de Estados Unidos. Según este experto, "ISWA supone una mayor amenaza para los intereses de Estados Unidos que Boko Haram" porque, entre otras cosas, junto a "combatientes extranjeros", el grupo podría extender la yihad a países de la región que hasta ahora se han visto libres de ataques islamistas.

Al igual que Mahmood, Barnett destaca que "ISWA ha aprendido de los errores de Shekau" y por eso "en general evita matar a civiles y hace esfuerzos modestos para proteger el comercio y la libertad de movimientos en sus territorios". Pero, especialmente preocupante a ojos de este experto, es el hecho de que desde julio el grupo ha atacado más de una decena de bases del Ejército durante las que se ha incautado de material, vehículos y rehenes.

Además, a finales de 2018 consiguió hacerse brevemente con el control de algunas localidades y no se descarta que pueda seguir haciendo lo mismo y lograr forjar un "santuario" desde el que cometer no solo más ataques en toda Nigeria sino también contra intereses occidentales en la región, subraya Barnett.

Las elecciones presidenciales del próximo 16 de febrero, en las que el presidente, Muhamadu Buhari, busca su reelección, podrían ser un momento propicio para que tanto Boko Haram como ISWA den pruebas de su poderío, coinciden los expertos, habida cuenta de que el país tiene un largo historial también de violencia electoral.

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