Archivo - Programa de asesoramiento de UNICEF en India - UNICEF/NARAIN - Archivo
MADRID, 20 Nov. (Por Nikita Singh, joven india miembro de la comunidad de UNICEF La Juventud Opina) -
Hoy quiero hacer balance de lo lejos que he llegado después de tener ansiedad durante casi cinco años. Quería contar las cosas más importantes que he vivido y aprendido al tener este problema.
Mi primera experiencia con la ansiedad fue cuando tenía 13 años: los niños y niñas con quienes solía jugar se metían conmigo. Recuerdo sentirme triste, fuera de control y sobrecargada de preocupaciones, pero no sabía que lo que estaba experimentando se llamaba "ansiedad". Evitaba salir sola, por miedo a que me volvieran a molestar. Casi había dejado de nadar y de jugar al bádminton, que era mi única afición por aquél entonces.
Solía sentarme en un rincón de mi casa y pensar en preguntas como: "¿por qué yo?", "¿no soy lo suficientemente buena como para tener buenos amigos?" y muchas más cosas. La gente no entendía que los niños y niñas también pueden estar ansiosos, por lo que probablemente nadie (¡incluida yo misma!) se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Seguí adelante con mi vida, pensando que tal vez todos y todas se sentían así de estresados y que era normal estar fuera de control.
Mi familia y yo nos mudamos a una ciudad diferente después de unos meses, pero luego también me sentí insegura debido al mismo viejo pensamiento de que "volverá a suceder", volveré a ser intimidada en una localidad distinta por gente nueva. Debido a este pensamiento recurrente, dudé en si hacer nuevos amigos cerca de mi casa. No era amiga de mucha gente, solo de unos pocos niños y niñas en la escuela.
No fue algo grave hasta 2019, cuando empecé a arrancarme el pelo, que es un trastorno de ansiedad llamado tricotilomanía. Mis padres no entendían por qué de repente empezaba a tirarme del pelo, y todos los días veían numerosos mechones de pelo tirados en el suelo cerca de mi mesa de estudio. En ese momento no sabía que a lo que me estaba enfrentando era a un trastorno de ansiedad, así que no tuve ninguna ayuda pero comencé a controlarla.
Este año, mientras el mundo volvía a su rutina previa a la pandemia por COVID-19, me encontraba en casa estudiando un curso introductorio a Medicina y me sentí desanimada por mi desempeño y el ambiente estresante. Como resultado, mi ansiedad esta vez llegó a su punto máximo y estaba fuera de control.
Pero lo peor estaba aún por venir. Empecé a tirarme del pelo aún más y mis notas también cayeron en picado, puesto que no podía concentrarme en mis estudios y evitaba hablar con nadie. Solía irritarme y enfadarme sin razón aparente.
El sueño se convirtió en mi vía de escape. Incluso aunque me despertase temprano, me obligaba a volverme a dormir solo para poder calmar mi mente tortuosa.
A veces lloraba, sin motivo alguno. Caí en un ciclo sin fin de pensamientos obsesivos. Pasaba días en mi mesa de estudio sin hacer nada. Me sentía tan sola, incluso después de tener gente a mi alrededor...
Algunas noches, me despertaba tres o cuatro veces y me pasaba que mi mente se aceleraba, mi corazón latía con fuerza como si estuviera fuera de mi pecho y mis pulmones no podían seguir el ritmo del resto de mi cuerpo mientras luchaba por respirar. Solía tener ansiedad y dolores de estómago, una sensación de mariposas en el estómago, pero mucho peor, antes de empezar los exámenes y al recibir los resultados.
En este momento de mi vida, saltar del edificio más alto del mundo hubiera sido más fácil para mí que pedir ayuda a alguien. Nada podría haber sido peor para mí que esto. Solía pensar en formas de escapar de situaciones que no podía manejar y me creaba un mundo imaginario paralelo con la realidad que a mí me gustaría que fuese.
LAS MENTIRAS DE LA ANSIEDAD
Mientras tanto, me sentía desconectada de todas las personas cercanas, incluidos mis padres, ya que pensaba que nadie me entendería y que solo los molestaría y se estresarían por mi culpa. Este fue uno de mis grandes errores. Ahora me doy cuenta de que todo esto no habría durado tanto si hubiese hablado con ellos.
Me había empezado a creer las mentiras que me mandaba la ansiedad; sí, la ansiedad me mintió bastante. Como si siguiera recordándome a diario el pasado, diciéndome que el preocuparme cambia las cosas, que no soy lo suficientemente buena, que me están juzgando, que no merezco hablar, que no puedo pedir cosas o hacer solicitudes incluso simples porque voy a molestar a la gente y que me estoy volviendo loca... Superar estas mentiras se convirtió en una ingente tarea para mí.
Al darme cuenta de que si esto continuaba todos mis sueños se irían al garete y que esta no era la vida que quería vivir, decidí visitar un terapeuta y empecé a sentirme bien. Hubo muchos días en los que sentía que no podía vencer mi ansiedad y que tendría que vivir así durante el resto de mi vida y no podría convertirme en la persona que siempre quise ser. Hice un trabajo bastante bueno con ello; finalmente siento que mi vida y mi mente están bajo mi control.
Y, por fin, aquí estoy. Todavía ansiosa, pero sintiéndome un poco más esperanzada. El viaje para llegar hasta este punto ha sido arduo, pero estoy contenta de estar aquí. Hoy solo quiero expresar mi más profunda gratitud a mis padres, amigos y todo el que ha estado ahí para mí.
A mi madre y mi padre no puedo agradecerles lo suficiente por aceptar incluso las partes más oscuras de mí y amarme tan incondicionalmente.
Una breve nota para todas las personas con ansiedad: "TÚ TIENES ESTO", y no puedo subrayar más lo de que realmente no estás solo. Puedes mirar a tu alrededor y pensar que nadie más en el mundo entiende por lo que estás pasando, pero algunas personas sí.
Nunca tengas miedo ni te avergüences de lo que estás pasando. La ansiedad es algo que muchas personas en todo el mundo experimentan regularmente. Como nadie habla de ello, la gente está confundida y abrumada.
Si miro cinco años atrás hasta ahora, parece que viví una guerra con mi mente y que finalmente la gané. A las personas que se están sintiendo mal o sufriendo, les diría que la situación mejorará. En el proceso, descubrirás más sobre ti misma de lo que nunca pensaste que podrías. Lo más importante es que descubrirás que eres una luchadora y que, cuando hayas tocado fondo, solo podrás ir hacia arriba.