El eje bolivariano viaja a Venezuela para arropar a Maduro en el inicio de su segundo mandato

Los presidentes de El Salvador, Bolivia, Venezuela y Cuba
TWITTER DE MIGUEL DÍAZ-CANEL
Publicado 10/01/2019 16:13:32CET

MADRID, 10 Ene. (EUROPA PRESS) -

Los presidentes de Cuba, Bolivia y El Salvador han viajado a Venezuela para asistir a la toma de posesión de su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, que este jueves empezará un segundo mandato que apenas contará con reconocimiento internacional.

El cubano Miguel Díaz-Canel, el boliviano Evo Morales y el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén se encuentran ya en Caracas y han aprovechado las horas previas a la ceremonia de investidura para fotografiarse junto a Maduro, puño en alto, ante un retrato del libertador latinoamericano Simón Bolívar.

"Hermanos de lucha, hermanos de sueños. Unidos a favor de la integración latinoamericana y caribeña. Apoyando al presidente Maduro, a la unión cívico-militar y al pueblo venezolano", ha escrito el presidente cubano en su cuenta oficial de Twitter.

Díaz-Canel ha justificado su apoyo a Maduro indicando que "no es posible subestimar el gran despliegue de recursos de nuestros adversarios históricos para impedir que fuerzas progresistas y populares se mantengan en el Gobierno". "El ALBA junto al hermano que agreden. Es la hora del recuento y de la marcha unida", ha proclamado.

En la misma línea, Morales ha defendido a Maduro enfatizando que "representa la Revolución Bolivariana de Venezuela y la liberación de los pueblos de América Latina". "Venezuela es un Estado soberano y su pueblo, digno, ha derrotado agresiones políticas, militares y económicas", ha destacado.

Sánchez Cerén se ha pronunciado igualmente por Twitter, definiendo la segunda toma de posesión de Maduro como "un momento histórico para el proceso de consolidación de la paz, el desarrollo y el fortalecimiento de la democracia en Venezuela".

Por su parte, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, está camino de Venezuela, según ha anunciado este mismo jueves su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo. "Nuestro comandante está viajando para estar presente en el nuevo período constitucional del querido compañero Nicolás Maduro", ha dicho en su mensaje diario, según informa 'La Prensa'.

La presencia de Ortega es muy significativa porque el presidente nicaragüense también está en el punto de mira de sus vecinos regionales, que sopesan juzgarlo por crímenes de lesa humanidad debido a la brutal represión de las protestas antigubernamentales que estallaron el pasado mes de abril. Más de 300 personas murieron y miles fueron detenidas.

PUNTO DE INFLEXIÓN

Maduro tomará posesión este jueves para un segundo mandato, conforme al resultado de las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo, en las que se impuso con un 67 por ciento de los votos, de acuerdo con datos oficiales.

La oposición venezolana y buena parte de la comunidad internacional no reconocieron los resultados electorales por considerar que fueron producto de un proceso fraudulento y, en consecuencia, tampoco reconocerán el segundo mandato de Maduro.

Así, trece países del Grupo de Lima -- Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía--, Estados Unidos y Canadá, además de la UE y sus estados miembro, incluido España, no enviarán representantes.

México, el otro integrante del Grupo de Lima, ha optado por enviar al encargado de negocios de su Embajada en Caracas, rebajando con ello el nivel de representación que correspondería por reciprocidad, dado que Maduro sí acudió a la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, celebrada el 1 de diciembre en Ciudad de México.

El Grupo de Lima ha anunciado que, a partir del 10 de enero, iniciará una ofensiva diplomática contra Maduro y su Gobierno para forzarle a celebrar unas elecciones "creíbles". Estados Unidos ya ha ampliado su lista de sanciones contra la cúpula venezolana y la UE se mantiene a la expectativa.

Maduro ha respondido dando un ultimátum de 48 horas al Grupo de Lima --al quien considera una marioneta de Estados Unidos-- para que corrija su actitud "injerencista", bajo amenaza de adoptar "las medidas más crudas y enérgicas en diplomacia y en defensa de un Gobierno".

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