El feliz regreso a casa de Mama Sesay tras superar el ébola

Actualizado 07/02/2015 9:38:36 CET
Allison Criado-Perez, enfermera de Médicos Sin Fronteras en Sierra Leona
Foto: MSF

MADRID, 7 Feb. (Por Allison Criado-Perez, enfermera de Médicos Sin Fronteras en Sierra Leona) -

   Hoy Mama Sesay ha vuelto a casa.

   Había llegado a nuestro centro para pacientes de ébola hacía tres semanas. Tras dar positivo en su análisis de sangre, se fue recuperando y ganando fuerzas poco a poco; al mismo tiempo, sus síntomas fueron desapareciendo hasta que, por fin, el test dio negativo.

   Poder darle esa noticia constituyó un acontecimiento muy feliz para nuestro equipo de salud mental. Tras recibir terapia y asesoramiento, Mama estaba preparada para volver con su familia y su comunidad.

   Ahora formo parte del equipo de participación comunitaria, junto con a los promotores de salud, nos encargamos de hacer el seguimiento y el control de la epidemia en las aldeas. Así que, en esta ocasión, me correspondió acompañar a Mama Sesay de vuelta a su comunidad.

   Mama acudió a nosotros antes de que la enfermedad fuera incontrolable, antes de que comenzaran las hemorragias y de que la carga viral fuera tan alta que hubieramos sido incapaces de salvarla; por eso pudimos ayudar a su sistema inmunológico a que pudiera luchar y superar el virus.

   Mientras conducíamos hacia la casa de Mama Sesay, me acordé con tristeza de un chico que no había tenido tanta suerte. Había llegado al centro hacía unos días, tan débil y sin aliento que tuvo que ser llevado en camilla desde la ambulancia. Parecía que tenía unos diez años cuando, en realidad, tenía catorce.

   Mientras se sentaba con dificultad en la zona de triaje para una rápida evaluación, Robi, el doctor responsable del centro y que cuenta con amplia experiencia en ébola, negó con la cabeza. "No lo conseguirá", dijo con tristeza.

   Por alguna razón tenía la corazonada de que este chico, de alguna manera, cambiaría su suerte. Así, cuando a la mañana siguiente llegué al centro me quedé desolada: en la pizarra donde apuntábamos los números de cada paciente no podía encontrar el suyo. Y luego lo vi. Su número estaba dentro de un círculo y habían dibujado una pequeña cruz a su lado, bajo la palabra "morgue". Robi tenía razón y mi optimismo había estado fuera de lugar.

BUENAS NOTICIAS

   Ahora, íbamos camino de la comunidad de Mama en un viaje en el que llevábamos buenas noticias. El todoterreno atraviesa la carretera roja llena de polvo y rodeada de vegetación y palmeras. Las barreras improvisadas, colocadas desde que se decretó el bloqueo para tratar de impedir que las personas se desplazaran de un pueblo a otro, se elevan para dejar pasar nuestro vehículo fácilmente reconocible por el color y el logo de MSF.

   Al margen del alboroto de los niños que nos llaman: "¡Opoto!" (persona blanca) mientras nos acercamos, las aldeas permanecen tranquilas. Las casas permanecer con las contraventanas cerradas y un cartel señala el camino hacia un edificio que constituye la escuela primaria, una construcción ahora que permanece silenciosa y vacía. Los colegios han estado cerrados desde el comienzo del año escolar, y la docencia se transmite a cabo exclusivamente a través de la radio.

   Mientras nos acercamos a su aldea, Yoni Bana, Mama Sesay deja escapar una pequeña sonrisa. Pero la alegría de la vuelta a casa está empañada por el dolor ante la pérdida de su madre, que falleció de ébola en su hogar, y de su hermana embarazada que también murió. Junto a ella, ambas estuvieron cuidando de su madre y se sabe que las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables a la enfermedad.

BIENVENIDA ENTRE APLAUSOS

   Un gran grupo de vecinos la esperaba para darle la bienvenida y cuando Mama salió del coche, los aplausos y los gritos de alegría no se hicieron esperar. Sus tres nietos corrieron a abrazarla y Mama sonrió. Fue un momento muy especial.

   Uno de nuestros promotores de salud explicó en temné, el idioma local, que Mama Sesay estaba completamente curada, que ya no tenía la enfermedad y que cuenta con un certificado para probarlo.

   Después, continuó transmitiendo el mensaje que más repetimos: "Evitad el contacto físico", y les recordó que deben llamar al número de emergencia en caso de que alguien de su aldea muestre alguno de los síntomas del ébola. Esta llamada llegará al centro de control del distrito y entonces se activará el protocolo para poder atender a la persona afectada.

   Después de estrechar su mano, el primer contacto que tengo con Mama sin estar protegida por un traje especial, nos marchamos de la aldea dejando atrás los vítores y felicitaciones de sus habitantes. Dejamos a Mama Sesay feliz de vuelta en su comunidad: es una superviviente de ébola