En Kenia, la discapacidad es un argumento válido para el infanticidio

Una niña empuja a un niño con parálisis cerebral en silla de ruedas en Kenia
REUTERS / SAMANTHA SAIS
Publicado 14/10/2018 9:17:32CET

DRI llama a combatir el estigma y las falsas creencias en torno a los niños con discapacidad, a los que cree "malditos" o "embrujados"

MADRID, 14 Oct. (EUROPA PRESS) -

Idiotas, imbéciles, anormales, una carga... Así es como califican en Kenia con frecuencia a los niños con discapacidad, presionando a sus madres para que los maten o los abandonen, en la mayoría de los casos por la arraigada creencia en el país africano de que estos niños están "malditos" o "embrujados" y que su estado no es sino el resultado de un castigo por los pecados cometidos por la madre.

Presionadas por sus familias, o incluso sus comunidades, muchas mujeres recurren al infanticidio, mientras que otras optan por abandonar a sus hijos en algunos de los orfanatos del país, donde el futuro tampoco será halagüeño, habida cuenta de las pésimas condiciones de estos centros y de la falta de cuidados específicos para las necesidades de estos niños.

Según el estudio 'Infanticidio y abuso: Asesinato y confinamiento de niños con discapacidades en Kenia', realizado por la organización Disability Rights International (DRI) tras una investigación de dos años, el 45 por ciento de las 90 mujeres con hijos discapacitados con las que hablaron habían sido presionadas para abandonarlos o para matarlos.

El porcentaje de las mujeres que sufren este tipo de presiones es mayor en las zonas rurales. Así, mientras en Nairobi solo el 37 por ciento habían sufrido este tipo de presión, la cifra se eleva al 57 por ciento entre las que viven en zonas rurales.

En el 63 por ciento de los casos, el argumento empleado fue que "el niño está maldito". Entre las creencias extendidas figura el hecho de que si el niño tiene una discapacidad puede deberse a que la madre ha sido infiel o que si el primogénito es discapacitado debe ser asesinado si sus padres quieren tener más hijos.

El que se considere que los niños con discapacidad están "embrujados" explica que el 25 de las mujeres consultadas dijeran que les instaron a llevar a su hijo a un "chamán" que "bien matara o curara al niño". A una de las madres, por ejemplo, le aconsejaron que pusiera una aguja en la vena de su hijo que terminaría por matarle, mientras que otra, cuyo hijo estaba ciego, tuvo que huir porque su marido quería matarlo.

LAS FAMILIAS, LAS QUE MÁS PRESIONAN

En general, la principal presión llega desde las familias. Eso fue lo que le ocurrió a dos tercios de las mujeres que fueron presionadas para que mataran a sus hijos. En el 37 por ciento de los casos fue su propia familia la que se lo pidió, mientras que en el 26 por ciento fue la familia política y en el 14 por ciento su marido. En cuanto al resto, las presiones llegaron de alguien de la comunidad, la iglesia o de amigos.

En el 54 por ciento de los casos el argumento esgrimido a favor de acabar con el niño con discapacidad fue que "había llevado la vergüenza a su familia y comunidad", mientras que a un tercio les dijeron que no iban a ser capaces de costear los gastos médicos para atender a su hijo y el 15 por ciento que no podrían trabajar y cuidar de sus hijos. En el 11 por ciento de los casos, el argumento fue que estos niños no pueden "vivir una vida plena" así que no tiene sentido "mantenerles con vida".

"Las autoridades son muy conscientes del problema pero no han dado pasos para combatir el estigma y la discriminación contra los niños con discapacidad", defiende Priscila Rodríguez, directora asociada de DRI y coautora del informe, en declaraciones a Europa Press.

"Kenia debe iniciar una campaña de sensibilización en los medios y en las escuelas para poner de relieve que la discapacidad no es una maldición y que los niños con discapacidad en realidad enriquecen las vidas de sus familias y comunidades", añade.

En gran medida este desconocimiento en todo lo que se refiere a la discapacidad viene fomentado por que en los mismos hospitales, los médicos y el resto de personal no informan adecuadamente a las familias del estado de su hijo y de sus necesidades específicas tras nacer. En el 93 por ciento de los casos consultados, no fueron informadas antes de abandonar el hospital.

"Mi hija nació con una discapacidad pero no me lo dijeron al nacer. No sintieron que su vida valiera lo suficiente como para decirme cuál era su condición y cómo debería cuidarla", le contó a DRI una de las mujeres. Como consecuencia de esta falta de información, muchas madres tardan meses o incluso años en descubrir que sus hijos tienen una discapacidad, algo que priva a estos de un atención que podría ser clave para su supervivencia.

Pero descubrir que su hijo tiene una discapacidad no pone fin a la desinformación. En general, las mujeres tienen problemas para conseguir información sobre el tratamiento y el cuidado que requieren sus hijos. "Los médicos asumen que los padres no entienden y por tanto ni siquiera se molestan en explicar lo que les pasa a nuestros hijos. Se limitan a darnos la medicación y listo", lamenta una madre.

EL PERSONAL DE SALUD NO QUIERE TRATAR A NIÑOS CON DISCAPACIDAD

Aún más preocupante, a tenor de la información recabada por DRI durante su estudio, es que muchas enfermeras creen que la discapacidad puede ser contagiosa y se niegan a tratar a estos niños. Además, consideran que no merece la pena dedicarles esfuerzos porque muy probablemente no van a sobrevivir. Según cuenta una madre, un médico le dijo que su hija, que luego descubrió que era sorda, era "un vegetal y sería un vegetal toda su vida".

En opinión de Rodríguez, las autoridades kenianas deben "entrenar a los responsables y el personal de la sanidad pública sobre lo que es la discapacidad y deben convertir en delito punible el que no se ofrezca información a la madre y la familia respecto a la discapacidad del niño y mejor modo de tratarla".

A esto hay que añadir la falta de ayudas públicas a las familias con hijos con discapacidad. El 97 por ciento de las mujeres consultadas reconocen que el principal obstáculo al que se enfrentan es que es muy caro criar a un hijo con discapacidad, además de los problemas de accesibilidad que tienen estos niños para poder ir a la escuela.

Según explica Rodríguez, el único programa de apoyo del que tiene constancia DRI es la asignación de 20 dólares al mes que reciben algunas familias de parte del Consejo Nacional para las Personas con Discapacidad.

Esta cifra "no es suficiente" en los casos de los niños con discapacidades "severas" y además "el proceso de registro es complicado, las madres tienen que viajar con sus hijos para que se les haga una evaluación médica, para lo que tienen que pagar, y para registrarlos", subraya Rodríguez, precisando que actualmente hay lista de espera.

Entre las mujeres que han plantado cara a sus familias y han decidido mantener a sus hijos con ellas, más de la mitad dicen tener problemas para encontrar trabajo y el 82 por ciento aseguran que no encuentran a nadie que quiera cuidar de su hijo mientras trabajan.

Mama George es una de estas mujeres. Abandonada por su marido y repudiada por su familia y su comunidad, trabaja como jornalera y lleva cada día consigo a cuestas a su hijo, al que construye en el suelo un agujero en el que sentarle para poder trabajar. Su principal temor: el día en que su hijo sea más mayor y no pueda cargar con él.

Para todas estas mujeres, la aislamiento social es una realidad. El 54 por ciento reconocen sentirse solas y el 51 por ciento dicen estar tristes. En el 74 por ciento de los casos sus familias y/o comunidades las repudiaron y en uno de cada cinco casos su marido las abandonó tras saber que su hijo tenía una discapacidad.

"El Gobierno tiene una responsabilidad hacia estas madres y niños", defiende la directora adjunta de DRI. "Tiene que ofrecerles apoyo que no solo se limite a dinero, como acceso a atención de salud mental para ambos, inclusión del niño en la escuela, formación profesional para la madre y ayuda para encontrar trabajo", subraya.