NAIROBI 16 Ene. (Reuters/EP) -
Cientos de manifestantes han quemado este miércoles un total de 221 ataúdes --representando a los diputados-- enfrente del Parlamento de Kenia en protesta por la aprobación la semana pasada de unos bonos que triplican la indemnización que reciben los parlamentarios con el fin de su mandato de cara a las elecciones del próximo 4 de marzo.
Ante la frustración que ha creado en la sociedad la ley, el presidente keniano, Mwai Kibaki, se ha negado a firmar la norma para evitar que entre en vigor. Pero los manifestantes han mantenido la protesta para demostrar su malestar con la clase política.
Los parlamentarios kenianos aprobaron dos leyes que triplicaban el bono de fin de mandato hasta los 9,3 millones de chelines (unos 80.000 euros) y les permitirán tener pasaporte diplomático para ellos y sus cónyuges, seguridad personal a cargo del erario público y un funeral de Estado cuando fallezcan.
En un punto de la nueva normativa, se garantiza que el jefe del Estado saliente --Kibaki no se presenta a los comicios-- un paquete de ayuda por el que recibirá en un pago único de 12,6 millones de chelines (108.000 euros).
Los manifestantes han marchado por el centro de Nairobi mientras portaban los 221 ataúdes pintados en negro que representaban a cada uno de los parlamentarios. Los concentrados llevaban además pancartas en las que se podía leer "Entierra a los buitres con tu voto" y "libre de líderes honestos".
El activista Boniface Mwangi, director del grupo Kenia es Nuestra y que ha encabezado la marcha de hoy, ha señalado que la quema de los ataúdes significa "el fin de una era y el nacimiento de otra". El primer ministro keniano, Raila Odinga, criticó la semana pasada las nuevas leyes y las calificó de "traición".
Los diputados en Kenia tienen un sueldo medio de 13.000 dólares (unos 10.000 euros), en un país donde el sueldo medio es de unos 60 dólares al mes y donde el PIB per cápita se sitúa en los 800 dólares. En 2001, rechazaron la propuesta del Ejecutivo de que tuviesen que pagar impuestos por sus sueldos, y después, se compraron nuevos asientos, por valor de 2.400 dólares cada uno al cargo del erario público.