Las mujeres de Zanzíbar son la gran esperanza para lograr la autonomía energética del archipiélago

Tanzania.- Las mujeres de Zanzíbar son la gran esperanza para lograr la autonomía energética del archipiélago
REUTERS / BAZ RATNER - Archivo
Publicado 25/05/2019 8:59:44CET

KINYASINI (TANZANIA), 25 May. (Fundación Thomson Reuters/EP) -

La vida en la semiautónoma región tanzana de Zanzíbar es especialmente dura para las mujeres. Según una encuesta encargada por el Gobierno de Tanzania en 2016, una mujer tanzana tiene la mitad de posibilidades de acceder a educación, ser propietaria de un terreno o de una cuenta en un banco. Pero ahora se han convertido en una fuerza emergente gracias a un proyecto destinado a combatir simultáneamente dos males endémicos en el país: la pobreza energética y el desdén hacia las mujeres.

Salama Husein Haja va a formar parte, junto con otro grupo de mujeres, de un proyecto de instalación de paneles solares en un archipiélago donde la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y sin acceso a la electricidad.

Salama y sus compañeras se enfrentan a una tarea hercúlea: establecer un suministro alternativo en el archipiélago para eliminar su dependencia de la, hasta ahora, única línea energética, un cable submarino que conecta a Zanzíbar con la Tanzania continental. La última vez que se averió el cable fue en 2009. La región entera se quedó sin energía durante tres meses. Es más, solo la mitad de las viviendas de Zanzíbar están conectadas al cable. El resto depende de lámparas de petróleo para tener luz.

Entre ellas hay madres, algunas solteras como Salama, y abuelas, muchas de las cuales no saben leer ni escribir. El programa en el que se han enrolado incorpora un curso de educación básica imprescindible para completar el programa de aprendizaje desarrollado por la ONG Barefoot College, que comenzó en India y se ha extendido al este de África, hasta Tanzania.

Se trata de un programa de educación externa en varias fases. En la primera, los responsables piden a cada aldea que elija a dos mujeres de entre 35 y 55 años que se pasarán cinco meses en Kenia, después de los cuales regresan a sus hogares e instalan sistemas de energía solar para sus familias y sus vecinos.

"Hemos peleado muchísimo para tener luz", recuerda Naja, agricultora de 36 años y madre de tres hijos, natural de Unguja, la isla más grande y más poblada del archipiélago. "Sin electricidad no puedes ni educar a tus hijos. Teníamos que usar una lámpara de parafina, cuyo humo daña los ojos y los pulmones". "La electricidad", añade, "lo mejora todo".

FIGURAS MODELO

Otra de las participantes en el programa, Aisha Alí Jatib, madre de nueve hijos, hace hincapié en el coste que supone la parafina. "Una cucharada son 200 chelines y puedo estar perfectamente dos días sin cobrar eso", lamenta.

El programa pretende además poner al día a una comunidad entera con el incremento exponencial de las necesidades energéticas en el África subsahariana, gran parte de las cuales deberán ser cubiertas a través de fuentes desconectadas de una parrilla eléctrica principal, como la energía solar, según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía.

Con la transición a la energía solar, se espera que cada hogar pague solo unos pocos dólares al mes, una opción mucho más económica que la parafina o la compra directa de electricidad.

Parte del dinero se le pagará a las ingenieras para mantener la red de paneles y lo que sobre se destinará a proyectos comunitarios. Y, con ello, una sensación de respeto y autoestima. "Hemos recibido una vida mejor. Seremos ingenieras, volveremos a nuestro país a enseñar a la gente. Tendré estatus, tendré sabiduría y estaré orgullosa de mí misma", concluye Haja.

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