Nigeria celebra unas elecciones clave en medio de la crisis y ante la creciente inseguridad

Actualizado 15/02/2019 12:09:14 CET
Acto de campaña del APC del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, antes de la
REUTERS / TEMILADE ADELAJA

Buhari y Abubakar figuran como principales candidatos a la Presidencia de la principal economía de África La baja representación de las mujeres y el papel de los 'padrinos', otros factores

MADRID, 15 Feb. (EUROPA PRESS) -

Nigeria celebra este sábado unas elecciones presidenciales en las que el mandatario, Muhammadu Buhari, busca la reelección ante el exvicepresidente y opositor Atiku Abubakar, en unos comicios clave para el futuro de la principal economía de África, sacudida desde hace años por la crisis económica y social y por la insurgencia islamista, especialmente en el noreste.

El país, el más poblado del continente, celebrará además durante el día de mañana comicios parlamentarios tras una campaña marcada por la práctica ausencia de debate político y el repentino cese del presidente del Tribunal Supremo.

A pesar de que hay inscritos un total de 73 candidatos, según los datos publicados en su página web por la comisión electoral, el único rival con opciones de derrotar a Buhari --que se presenta por el Congreso de Todos los Progresistas (APC)-- es Abubakar, quien concurre por el Partido Democrático Popular (PDP).

Buhari, que lideró el régimen militar en el país entre 1983 y 1985, accedió a la Presidencia en 2015 --en la que fue la primera transición democrática desde el fin de la junta militar en 1999-- con la promesa de luchar contra la corrupción y acabar con Boko Haram.

Sin embargo, la crisis económica se ha agudizado, el grupo se ha escindido y aumentado sus ataques, y la inseguridad ha aumentado a causa de los cada vez más frecuentes enfrentamientos entre pastores y agricultores en la franja central del país.

Buhari --que incluso ha tenido que salir a desmentir rumores sobre la existencia de un doble suyo ante sus largas ausencias por motivos de salud-- ha hecho girar su campaña electoral en torno a la lucha contra la "maldición" de la corrupción, apuntando veladamente contra Abubakar, que figuró junto a su esposa en un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos sobre prácticas corruptas.

Sin embargo, su imagen se ha visto resentida durante su mandato por la práctica ausencia de apertura de casos contra miembros de su partido, dado que la mayoría han estado centrados en opositores, lo que ha llevado a parte de la población a sospechar de la campaña. Asimismo, su decisión de cesar al presidente del Supremo a pocos días de las elecciones ha generado numerosas críticas.

Por su parte, Abubakar se ha presentado como una persona enérgica y dispuesta a actuar, en contraste con la imagen de pasividad de Buhari. "Una cosa es prometer y otra hacer esas cosas. No soy de los que hacen grandes promesas. Más que promesas, creo en políticas", dijo durante la presentación de su campaña, bajo el lema 'Get Nigeria Work Again' ('Hagamos que Nigeria funcione de nuevo'), similar al usado por Donald Trump en su campaña a la Presidencia de Estados Unidos.

El magnate fue vicepresidente durante ocho años bajo la Presidencia de Olusegun Obasanjo y cuenta con una imagen de empresario de éxito entre sus seguidores, si bien sus críticos le tildan de cleptócrata y recuerdan que tiene incluso prohibido entrar en Estados Unidos por las numerosas acusaciones de corrupción contra él.

PREOCUPACIONES DE SEGURIDAD

La jornada electoral, al igual que otros años, tendrá lugar en medio de la amenaza que suponen los posibles ataques de Boko Haram y su escisión, Estado Islámico en África Occidental (ISWA, según sus siglas en inglés), además de la creciente inseguridad por los enfrentamientos intercomunitarios.

A pesar de que el Gobierno de Buhari ha asegurado en varias ocasiones que Boko Haram ha sido derrotado militarmente, tanto el grupo como ISWA han incrementado sus operaciones en los últimos meses, especialmente en el estado de Borno (noreste) y la cuenca de lago Chad.

Boko Haram ha perpetrado numerosos atentados y ha estado detrás del secuestro de miles de personas en el norte del país, llegando a jurar lealtad a Estado Islámico, lo que provocó su escisión después de que Abú Bakr al Baghdadi reconociera como líder del grupo a Musab al Barnaui, quien ahora encabeza ISWA, que ha centrado sus operaciones en las fuerzas de seguridad.

Como muestra del peligro que se cierne sobre el proceso, Estado Islámico perpetró el martes un ataque contra el convoy del gobernador del estado de Borno, Kashim Shettima, suceso que se saldó con al menos tres muertos, según el balance oficial.

Sin embargo, y a pesar de ello, en el último año la mayoría de las víctimas mortales han sido causadas por los enfrentamientos entre agricultores y ganaderos en torno al control de territorios fértiles, a causa del desplazamiento de estos últimos hacia zonas del centro y sur del país por la desaparición de pastos en el norte por la creciente desertificación.

Esta situación puede impactar además en las urnas, ya que el APC de Buhari se impuso en las últimas elecciones en la franja central del país, donde ha perdido apoyos por estos incidentes y la falta de respuesta por parte de las autoridades, lo que podría beneficiar a las aspiraciones de Abubakar.

El PDP cuenta además con un importante respaldo en la capital, Abuya, y la zona sur del país, si bien esta vez ambos candidatos provienen del norte. En 2015, Buhari se impuso a Goodluck Jonathan, nacido en el sur, de donde recabó gran parte de sus apoyos.

INMOVILIDAD POLÍTICA

De esta forma, estas nuevas elecciones volverán a ver un cara a cara entre dos líderes políticos de avanzada edad --Buhari tiene 76 años, por los 72 de Abubakar--, en un país en el que el 51 por ciento de los votantes registrados tienen entre 18 y 35 años y en el que la media de edad está fijada en 18 años.

El PDP estuvo en el poder entre 1999 y 2015, cuando el APC desbancó a Jonathan con la victoria de Buhari. El partido se ha visto sacudido por el abandono de políticos que se han pasado a las filas del PDP antes de los comicios, y el propio Abubakar, uno de los fundadores del PDP, se pasó a las filas del APC antes de volver a la formación en 2018 para lanzar su candidatura a la Presidencia.

Esto ha llevado a numerosos observadores y a parte de la población a considerar que parte de la casta política no está motivada por ideologías políticas o planes a favor de los nigerianos, sino que simplemente se mueven por una serie de intereses personales para buscar mantener sus cargos.

"Debería estar contenta, pero no lo estoy porque los dos candidatos no son lo que esperaba", dijo Dorcas Nathaniel, estudiante de Abuya, en declaraciones a Reuters pocos días antes de la votación.

En el caso de las mujeres, la falta de representación es otro de los frenos a la participación: pese a que componen el 44 por ciento del electorado, nunca ha habido una presidenta o gobernadora de un estado, y en total sólo hay seis mujeres en el Parlamento, de 469 escaños.

Esta falta de movilidad es palpable en el hecho de que Buhari vaya a presentarse por quinta vez a la Presidencia, mientras que Abubakar lo intentará por cuarta vez. En este contexto juegan un gran papel los conocidos como 'padrinos', que amasan una gran influencia y movilizan a parte del electorado a favor de los candidatos a los que apoyan.

En total concurren 73 candidatos a las presidenciales --con únicamente seis candidatas-- mientras que al Senado hay 1.904 candidatos --para 109 escaños-- y a la Cámara de Representantes hay 4.680 --para 360 escaños--. Más de 84 millones de personas están inscritas en el registro de votantes.

El candidato con más votos será declarado vencedor siempre y cuando tenga al menos el 25 por ciento de las papeletas en dos tercios de los 36 estados y la capital. En caso contrario habrá segunda vuelta.

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