Actualizado 05/07/2015 16:57 CET

¿Qué pasa después del referéndum en Grecia?

Una mujer lee un libro sobre la crisis griega en Meyisti
CATHAL MCNAUGHTON / REUTERS

MADRID, 5 Jul. (EDIZIONES) -

Los griegos votan este domingo en un referéndum sobre una propuesta ya obsoleta para sacar al país de su complicada situación económica pero que en realidad se ha convertido en una consulta sobre la postura del Gobierno de Alexis Tsipras frente a los acreedores y la continuidad del país en la UE y la moneda económica.

La coalición de gobierno, tanto el izquierdista Syriza de Tsipras como sus socios derechistas de Griegos Independientes, han hecho en la última semana una encendida campaña por el 'no', opción que también respalda aunque por otros motivos el partido neonazi Amanecer Dorado. Por contra, la oposición se ha alineado a favor del 'sí', al igual que los líderes europeos, que advierten que lo contrario supondría la salida de Grecia de la UE.

Ante este panorama, analizamos los posibles escenarios tras conocerse el resultado de la consulta.

VICTORIA DEL NO

Tsipras y el Gobierno seguirían y, según ha expresado él mismo, tratarían de negociar un tercer rescate para el país, dado que el último expiró el 30 de junio. El primer ministro ha asegurado a sus ciudadanos que el 'no' dejaría a Grecia en una mejor posición negociadora, algo que no comparten sus socios europeos, con el presidente del eurogrupo, Jerome Dijsselboem, a la cabeza.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha advertido de que la posición del Gobierno de Syriza en la negociaciones para un nuevo rescate quedará "dramáticamente debilitada" si este domingo gana el 'no', aunque también la victoria del 'sí' augura unas negociaciones "difíciles".

Desde Bruselas, han advertido a Atenas de que habrá que comenzar a negociar desde cero, por lo que previsiblemente las negociaciones serán complicadas, con nuevas exigencias y recortes. Si tarda en llegar el acuerdo, se deteriorará la ya de por sí delicada situación de la economía griega que podría terminar forzando una caída del Gobierno.

Esto permitiría, como se ha reclamado desde la oposición, la creación de un gobierno de unidad nacional que aglutinara a todas las fuerzas y que pudiera negociar con las instituciones un tercer plan de ayuda financiera.

En este sentido, también es fundamental tener en cuenta que Grecia debe pagar el próximo 20 de julio 3.500 millones de euros al Banco Central Europeo (BCE), algo que dadas las circunstancias actuales parece poco probable que pueda ocurrir, como ocurrió el 30 de junio con los 1.500 millones de euros que debía pagar al FMI.

La situación seguiría complicándose en agosto, cuando vence otro pago de 3.200 millones de euros al BCE, por lo que el presidente del BCE, Mario Draghi, se vería obligado a actuar, seguramente manteniendo la congelación de la liquidez para los bancos griegos, lo que provocaría su colapso y supondría el punto de partida para la salida de Grecia del euro y la vuelta al dracma, opción que algunos defienden ya en el país.

En su defensa, el Gobierno heleno ha esgrimido que los tratados no contemplan la salida de un país del euro aunque entre en suspensión de pagos, situación en la que Grecia no se encuentra por ahora de manera oficial. Es más, el ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, dijo esta semana que podrían ocurrir al Tribunal Europeo de Justicia si se tratara de sacar a su país de la moneda única.

VICTORIA DEL SÍ

En caso de que el 'sí' se imponga este domingo, Tsipras ha dado a entender que acataría el veredicto de los griegos pero no podría asumir el mandato de negociar con las instituciones un nuevo acuerdo, por lo que renunciaría a su cargo. Dada la división interna actual en su partido, el izquierdista Syriza, seguramente el país se vería obligado a ir a elecciones anticipadas.

Este viernes, el ministro alterno de Relaciones Económicas Internacionales y negociador jefe griego, Euclid Tsakalotos, reconocía que el Gobierno había optado por el referéndum porque era la única manera de sacar adelante la propuesta planteada por la troika, ya que sabía que "nunca habría sido ratificado por el Parlamento y habría provocado la caída del Gobierno".

También cabe la probabilidad de que el presidente del país, Prokopis Pavlopoulos, llame a la formación de un gobierno de unidad nacional e interino que pueda negociar con las instituciones hasta la celebración de nuevas elecciones.

Esta opción cuenta con el beneplácito de la oposición, que ha hecho una férrea campaña por el 'sí', advirtiendo del riesgo que tiene para los ciudadanos de a pie la deriva que ha adoptado Tsipras, al que el líder de Nueva Democracia, Antonis Samaras, no ha dudado en calificar de "autoritario".

En todo caso, aunque se formara un gobierno de unidad, la situación seguiría siendo igualmente delicada y nada garantiza que el país encontraría de forma inmediata la liquidez que necesita --solo para el pago de funcionarios, pensiones y servicios sociales necesita unos 2.200 millones de euros al mes--, por lo que igualmente podría incumplir con su compromiso con el BCE y por ende acabar igualmente en última instancia viéndose obligado a volver al dracma.

Las consecuencias de la vuelta al dracma serían devastadoras para la economía griega. Los analistas prevén un aumento del paro, una devaluación de la moneda con la consiguiente inflación, y por añadidura una crisis bancaria, que convertiría a Grecia en un país 'paria' dentro del sistema económico internacional.

También se teme el posible contagio que la salida de Grecia del euro pueda tener para otros países que, como España, empiezan a recuperar el crecimiento. No obstante, tanto desde Bruselas como desde estos países, principalmente España e Italia, se esgrime que el riesgo ahora es limitado ya que la situación no es comparable con la de 2012, debido al fortalecimiento de los mecanismo de ayuda en la eurozona.

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