Publicado 02/07/2016 09:27CET

"Preparados para lo peor, esperando lo mejor"

Equipos de SOS Méditerranée  y MSF rescatan a migrantes en una balsa abarrotada
GIORGIOS MOUTAFIS/ SOS MÉDITERRANÉE

Crónica a bordo de un barco de búsqueda y rescate en el Mediterráneo

MAR MEDITERRÁNEO, 2 Jul. (Por Alva White, periodista de Médicos Sin Fronteras a bordo del buque Aquarius) -

"Nos sentamos y esperamos. Preparados para lo peor, desando que suceda lo mejor.

Varias semanas a bordo del Aquarius y todo está repleto de historias de horror y alegría. Ha sucedido de todo. Hemos realizado rescates, lo que significa que nuestros compañeros, los equipos de búsqueda y salvamento rescate de SOS Méditerranée, han subido a centenares de personas a bordo. Centenares de personas rescatadas desde balsas de goma donde se sientan a esperar en medio de un mar interminable con la esperanza de que alguien les rescate.

Centenares de personas en botes empujados desde las costas de Libia con tan poco combustible que se enfrentan a dos posibles desenlaces: ser rescatados o naufragar.

Subimos a bordo a personas traumatizadas, con heridas, mujeres que presentan graves quemaduras en las piernas fruto de la exposición al combustible y al agua salada que entra en las balsas. Rescatamos a mujeres con embarazos avanzados, hombres y niños que presentan fracturas.

No exagero cuando se trata de escribir sobre lo que somos testigos; esta es la realidad, la terrible realidad que tienen que soportar. Cuando ponen un pie en cubierta, muchas de ellos caen al suelo llorando o pierden el conocimiento fruto de la tensión acumulada hasta el rescate. La sucesión de pruebas y de sufrimiento que estas personas han padecido es imposible de cuantificar.

Recuerdo un día en el que rescatamos a 756 migrantes. Entre ellos viajaba un niño de dos años gravemente enfermo. No estaba en condiciones de salir de Libia en plena madrugada, en una precaria embarcación y sin comida ni agua. Ninguna madre tomaría esta decisión ni elegiría este camino si tuviese otra alternativa. Cuando llegó a bordo estaba grave. Nuestro médico dijo que no sobreviviría si no era evacuado inmediatamente. Un helicóptero trasladó al pequeño y a su madre desde nuestra cubierta a un hospital en tierra.

CASUALIDADES

Mientras un crío luchaba por su vida, otro decidió que era el momento de venir al mundo. En uno de los momentos más emocionantes, Angelina Perri, la matrona de MSF, ayudó a nacer a Alex, un bebé totalmente sano. Sus padres le pusieron el nombre en honor de Alex Moroz y celebraron con cánticos el nacimiento de su hijo. Como dijo la doctora, "este niño sólo tenía una posibilidad entre millones y lo ha conseguido".

Mientras la alegría por el nacimiento de Alexa se extendía por el barco, no podíamos dejar de pensar en lo diferente que hubiera sido el resultado si el parto hubiera tenido lugar antes. Si Alex hubiera nacido solo 24 horas antes, su madre habría tenido que dar a luz sentada en el suelo de una balsa llena de agua salada y de combustible. Si se hubiera adelantado 48 horas, habría nacido en Libia, donde sus padres no se habrían atrevido a acudir a un hospital.

"En Libia siempre está presente la amenaza de ser secuestrados y asesinados. Debes ocultarte en todo momento", nos dijeron.
Todas las personas con las que hablo tienen historias o razones extraordinarias para ponerse en manos del mar. Hay cálculos y estimaciones sobre cuántas personas han perdido la vida en naufragios en el Mediterráneo central. Sin embargo, nunca sabremos cuántas personas hacinadas se hundieron cuando las embarcaciones en las que viajaban naufragaron.

Nunca conoceremos cuántos barcos se fueron al fondo del mar sin que nadie se diese cuenta. Nunca sabremos cuántas personas fueron asesinadas en las costas de Libia antes de subir a los barcos ni cuántas murieron en las cárceles libias tras ser secuestradas, golpeadas y sufrir abusos, día sí, día no. Ni las que murieron antes de cruzar el desierto en su camino a Libia. No tenemos ni idea de cuántas personas han perdido la vida intentando cruzar de una parte del mundo hacía la otra.

A LA ESPERA

Una noche más, los equipos del Aquarius esperan. Situado en la zona de búsqueda y rescate, cerca de la costa de Libia, patrulla la zona mientras esperan la llamada de alerta. El mar está en calma.

Los equipos a bordo practican simulacros y ejercicios de seguridad, comprueban que todo está en su lugar, preparan la clínica y prueban los reflectores para el caso de que haya que realizar un rescate nocturno. Saben que, a 30 millas de distancia, otros también esperan; esperan un barco que no está en condiciones para navegar, casi como subiesen a un avión con un ala rota por la mitad. Saben que la ruta ofrece dos opciones: la vida o la muerte.

Por lo que lo que nos dicen las personas que rescatamos, algunos suben a la balsa de goma a punta de pistola y otros no son conscientes del riesgo que están asumiendo. Pero todos coinciden en una cosa: no tienen otra alternativa".