El regreso a La Moneda dinamita en un año la popularidad de Bachelet

Actualizado 11/03/2015 9:45:24 CET
Michelle Bachelet, presidenta de Chile, durante una visita a China
Foto: KIM KYUNG HOON / REUTERS
 

Las presuntas corruptelas de su hijo y su ambicioso programa de reformas le pasan factura

   SANTIAGO, 11 Mar. (EDIZIONES) -

   La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, cumple este miércoles su primer año de Gobierno con los índices de popularidad más bajos de su trayectoria política debido a las ambiciosas y polémicas reformas que pretende sacar adelante y, más recientemente, al escándalo de tráfico de influencias protagonizado por su hijo.

   Bachelet volvió a jurar como presidenta de Chile el 11 de marzo de 2014 tras arrasar a la candidata derechista, Evelyn Matthei, en unas elecciones que apenas supusieron esfuerzo alguno para la líder izquierdista gracias a su carisma y, en parte, al bajo perfil de la aspirante de la Alianza.

   El regreso de Bachelet a La Moneda, desde donde gobernó por primera vez entre 2006 y 2010, generó grandes expectativas entre los chilenos y la comunidad internacional, especialmente entre sus vecinos regionales,  porque el gran respaldo popular con el que contaba auguraba un camino despejado para la transformación que tenía en mente para el país suramericano.

   "Hace cuatro años atravesé esta puerta por la que hoy he vuelto a entrar. Ustedes me acompañaron en esa despedida y hoy vuelven a estar conmigo aquí, en ésta, la casa de los presidentes y las presidentas de Chile. ¡Quiero agradecerles el gran cariño que siempre me han demostrado!", dijo al asumir el cargo por segunda vez.

   Sin embargo, este "apoyo constate", que la llevó a convertirse en uno de los jefes de Estado en ejercicio mejor valorados del mundo --se despidió de la Presidencia con un 80 por ciento de popularidad-- se ha desinflado a lo largo de este año, hasta batir récord a la baja, con un 34 por ciento, según los últimos sondeos de opinión.

   Así las cosas, Bachelet ha ordenado "un despliegue sobre el terreno" de sus ministros para que cuenten a los chilenos los logros conseguidos en los últimos 12 meses. "La presidenta ha señalado que el sello de trabajo de su Gobierno se expresa en acciones concretas y por eso la forma de conmemorar este primer año es trabajando", ha dicho el portavoz de La Moneda, Álvaro Elizalde.

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet

EN EL OJO DEL HURACÁN

   Una de las principales causas de la estrepitosa caída de la popularidad de Bachelet es el escándalo de corrupción protagonizado por su hijo, Sebastián Dávalos, que habría mediado para conseguir que el Banco de Chile --una entidad privada-- concediera un crédito de 10 millones de dólares a su esposa, Natalia Compagnon.

   Según la prensa chilena, Dávalos asistió a la reunión celebrada el 6 de noviembre de 2014 entre su mujer y el vicepresidente del Banco de Chile, Andrónico Luksic, para que éste financiara a Caval Limitada, la empresa de Compagnon, en un negocio inmobiliario que consistía en comprar unos terrenos destinados a la construcción de viviendas.
Esta oscura reunión le ha costado el cargo a Dávalos, que una semana después de que el caso saliera a la luz tuvo que dimitir como director sociocultural de la Presidencia. "Pido perdón por el malestar que ha generado esta situación", dijo, aunque subrayando que no había cometido "ilícito alguno".

   El coste ha sido mucho mayor para su madre. Si bien no se ha pronunciado oficialmente sobre el tema, este martes ha puesto en marcha el Consejo Asesor de la Presidencia, que se encargará de vigilar las relaciones entre "lo público y lo privado". Se trata de "un paso histórico hacia una democracia más sólida".

   "Durante la campaña electoral hicimos un compromiso muy claro con los chilenos: construir un país donde no existan privilegios ni abusos, donde haya igualdad basada en derechos y en una cultura del respeto. Es mi palabra y voy a cumplir", ha afirmado.

AMBICIOSAS REFORMAS

   Otro de los motivos que ha erosionado el tirón popular de Bachelet ha sido el programa de Gobierno que pretende implementar en estos cuatro años para desmontar la arcaica estructura heredada de la dictadura de Augusto Pinochet y sentar las bases para el desarrollo del nuevo Chile.
En el plano político, el Gobierno consiguió el 'sí' del Congreso para derogar la ley electoral de Pinochet --el sistema binominal-- y abrir las puertas de la sede legislativa a los partidos políticos que se sitúan fuera de los dos grandes bloques --la Nueva Mayoría, de izquierdas, y la Alianza, de derechas-- abrazando la Ley D'Hont.

   Para conseguirlo, tuvo que preparar el terreno durante meses y superar un escabroso debate parlamentario de 19 horas en el que quedó patente el descontento de parte de la izquierda, que esperaba medidas más trasgresoras, y el absoluto desacuerdo de la derecha, que calificó el nuevo sistema electoral de "mediocre".

   La anunciada reforma educativa tampoco ha colmado las expectativas de la hermandad formada por alumnos y profesores para exigir en las calles el fin de un sistema educativo que expulsa a las clases bajas y endeuda de por vida a las clases medias con el deseo de dar formación universitaria a sus hijos.

   El Parlamento dio el visto bueno a los tres pilares de la reforma educativa de Bachelet: el fin del lucro, el copago y los criterios de selección de alumnos en los colegios subvencionados por el Estado, lo que implica que "entre 2016 y 2018 más de 730.000 estudiantes van a acceder a la educación gratuita".

   La comunidad educativa ha valorado este paso de gigante pero ha recordado al Gobierno que solo es el principio del camino que tendrá que recorrer para garantizar una educación pública, gratuita y de calidad a los jóvenes chilenos. Para ello, reclaman un lugar privilegiado en la mesa de negociaciones.

   Bachelet también ha ideado una reforma fiscal con la que aumentará de forma gradual, desde el 20 al 27 por ciento, los impuestos sobre los beneficios de las grandes empresas, lo que le proporcionará unos ingresos extra de 8.300 millones de dólares para financiar su programa de Gobierno.

   "Estamos cumpliendo un compromiso de campaña que hice ante cada ciudadano, que la agenda de este Gobierno estaría en disminuir las injustas brechas que separan a nuestros compatriotas y que dificultan nuestro crecimiento, nuestra competitividad y la inserción en el mundo de nuestro proyecto social", recalcó.

HORIZONTE LEGISLATIVO

   Por delante queda un largo recorrido hasta colmar la 'hoja de ruta' que fijó hace un año para "cambiar el rostro de Chile" y devolver al país suramericano el esplendor de épocas pasadas, fruto del "milagro económico", pero esta vez con un desarrollo inclusivo que cierre la brecha entre ricos y pobres.

   Su gran apuesta es una reforma constitucional a fondo para desprenderse de la Carta Magna heredada del régimen castrense, que, a pesar de que ha sido remendada en estos 25 años de democracia, todavía adolece de graves defectos. Su pretensión es incluir un amplio catálogo de derechos fundamentales.

   "Chile merece que el texto constitucional reconozca y se base en un sistema plenamente democrático, y que recoja las normas y principios de Derechos Humanos reconocidos en el ámbito internacional, en toda su extensión", reza su programa de Gobierno.

   Además, coincidiendo con este primer aniversario, La Moneda ha revelado cuáles son sus "prioridades legislativas", entre las que destacan un proyecto de ley para fomentar la inversión extranjera --y reactivar así la ralentizada economía chilena--, la mejora de la sanidad pública y "el perfeccionamiento" de la seguridad ciudadana.

   Los retos pendientes no son menores que los superados, de modo que Bachelet tendrá que multiplicar sus esfuerzos para que los chilenos vuelvan a tenderle la mano para hacer realidad "el sueño" de edificar "una nación desarrollada y justa, moderna y tolerante, próspera e inclusiva" en los próximos tres años.

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