Relato sobre la muerte y el desamparo de los yemeníes

Actualizado 09/04/2015 8:49:57 CET
Un niño sobre un montón de escombros en Saná
Foto: KHALED ABDULLAH ALI AL MAHDI
    

MADRID, 9 Abr. (Por Sergio Carro Martín, filólogo y arabista) -

   En las últimas semanas acusamos breves noticias sobre el conflicto que se está desarrollando en Yemen, el país más pobre de la Península Arábiga. Desde que comenzaran los primeros bombardeos hace ya dos semanas el número de víctimas no para de aumentar. Las maniobras de Arabia Saudí para desbaratar el sanguinario ataque huthi no hacen más que sumar centenares de muertos al conflicto.

   Sus voces, silenciadas por la inoperatividad en la zona y la falta de enviados, solo encuentran salida a través de altavoces como las redes sociales o quienes en algún momento de su vida nos cruzamos en su camino.

   Este el caso de Marwan Saleem, médico en el Hospital General de Saná, capital Yemen. Nos conocimos hace ahora 10 años, cuando a mitad de mi licenciatura decidí visitar este hermoso país con el propósito de estudiar árabe. Nunca perdimos el contacto.

Yemen

   Hoy Marwan trabaja en la Physicians Tower, como se conoce el área de hematología entre los residentes del hospital de Saná. Su especialidad es la leucemia pero estos días su actividad en el tratamiento de esta enfermedad ha dado un giro inesperado.

   A las puertas del hospital llegan 17 cuerpos desmembrados de varios hombres, mujeres y niños, con heridas tan graves que mueren a las pocas horas. "Hay cadáveres por todos lados", me decía la pasada noche en un breve mensaje de Whatsapp.

LOS CUERPOS SE AMONTONAN

   "La situación es insostenible, los cuerpos se amontonan en las calles y los hospitales no dan abasto. Nos han reducido el salario pero todos seguimos yendo al hospital para ayudar, no hay otra alternativa. Incluso el aeropuerto de Saná está cerrado. La señal es débil pero necesitamos que esto salga a luz. Estamos convencidos de que la información sobre el número de víctimas en los medios extranjeros no es real, es mucho mayor de lo que se cree. Nos sentimos aislados, desamparados".

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   Fuera del hospital las cifras son aún más espantosas. Según el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) las cifras se elevan a más de 550 muertos y 1.700 heridos. Este el resultado de varios días de ofensiva, que no dejan tregua a la población.

   Como me comentaba Marwan, el pasado día 4 de abril los aviones de la colación bombardearon simultáneamente siete barrios de Saná: "El ambiente era tan tenso que nadie salía de sus casas. Yo mismo me encerré en mi habitación, cerré los ojos y esperé..."

   Tan solo dos días después, el pasado 6 de abril, el foco del conflicto se trasladaba a la ciudad de Sobaha, uno de los bastiones huthis más próximos a Saná, donde la coalición mató a 85 personas e hirió de gravedad a otras 273: "Han muerto muchos huthis pero la gran mayoría son víctimas civiles", apuntaba Marwan.

   Esta situación ha provocado que muchos yemeníes huyan a otras zonas con la esperanza de salvar sus vidas. Sin embargo, la escasa información a la que la población tiene acceso provoca que sus decisiones no sean las más acertadas. El desgarrador mensaje en Facebook de mi querida amiga Afrah así lo hacía presagiar:

NO HE PODIDO DORMIR POR LOS DISPAROS Y LAS EXPLOSIONES

   "Estoy bien, pero las cosas van a peor. Ayer se lanzó una ofensiva en un barrio cercano a mi casa: 18 jóvenes y una mujer han muerto... Las casas de mis amigos se han venido abajo... algunos de esos jóvenes eran amigos de mi hermano. Hubo una fuerte y terrorífica explosión. La ofensiva continúa hasta esta hora. No he podido dormir a causa de los disparos y las explosiones... me siento muy triste por Adén y su gente, esta guerra lo destruye todo. Paz". Martes 1 abril, 10:06 horas.

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   Precisamente, en la última semana el enfrentamiento entre los combatientes huthis y la milicia suní se ha apoderado de la ciudad portuaria de Adén, en el sur de Yemen, ciudad en la que reside Afrah.

   Según su relato, la falta de suministros alimenticios es crítica. También los cortes de electricidad, que cada vez son más frecuentes, así como la ausencia de agua potable, que también afecta a Saná, como me ha confirmado Marwan. La situación en Adén llega a tal extremo que sus habitantes apenas salen de las casas y cuando lo hacen es para huir del terror que les acecha en cada esquina:  

   "Me he trasladado desde Khormakser a Mualla buscando un lugar más seguro, pero he descubierto que ya no hay ningún lugar seguro en Adén. Los bombardeos continúan incluso durante la noche. Se están usando armas de combate y granadas propulsadas por cohete (RPGs) --todavía me sorprende el especializado conocimiento en armamentística de los yemeníes, producto de su triste historia reciente--. Hay montones de cuerpos esparcidos por las calles y no es seguro salir hasta que esto se resuelva. Es horrible". Sábado 4 de abril, 10:53 horas.

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HE VISTO NIÑOS LLORANDO MUERTOS DE MIEDO

   "Siento no poder comunicarme con facilidad, no hay electricidad... He vivido unos momentos muy dolorosos y de miedo en estos días. He visto edificios cercanos en llamas, gente gritando y llorando, gente muerta, mujeres corriendo por las calles y niños llorando muertos de miedo... esto es el infierno. Estamos sin agua y electricidad desde hace 3 días y las explosiones no paran de sucederse, mañana y noche... no hay manera de dormir. Decidí ir al puerto para montar en cualquier barco, a cualquier país. Tomé un taxi y me fui... pero de pronto me encontré en el camino de los huthis, que disparaban balas contra nosotros. No puedo creer que me haya pasado todo esto hasta el momento, no sé cómo sobreviví a aquello. Todavía estoy en shock. No sé si debo sonreír o llorar. He dejado Mualla y he vuelto a Khormakser, a mi casa, y todavía escucho las explosiones por todas partes. No sé cuando va a terminar esta pesadilla". Martes 7 de abril. 10:00 horas.

   A la luz de las últimas informaciones que apuntan a un apoyo armamentístico de Irán a las milicias huthis, parece que la pesadilla de Afrah no tendrá un fin inmediato. La vida en Yemen continua, pero la 'Arabia Felix' ha dejado de serlo. Muere lentamente ante nuestros ojos.

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