Actualizado 16/12/2008 15:53 CET

R.Unido.- Condenado a prisión uno de los dos médicos acusados de los ataques fallidos a Glasgow y Londres en 2007

LONDRES, 16 Dic. (De la corresponsal de EUROPA PRESS Eva Martínez Millán) -

Uno de los dos médicos del Sistema Nacional de Salud británico (NHS, por sus siglas en inglés) acusados de haber intentado en junio del año pasado perpetrar atentados en Londres y Glasgow ha sido declarado culpable e ingresará en prisión, mientras que el segundo imputado ha quedado libre de cargos.

Los miembros del jurado del tribunal londinense de Woolwich consideraron que Bilal Abdulá, de 29 años, es responsable de una trama que, según el fiscal, buscaba una masacre "indiscriminada y sistemática", en contraposición a Mohammed Asha, de 28 años, al que desvincularon de la tentativa de explosionar dos coches bomba en la capital de Reino Unido y tratar de realizar un ataque suicida en el aeropuerto escocés, como parte de las acciones de una célula islamista.

El propio Abdulá había admitido en su intervención en el proceso que, según la definición de la legislación británica, podía ser considerado "un terrorista", si bien añadió que tanto el Gobierno de Reino Unido como su Ejército deberían tener la misma calificación por sus acciones en Irak.

Por su parte, el abogado de Mohammed Asha describió a su cliente como un "pacifista convencido" que no se implicaría en actividades terroristas "ni en un millón de años", y él mismo aseguró que conocía a los autores de los ataques fallidos, pero negó tener conocimiento de sus intenciones de atentar.

Al respecto, el finalmente condenado aclaró que su intención era "asustar" a la población, no perpetrar una matanza, pese a lo cual no convenció a un jurado que lo declaró culpable de conspiración para asesinar y conspiración para causar explosiones y que lo ha expuesto a una sentencia de cadena perpetua.

MATANZA

Así, durante el proceso, que se prolongó durante dos meses, la acusación incidió en que las bombas que pretendían detonar en vehículos no iban acompañadas de advertencias, pese a encontrarse en áreas especialmente concurridas, por lo que, "en resumen, estos hombres intentaban cometer asesinatos a una escala indiscriminada y sistemática". "Aparte de la matanza de inocentes, el objetivo era, por supuesto, captar la atención de la gente tanto en este país como internacionalmente", aseveró.

Los dos hombres estaban imputados por haber preparado dos coches con gasolina, bombonas de gas y clavos que habrían aparcado en un área especialmente populosa del West End londinense el 29 de junio de 2007, tan sólo dos días después de que Gordon Brown tomase el relevo de Tony Blair como primer ministro británico.

No obstante, las detonaciones preparadas para funcionar mediante control remoto a partir del uso de teléfonos móviles fallaron en ambos vehículos, lo que no impidió una evacuación masiva de cientos de personas cuando se descubrió el primero de ellos en el exterior del club Tiger, Tiger, un local de varios pisos situado en la céntrica calle de Haymarket que se encontraba completo en el que era el último viernes del mes de junio.

El segundo turismo, estacionado en las proximidades, fue inadvertidamente remolcado hasta un depósito de coches antes de que se descubriese el contenido explosivo y se redujesen los riesgos.

PROTAGONISTAS

Bilal Abdulá, un especialista en diabetes que trabajaba en el hospital Royal Alexandra de la ciudad escocesa de Paisley y que durante el juicio fue descrito por sus colegas como un "médico extraordinario", fue detenido el día después de que el todoterreno en llamas cargado con bidones de gas y petróleo irrumpiese en la terminal del aeropuerto de Glasgow.

El supuesto conductor, Kafil Ahmed, falleció como consecuencia de las quemaduras, mientras que Asha, un neurólogo de origen jordano que había estado empleado en un hospital de Cambridge, fue arrestado posteriormente ese mismo día en la autovía M6.

El objetivo de estas acciones, según se descubrió en el material incautado tras las detenciones, era vengarse de Reino Unido por lo que consideraban la persecución de musulmanes en todo el mundo, especialmente en los territorios palestinos, Irak y Afganistán. Así, los ataques habían sido planeados durante un semestre en el que habían empleado una casa a las afueras de Glasgow como fábrica de explosivos.

No obstante, las grandes cantidades de clavos, bombonas de gas y bidones de petróleo que adquirieron a lo largo de estos seis meses no llamaron la atención de los servicios de inteligencia. Además, contaban con al menos dos vehículos más de los empleados en Londres y suministros adicionales para provocar detonaciones.

El fallo del ataque en Londres les llevó a modificar la manera de viajar a Glasgow para llevar a cabo el atentado del aeropuerto, que preveía entrar a gran velocidad en la terminal, pero se quedó varado en la entrada.