Seis meses después, la ofensiva de Haftar no ha terminado y la situación humanitaria se sigue agravando

Publicado 04/10/2019 16:06:11CET
Milicianos que apoyan al Gobierno libio frente a las fuerzas de Haftar
Milicianos que apoyan al Gobierno libio frente a las fuerzas de Haftar - Amru Salahuddien/dpa - Archivo

La ONU teme las consecuencias que tendría para la población un recrudecimiento del conflicto

MADRID, 4 Oct. (EUROPA PRESS) -

El 4 de abril el mariscal de campo Jalifa Haftar lanzó una ofensiva con la que confiaba tomar Trípoli y hacerse con el control de Libia. Seis meses después, su asalto contra el Gobierno reconocido internacionalmente no ha terminado y la situación humanitaria en el país, sumido en el caos tras la caída de Muamar Gadafi en 2011, sigue deteriorándose.

Por ahora, los esfuerzos de mediación para buscar una salida pacífica no han prosperado, principalmente porque las grandes potencias y otros países apoyan a bandos enfrentados. Egipto y Emiratos Árabes Unidos son los principales valedores de Haftar, que cuenta con el sustento del gobierno establecido en el este de Libia, mientras que Turquía y Qatar apoyan al Gobierno que encabeza Fayez Serraj.

La semana pasada, coincidiendo con la Asamblea General de la ONU en Nueva York, esos países junto con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad --Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China y Rusia-- y Alemania e Italia se reunieron para intentar desbloquear la situación y poner más presión sobre las partes.

El enviado especial de la ONU para Libia, Ghassan Salamé, anunció en agosto sus planes para la celebración de una conferencia internacional que reúna a los países que apoyan a las partes enfrentadas y Alemania se ha ofrecido a acoger dicho encuentro antes de final de año, si bien por ahora no hay fecha prevista.

El ofrecimiento de Berlín es visto como algo positivo, ya que los dos intentos anteriores de sentar a dialogar a Serraj y Haftar --previos a la actual ofensiva militar-- realizados por Francia e Italia no llegaron a buen puerto. Ambos países son vistos con suspicacia por sus intereses en Libia y se considera que están más alineados con el general y su Ejército Nacional Libio que con el Gobierno de unidad.

HAFTAR ABIERTO AL DIÁLOGO TRAS LA DERROTA DEL TERRORISMO

Justo antes del encuentro de Nueva York, Haftar publicó un comunicado en el que dejó la puerta abierta al diálogo, aunque con condiciones. "Deben celebrarse reuniones y diálogo", sostuvo el que fuera general cuando Gadafi estaba en el poder y luego se exilió durante años en Estados Unidos.

"Debe haber un diálogo nacional integral, que preserve la unidad nacional del territorio libio", sostuvo Haftar, que advirtió de que "es imposible celebrar elecciones a menos que los grupos armados sean eliminados y desmantelados y las armas decomisadas".

En este sentido, advirtió de que "la presencia de grupos terroristas hace difícil el éxito del diálogo". "Como ya hemos dicho y seguimos incidiendo, no hay espacio para la diálogo mientras los grupos terroristas y las milicias sigan controlando las riendas y la vida en Trípoli", sostuvo, en referencia a las milicias que apoyan al Gobierno de unidad.

En el terreno, el conflicto parece haber alcanzado un punto muerto, si bien siguen produciéndose enfrentamientos y bombardeos casi a diario. El miércoles, una mujer y su hijo murieron en Trípoli en un bombardeo presuntamente obra de las fuerzas de Haftar, según los medios locales.

LA SITUACIÓN HUMANITARIA SIGUE DETERIORÁNDOSE

"La situación humanitaria sigue deteriorándose y el número de desplazados sigue aumentando", señala en declaraciones a Europa Press el jefe de Libia de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Nils Scott, que incide en que el conflicto continúa sin ningún cambio sustancial en las posiciones sobre el terreno de los beligerantes.

Según las estimaciones de la ONU, al menos 1.000 civiles han muerto desde que comenzó la ofensiva y unas 129.000 personas se han visto desplazadas. Aunque el ritmo de desplazamiento parece haberse ralentizado, se mantiene porque aún sigue habiendo "intensos combates a nivel local y una cantidad sustancial de bombardeos aéreos", señala Scott.

Pero también hay personas que están atrapadas y "no tienen acceso a bienes básicos ya que muchos negocios han cerrado por la falta de clientes" y viven con el temor constante de "cuándo puede producirse un ataque", subraya el responsable de la OCHA.

En Trípoli, quienes tenían medios para encontrar un lugar alternativo se han marchado ya pero "hay otros menos afortunados que no pueden hacerlo" porque no tienen familiares o amigos o porque "no son libios" y tienen más problemas porque desconocen el idioma y carecen de la información para buscar ayuda.

A la ONU también le preocupa la situación en otras partes del país, como Sirte, donde ha habido enfrentamientos, así como en el sur, donde en agosto hubo bombardeos aéreos en Murzuq que dejaron decenas de muertos y miles de desplazados, "aunque la mayoría ya han regresado", reconoce Scott.

HAY MÁS DE 350.000 PERSONAS NECESITADAS DE AYUDA

A las consecuencias en el plano humanitario provocadas por la ofensiva de Haftar hay que sumar que en Libia ya había a principios de 2019 350.000 necesitadas de asistencia "que siguen estándolo". Sin embargo, de los 201,6 millones de dólares solicitados por la ONU para cubrir las necesidades humanitarias en Libia, solo se ha recibido el 36,8 por ciento.

"Esto significa que no toda la población que necesita ayuda la está recibiendo", subraya. "Algunos donantes han sido muy generosos pero existe una brecha y nos gustaría que se cubriera", reconoce el responsable de la OCHA.

Otra de las situaciones que preocupan a Naciones Unidas, añade, es la de los migrantes y refugiados atrapados en los centros de detención de las autoridades libias. "La ONU ha sido muy activa en la reubicación de migrantes y refugiados de los centros de detención más afectados por el conflicto", sostiene.

"Las cifras han disminuido", destaca, si bien reconoce que "en una situación militar en evolución el riesgo sigue existiendo" de que estos centros puedan ser atacados, como ya ocurrió con el de Tajoura.

En este sentido, precisa que la ONU está discutiendo con el Gobierno el cierre de tres centros de detención y cómo hacerlo "de forma que se garantice el bienestar de las personas que están ahí". "No se puede cerrar de la noche a la mañana y dejarles fuera sin ayuda si no pueden ir a un tercer país", destaca Scott.

Así las cosas, el responsable de la OCHA indica que cuentan con "planes de contingencia para distintos escenarios" y reconoce que "si el conflicto se mueve a zonas más densamente pobladas cabe esperar un aumento de afectados y de desplazados" y con ello "un aumento de las necesidades de la población". No obstante, se ha mostrado "optimista" de que este no sea el caso y se pueda encontrar una solución que no sea la militar.

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