LOGROÑO 6 Jun. (EUROPA PRESS) -
Una muestra en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento recrea a través de 41 fotografías, 16 de ellas antiguas y otras 25 actuales en formato 3D, y varios testimonios de vecinos, la evolución sufrida por el viejo pueblo de Mansilla de la Sierra antes y después de la construcción del embalse.
El concejal de Cultura, Carlos Navajas; la presidenta de la Fundación Biodiversidad, Ana Leiva; y el presidente del Colectivo de las 7 Villas, Hilario Hernández, han presentado esta mañana la muestra, que, tal como ha explicado Hernández, se enmarca "en un proyecto para crear un modelo de desarrollo sostenible en las localidades del Alto Najerilla".
La idea final es declarar esta zona como Reserva de la Biosfera, "algo en lo que estamos implicados desde 2010", en una iniciativa financiada al 70 por ciento por la Fundación Biodiversidad y en el 30 por ciento restante, por el Gobierno regional y los municipios implicados.
Hernández ha apuntado que, para lograr esa declaración "se valora sobre todo la convivencia entre la naturaleza y la conservación del medio ambiente con la actividad humana, y, en eso, somos un ejemplo, con el desarrollo de nuestra ganadería en el entorno ambiental que nos rodea".
La muestra plantea una estructura que parte de fotografías antiguas, tomadas por el fotógrafo aficionado Carlos Cibrián, descendiente de Mansilla "y que han sido cedidas por un sobrino suyo", en las que se refleja la vida y costumbres del pueblo antes de la construcción del embalse.
Junto a ellas, y en imágenes en 3D "se ha intentado recrear el mismo paisaje que el de la foto antigua". Estas imágenes fueron captadas el pasado invierno, cuando bajó el nivel de las aguas del embalse para poder ver los restos de la antigua población.
A todo ello se han sumado algunos textos, entresacados de varias conversaciones y entrevistas tomadas con unas 30 personas, nacidas en el antiguo Mansilla, y que aún hoy, viven en la población del mismo nombre que se construyó con posterioridad al llenado del embalse, en el año 1960.
"Entonces, en el pueblo vivían unas 600 personas, pero al nuevo sólo fueron 30 ó 40 familias, en torno a la mitad. La mayoría se distribuyeron en otros pueblos cercanos, como Viniegra o Villavalayo. Fue un proceso muy traumático, con el proyecto que partió antes de la Guerra Civil y no se hizo hasta 20 años después", ha detallado Hernández.
Ha añadido que, además, "los últimos habitantes que quedaron tuvieron que irse con lo puesto, porque se calculó mal cuándo se iba a llenar, se pensó que iba a ser en invierno y el agua llegó en abril, un Domingo de Ramos, sin avisar, fue muy duro".
Para Ana Leiva, "se trata de un proyecto muy interesante, unir una nueva zona de declaración de la Reserva de la Biosfera a las que ya cuenta La Rioja, que son muchas", a lo que ha sumado "que se deja ver el sacrificio que toda una población hizo para dejar sumergir su pueblo y dar agua a toda la comunidad, eso hay que reconocérselo y tener memoria con ellos".