Archivo - El cementerio municipal de Logroño - EUROPA PRESS - Archivo
LOGROÑO, 1 Nov. (EUROPA PRESS TELEVISIÓN) -
La congregación de los Hermanos Fossores de la Misericordia, que residen permanentemente en el cementerio municipal de Logroño, reivindica este espacio no como un entorno de temor, sino como "el mejor lugar del mundo para vivir". A las puertas de la festividad del Día de Todos los Santos, fecha en la que las instalaciones se llenan de visitantes limpiando nichos y poniendo flores, estos frailes abren sus puertas para desmitificar la visión tétrica del camposanto. "Aquí no hay ruido, vivimos en tranquilidad, llevamos una vida humilde y sencilla, como una familia", explica el hermano Josef, quien invita a quienes consideran el lugar oscuro y terrorífico a que "vengan y vean".
La orden, nacida en 1953 en Guadix (Granada), es una congregación muy particular y única en España, ya que su carisma se centra exclusivamente en habitar los cementerios para "acompañar a la gente en su duelo, en los entierros y orar por los difuntos y por los vivos". Actualmente, la orden solo mantiene actividad en Guadix y en la capital riojana, donde se instalaron en 1965. En Logroño, además de la atención espiritual y los responsos previos a las cremaciones e inhumaciones, los tres hermanos de la casa se encargan de las gestiones de la oficina, colaborando estrechamente con los funcionarios del Ayuntamiento, quienes hoy en día asumen las labores físicas que antaño realizaban los propios frailes.
A pesar de convivir diariamente con el final de la vida y el duelo, la congregación asume la muerte con una perspectiva de fe y naturalidad, hasta el punto de considerarla una "buena amiga". "La muerte es algo muy natural, un paso que tenemos que dar sí o sí. Yo diría a la gente que no hay que tener miedo a la muerte, a lo que hay que tener miedo es a cómo vamos a morir", reflexiona el hermano Josef. En la misma línea, el hermano Sergio Triguero recuerda los versos de Bécquer ("Dios mío, qué solos se quedan los muertos") para matizar que, con los fosores, "ya no están solos, ya estamos custodiando un lugar". Sergio añade que el cementerio es "para reflexionar y meditar, el mejor maestro para la vida cristiana".
Estar en contacto directo con las familias en su momento de mayor dolor no los inmuniza frente al sufrimiento. El hermano Josef confiesa que al ver a hijos despedirse de sus progenitores "se nos mueve también a nosotros el sentimiento, recordando a nuestros padres; no somos de piedra y esa parte humana no la hemos perdido". Estas interacciones forjan lazos duraderos con los visitantes, quienes siguen saludando a los frailes cuando regresan a cuidar las tumbas a lo largo de los años. "Cuando se acercan a nosotros es para darnos las gracias: 'Verlos aquí a ustedes en el cementerio nos da tranquilidad, nos da paz'", nos dicen, y nosotros estamos disponibles, ya sea para lo que nos quieran preguntar o simplemente para un abrazo", destaca Josef.
De cara al futuro de la orden, actualmente compuesta por solo seis miembros en todo el país debido a la falta de vocaciones, los Fosores han empezado a proyectarse a través de redes sociales como Facebook e Instagram para encontrar relevo. "A algunos jóvenes esto de vivir en el cementerio las 24 horas del día les asusta, lo ven como un carisma muy específico", reconocen, aunque tienen la esperanza puesta en la próxima llegada de un aspirante procedente de África. También observan cambios en las costumbres fúnebres de la sociedad, con un incremento exponencial de las incineraciones en Logroño (llegando al tope de seis diarias) y una menor afluencia general a los entierros, donde constatan, además, que "los jóvenes no vienen mucho al cementerio".