Ermita de la Virgen del Puerto, en Madrid - AYUNTAMIENTO DE MADRID
MADRID 30 Ago. (EUROPA PRESS) -
La Comunidad de Madrid ha delimitado el área de protección de la ermita de la Virgen del Puerto, el templo barroco que el marqués de Vadillo encargó a Pedro de Ribera junto al Manzanares y que acabaría albergando su sepulcro.
La medida, publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM), busca preservar la imagen del monumento y evitar que futuras actuaciones urbanísticas o arquitectónicas alteren su contemplación y su relación con el paisaje de Madrid Río.
El nuevo perímetro comprende parte del paseo de la Virgen del Puerto, la calle de Segovia y el parque Madrid Río, además de los Jardines de la Virgen del Puerto y una parcela cercana.
Dentro de este ámbito se controlarán las intervenciones que puedan modificar las fachadas y los volúmenes exteriores de los edificios cercanos. También se prestará especial atención a las obras en calles, jardines y espacios al aire libre y a la instalación de mobiliario urbano, señalización o publicidad.
La intención es proteger las vistas que permiten entender la ermita como el hito que Pedro de Ribera proyectó a comienzos del siglo XVIII junto al río y a los pies de la cornisa histórica de Madrid.
El templo fue declarado monumento histórico-artístico en 1945, pero el expediente tramitado entonces no definió expresamente un entorno de protección, una situación que corrige ahora la orden de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte.
VADILLO, EL CORREGIDOR QUE TRANSFORMÓ MADRID
Detrás de la construcción de la ermita se encuentra Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre (1646-1729), primer marqués de Vadillo y corregidor de Madrid desde 1715. Durante su mandato, y con el respaldo de Felipe V, impulsó distintos proyectos de urbanización y embellecimiento de una ciudad que comenzaba a transformar su imagen con la llegada de la dinastía borbónica.
Vadillo encontró en Pedro de Ribera al arquitecto con el que materializar buena parte de ese programa. Ambos mantuvieron una estrecha amistad y el corregidor le confió algunos de los encargos que acabarían situándolo como uno de los nombres fundamentales del barroco madrileño, según recoge la web de la Comunidad de Madrid dedicada al Patrimonio Cultural de la región.
Entre aquellas obras se encuentran el Cuartel del Conde Duque, encargado en 1717 para alojar a las Reales Guardias de Corps, y el Puente de Toledo, construido entre 1718 y 1727. Vadillo también confió a Ribera la antigua Puerta de San Vicente, levantada en 1726 y derribada apenas unas décadas después.
La ermita de la Virgen del Puerto formó parte de ese mismo proyecto de renovación de Madrid. El marqués la encargó dentro de la urbanización del camino que comunicaba los antiguos Campos de la Tela, actual parque de Atenas, con El Pardo.
La vinculación de Vadillo con el templo se mantuvo hasta el final de su vida. Tanto es así que en el interior se conserva su sepulcro, realizado por Ribera en 1729, año en que murió el corregidor.
PEDRO DE RIBERA, DEL LAVAPIÉS BARROCO A MAESTRO MAYOR DE MADRID
Pedro de Ribera nació en 1681 en la calle del Oso, en Lavapiés, el barrio en el que vivió hasta su muerte en 1742. Hijo de un carpintero y ensamblador de origen aragonés, recibió de su padre sus primeras enseñanzas antes de formarse junto a maestros como Teodoro Ardemans, arquitecto real, y José Benito de Churriguera.
La ermita de la Virgen del Puerto fue uno de sus primeros trabajos religiosos. Cuando la proyectó todavía no había alcanzado el cargo de maestro mayor de Obras y Fuentes de Madrid, que asumiría en 1726 tras la muerte de Ardemans.
Desde ese puesto dejó su huella en la ciudad. Además del Cuartel del Conde Duque y el Puente de Toledo, diseñó la portada y la ampliación del antiguo Hospicio de Madrid, actual Museo de Historia, y trabajó en iglesias, palacios, caminos, paseos, fuentes, alcantarillado y viajes de agua.
En la ermita de Virgen del Puerto, Ribera aplicó la práctica barroca de crear un punto de referencia arquitectónica dentro de una zona ajardinada. Para ello aprovechó el fuerte desnivel que separaba la iglesia del paseo, una relación entre edificio y paisaje que continúa definiendo la imagen del monumento.
UN TEMPLO OCTOGONAL JUNTO AL RÍO
La ermita se construyó entre 1716 y 1718 junto al Manzanares. Presenta una planta octogonal organizada alrededor de un espacio central cubierto por una cúpula, con cuatro capillas en forma de exedra y cuatro grandes pilares.
La complejidad de su interior contrasta con un exterior más sobrio, compuesto por superficies planas. El edificio reúne los materiales característicos del barroco madrileño, con ladrillo en los muros y granito en el basamento y las molduras de puertas y ventanas.
Por su parte, las cubiertas combinan la pizarra de los chapiteles, sostenidos por estructuras de madera, con la teja curva árabe de los cuerpos laterales. En el interior, los paramentos de ladrillo y la estructura de la cúpula están revestidos con yeso policromado en tonos claros.
La ermita pertenece al Arzobispado de Madrid y se puede acceder a ella desde la ribera del Manzanares o bajando por la escalinata doble que comunica el paseo, situado a mayor altura, con los jardines que rodean el edificio.
LAVANDERAS, PASEOS ARBOLADOS Y CASAS JUNTO A LA ERMITA
El aspecto del entorno que conocemos hoy es muy distinto al que conocieron Vadillo y Ribera. Una vista de Madrid pintada por el artista italiano Antonio Joli a mediados del siglo XVIII muestra la ermita junto al río Manzanares con cultivos y tenderetes de ropa de las lavanderas.
En 1780, Juan Durán construyó la escalinata de doble bajada y amplió las dependencias de las casas que envolvían la ermita. El templo llegó a estar rodeado de viviendas, una escuela y una cerca, hasta formar un pequeño conjunto junto al río.
Sin embargo, ese caserío desapareció durante la Guerra Civil. Durante el conflicto, las edificaciones anexas quedaron completamente destruidas y las torres y los muros perimetrales de la ermita sufrieron daños graves. La portada y el chapitel, en cambio, sobrevivieron a la contienda.
En 1948 se aprobó un proyecto de restauración de Rafael Mendoza y Jenaro Cristos que respetó la concepción original de Ribera y sustituyó los pabellones desaparecidos por dos nuevos cuerpos laterales. Posteriormente se acometieron distintas obras de conservación entre las décadas de 1950 y 1980.
La ermita volvió a ser restaurada en 2008, antes del soterramiento de la M-30 y la creación de Madrid Río. La operación transformó por completo este entorno devolviendo el monumento a un paisaje ajardinado junto al Manzanares.