CSIC estudiará la cárcel de Carabanchel y cómosu sistema de represión pretendía vigilar el cuerpo y mente de los presos

Europa Press Madrid
Actualizado: miércoles, 7 mayo 2008 16:32

Su investigadora advierte del abandono del edificio y dice que es compatible crear un hospital y un centro de memoria histórica MADRID 7 May. (EUROPA PRESS) -

El sistema de represión practicado en la antigua cárcel de Carabanchel pretendía controlar el cuerpo y la mente de los reclusos, a través de un sistema que intentaba evitar el contacto y la comunicación de los presos.

Esta es una de las premisas con las que parte un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que hoy presentó en su sede central de Madrid un proyecto de estudio sobre la cárcel de Carabanchel, en el que los investigadores analizarán el uso de la prisión como modelo de represión, cómo afectó su existencia y su historia a la memoria histórica del barrio madrileño y del país en general y sus posible reutilización futura.

La investigadora del CSIC y coordinadora del proyecto, Carmen Ortiz, señaló durante la presentación que la antigua cárcel representa "un patrimonio indeseado que resulta difícil de gestionar, pero para el que hay salidas positivas".

"La prisión podría reconducir su sentido histórico hacia un significado nuevo, creativo, identitario y participativo para el futuro de la convivencia ciudadana, tanto en el propio entorno de Aluche y Carabanchel, como en un sentido más general de educación para la paz y la democracia", resaltó la investigadora del CSIC.

En este sentido, señaló que el desmantelamiento de las prisiones clásicas está dando lugar a diversas reutilizaciones. Así, indicó que la cárcel modelo de Barcelona está pendiente de convertirse en un hotel de lujo y citó el ejemplo de la cárcel sudafricana de Nelson Mandela, que se ha convertido en un museo de la memoria, al igual que muchos de los campos de concentración nazis.

"En cambio, en Carabanchel no ha habido interés en su conservación debido a elementos de tipo político o especulativos. Muchos de los que por allí pasaron quieren que se destruya, otras que se mantengan como memoria, además de otros propósitos vecinales", apuntó Ortiz.

Respecto a las reivindicaciones vecinales de construcción de un hospital y dotaciones sociales en el recinto de la cárcel, la antropóloga aseguró que es compatible estos usos con la idea de un centro de memoria histórica para "reconducir el significado de las instalaciones", aunque recalcó que no es competencia del CSIC ni propósito del estudio determinar qué propuesta sería más conveniente para su futuro.

"Estamos de acuerdo con las reivindicaciones de los vecinos de la creación de un centro hospitalario, pero como investigadores, nuestro objetivo es recopilar todos los conocimientos etnográficos sobre la cárcel y las herramientas para explicarlos", reiteró Ortiz.

MODELO DE REPRESIÓN

Uno de los primeros pasos del proyecto ha sido la documentación de la situación actual del edificio, que se plasma en el audiovisual 'La Cárcel de Carabanchel: un modelo de espacio para la represión'. Ortiz destacó la urgencia de la investigación hecha sobre el terreno por parte de un equipo interdisciiplinar formado por arqueólogos, antropólogos e historiadores.

"Lo primero que hemos hecho ha sido documentar la situación del edificio de la cárcel en estos momentos. Ha sido, en alguna medida, una tarea de rescate documental de urgencia, ante el deterioro que el edificio ha sufrido desde su desalojo y abandono en 1998".

El proyecto, que se denomina 'La cárcel de Carabanchel: Elementos sociales, materiales y simbólico del penal' se estudiará en un sentido general, como elemento de la represión del régimen franquista y, en un ámbito local, para el barrio de Aluche-Carabanchel, cuyos habitantes han "convivido forzosamente" con la cárcel.

LA CÁRCEL: REPRESIÓN Y SIMBOLOGÍA

La investigación está diseñada en torno a tres ejes. En primer lugar se documentará la situación actual del edificio y sus reutilizaciones. En concreto, los investigadores se centrarán en las muestras de expresión gráfica como mensajes, dibujos y grafittis conservados todavía en sus muros y procedentes tanto de los presos que habitaron la prisión como de los numerosos graffiteros que han utilizado la prisión, ahora abandonada, como lugar para llevar a cabo sus pinturas murales.

El estado actual de la cárcel servirá de punto de partida para analizar el edificio como espacio de represión y poder. Se utilizará para ello el diseño del edificio: una planta de estrella con un punto de vigilancia central como se establece en el sistema panóptico, un tipo centro penitenciario diseñado por el filósofo Jeremy Benthan en 1791, cuyo concepto se basa en que un vigilante puede observar a todos los prisioneros sin que éstos puedan saber si están siendo observados o no.

La reconstrucción de la vida del edificio se hará, en parte, mediante la información oral proporcionada por los implicados en las distintas etapas de la cárcel, desde su construcción por los propios presos en trabajos forzados, a su utilización como lugar emblemático para la represión política, o su conversión en centro de internamiento para presos comunes.

Igualmente, en este aspecto los investigadores intentarán conocer las relaciones comunicativas de los reclusos. "En las zonas de libertad, el fuguismo se mantiene. Los presos estaban aglutinados por afinidades de partidos, con organizaciones perfectas internas. Nuestro contacto con personas que allí estuvieron. Hay muchas culturas carcelarias, dependiendo del momento de la dictadura en la que se encontraran, porque no es lo mismo los años 40 con los 70 y 80, donde ya sólo quedaban prácticamente presos comunes, con incipientes problemas de drogodependencia o SIDA", avanzó Ortiz

Una tercera parte del proyecto incluye el análisis del edificio y la cárcel en sí, como símbolo y factor aglutinante para la vida y la identidad del barrio en que se ubica. Según señaló Ortíz, actualmente la cárcel y su solar se han convertido "en una imagen potente y símbolo del movimiento asociativo vecinal, que reivindica mejores infraestructuras sociales para la población".

"La cárcel de Carabanchel se convirtió en un símbolo del poder de la dictadura, por la que pasaron en un principio los detenidos a la espera de condena. El barrio de Carabanchel llegó a ser un sinónimo de cárcel, y la cárcel un símbolo de conciencia identitaria", agregó.

HISTORIA DE LA CÁRCEL

La cárcel de Carabanchel se construyó durante los primeros años de la dictadura franquista para sustituir a la anterior cárcel modelo de Madrid, "aunque en realidad se ideó, no como un penal, sino como una prisión preventiva para los delitos de orden público", dijo Ortiz.

Las obras, en las que trabajaron forzosamente más de mil presos políticos, se iniciaron el 20 de abril de 1940. Fue inaugurada el 22 de junio de 1944 y contaba con una capacidad para 2.000, cifra que siempre se vio superada. El proyecto de construcción no se había terminado y las obras continuaron durante años e incluso una de las ocho galerías no llegó a construirse. La cárcel se terminó de desalojar el 29 de octubre de 1998.

"Desde el desalojo, los 172.000 metros cuadrados que ocupaba el centro penitenciario se han convertido en un enorme solar en el que se dirimen muy diversos intereses políticos y sociales, y que reclaman para sí grupos sociales muy diversos, desde okupas clandestinos, grafiteros organizados, la comisaría de policía o el movimiento vecinal", detalló el proyecto de los investigadores.

El equipo de investigación dirigido por Carmen Ortiz está integrado por Cristina Sánchez y Virtudes Téllez, del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid, el investigador de graffitis, Fernando Figueroa, el antropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Javier Arteaga y profesores de arqueología de la Universidad Complutense de Madrid.

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