Floristerías de la Almudena se preparan para el Día de Santos pese a la pérdida de la tradición: "Hay que reinventarse"

Los trabajadores velan sus carpas de flores día y noche desde hace una semana

Archivo - Dos mujeres venden centros de flores en un puesto cerca del cementerio de la Almudena, a 1 de noviembre de 2023, en Madrid (España). Foto de archivo
Archivo - Dos mujeres venden centros de flores en un puesto cerca del cementerio de la Almudena, a 1 de noviembre de 2023, en Madrid (España). Foto de archivo - Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo
Europa Press Madrid
Publicado: sábado, 31 octubre 2026 8:44

MADRID, 31 Oct. (EUROPA PRESS) -

Las floristerías o puestos de flores de los alrededores del cementerio de La Almudena ultiman los preparativos para el Día de Todos los Santos, que se celebra cada 1 de noviembre.

Aunque la actividad se multiplica durante las jornadas previas, los comerciantes aseguran que la tradición de acudir al camposanto para llevar flores a los seres queridos ha perdido fuerza con el paso de los años y reconocen que "hay que reinventarse" para adaptarse a los nuevos hábitos de compra.

Crisantemos, claveles, gladiolos, rosas, lirios o margaritas llenan de color las calles próximas a la entrada principal de este cementerio, uno de los más grandes y antiguos de Europa occidental, según Servicios Funerarios de Madrid (SFM).

Desde hace una semana, los trabajadores cortan tallos y preparan con las flores ramos y centros florales para la festividad. Algunos clientes se acercan directamente a los establecimientos para elegir las flores, mientras que otros hacen sus encargos por teléfono y pasan después a recogerlos para llevarlos directamente a las tumbas, panteones o nichos de sus difuntos.

El aumento de la actividad también obliga a reforzar las plantillas. Es el caso de Fran Sánchez, que regenta una floristería a pocos minutos de la entrada principal y que durante estos días pasa de contar con tres trabajadores a cinco, aunque todos son familiares. Su madre también acude a diario y sigue desde una silla, en la puerta del puesto, el movimiento de una de las semanas de mayor trabajo del año.

DORMIR JUNTO A LAS FLORES PARA VIGILARLAS

La cantidad de mercancía que reciben hace necesario ampliar el espacio del negocio. Por eso, durante estos días instalan dos carpas junto al puesto, cuyo uso del espacio supone un pago de 80 euros al Ayuntamiento, además de los 1.400 euros anuales que abonan al año por la concesión del quiosco.

Sánchez, que lleva 26 años al frente del negocio, explica a Europa Press que en diciembre les han renovado la concesión del puesto por otros 15 años, aunque desconoce qué ocurrirá después. También reclama que el puesto disponga de suministro eléctrico.

"Gracias a las placas solares tenemos luz eléctrica, pero hay veces que falla. El Ayuntamiento nos podría dar corriente", señala. Antes de instalar los paneles, recuerda, tenían que cerrar a las 18 horas durante el invierno cuando dejaba de haber luz solar.

La llegada de las flores de Todos los Santos también exige vigilancia nocturna. Al caer la noche, las linternas rompen la oscuridad de los puestos de la avenida de las Trece Rosas y dejan ver la presencia de trabajadores o vigilantes que custodian las flores. Este año, según explica Sánchez, las flores llegaron el pasado día 23 y desde entonces todas las noches se quedan a dormir para custodiar las carpas.

UNA TRADICIÓN QUE SE PIERDE "POCO A POCO"

Aunque durante estas fechas las ventas llegan a triplicarse, Sánchez asegura que la demanda para Todos los Santos ha descendido "mucho". "La gente que venía al cementerio era la gente mayor y, por desgracia a la gente joven no le gusta mucho. Sin duda, no es como antes porque ahora mucha gente se incinera", explica.

El comerciante recuerda que antes el 1 de noviembre era el día de mayor venta, pero el negocio ha tenido que adaptarse a otros encargos, como ramos para cumpleaños o aniversarios. "Hay que reinventarse", resume mientras observa a sus trabajadores elaborar los pedidos.

Según destaca, la mayor afluencia se concentra en los cuatro días anteriores a la festividad e incluso en la propia jornada. El resto de la semana se dedica a preparar los centros y ramos encargados. También ha cambiado la forma de comprar. "Ahora la gente quiere algo que se lo lleve y lo deposite. Antes la tradición era venir al cementerio con las abuelas que se tiraban tres horas cortando flores que ocupaban los jarrones de las tumbas", recuerda.

TRES GENERACIONES DE FLORISTAS

Unos metros más hacia la puerta principal del cementerio, las hermanas Gómez atienden uno de los puestos más antiguos de la zona. Las cuatro hermanas son la tercera generación de una familia que abrió el negocio en 1928 y que también refuerza su plantilla durante estos días con la ayuda de otros familiares.

Una de sus propietarias, Margarita Gómez, coincide en que la tradición de llevar flores al cementerio está perdiendo fuerza. A su juicio, cada vez más personas aprovechan el puente para viajar y no acudir a los cementerios a recordar a sus difuntos. Al hilo, lamenta que al disminuir los clientes, ellas piden menos flores para estos días.

También recuerda que hace años se instalaban numerosos puestos y quioscos temporales para la festividad, mientras que ahora permanecen principalmente los negocios que mantienen su actividad durante todo el año y que para estas fechas instalan alguna carpa contigua al puesto. Además del puesto cuentan con dos cámaras frigoríficas y una nave para guardar la mercancía.

Entre las peticiones de ramos, el sonido de las tijeras que cortan los tallos y las manos de las floristas que preparan composiciones de distintos colores, el puesto se transforma estos días para atender el aumento de clientes.

Las mesas se extienden junto al establecimiento y al menos cinco trabajadoras se agrupan para atender a las más de diez personas que se reúnen en unos minutos para comprar flores. Entre ellas está una mujer mayor que, acompañada de su hijo, ha acudido, como cada año, a comprar flores para su hija que falleció con seis meses hace 63 años y aún tiene presente.

Gómez reconoce que la preparación de la campaña supone "un sacrificio muy gordo", tanto por el esfuerzo como por la inversión económica. "Si hace mal tiempo nos comemos las flores", lamenta, quien además recuerda que ya les ocurrió durante la pandemia.

Pese a ello, destaca que una de las cosas "más bonitas" de estas fechas es llegar al cementerio y encontrarlo lleno de personas y de flores que engalanan el camposanto.

Pese al esfuerzo y a la incertidumbre que supone cada campaña, los puestos vuelven a llenarse estos días de flores y de personas que mantienen la tradición de acudir al cementerio para recordar a sus seres queridos.

Una tradición que recuerda que, aunque con el paso del tiempo cambien los hábitos y las costumbres pierdan fuerza, hay gestos que se mantienen. Cada 1 de noviembre, las flores vuelven a ocupar su lugar en las lápidas, nichos o panteones de cementerios como el de la Almudena para recordar, un año más, a los que ya no están.

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