La Villa Romana de Valdetorres y su yacimiento octogonal único, declarada BIC por la Comunidad

Archivo - Vista aérea de una de las edificaciones de la Villa Romana de Valdetorres (Madrid)
Archivo - Vista aérea de una de las edificaciones de la Villa Romana de Valdetorres (Madrid)- COMUNIDAD DE MADRID - Archivo
Europa Press Madrid
Actualizado: lunes, 1 junio 2026 17:41

MADRID 1 Jun. (EUROPA PRESS) -

La Villa Romana de Valdetorres, en Valdetorres de Jarama, uno de los ejemplos más notables del modo de vida romano tardío en el centro peninsular, ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Zona Arqueológica.

Así lo ha acordado la Comunidad de Madrid en su último Consejo de Gobierno para la protección oficial de este enclave, incluido en el Plan de Yacimientos Visitables de la región y situado a orillas del río Jarama.

Este asentamiento rural, edificado a finales del siglo IV y ocupado posiblemente hasta los albores del siglo V, se alza sobre la segunda terraza del río Jarama, al norte de la Comunidad de Madrid, y es una muestra de la situación geográfica estratégica de la que gozaba la región desde los primeros compases de la conquista romana.

Era un territorio de paso entre el Valle del Duero y la depresión del Tajo, articulado por vías naturales como los valles fluviales y los puertos de montaña de la Sierra. En esta zona rural que ofrecía acceso a tierras fértiles, agua, rutas comerciales y control territorial, existían tres enclaves que organizaban la vida y el control del territorio: Complutum (la actual Alcalá de Henares), Mantua y Titulcia.

Así, el mundo rural, motor de la economía romana, encontró en las villas su forma más representativa. A partir del siglo III, estos asentamientos se convirtieron en el núcleo de producción agrícola y en el reflejo del poder económico y social de las élites.

La villa de Valdetorres no era solo una granja, sino que era también residencia, taller y almacén. Sus tres partes --'pars urbana', 'pars rustica' y 'pars fructuaria'-- representaban una compleja red de producción y vida doméstica, con distintos niveles de confort y jerarquía entre los que la habitaban por entonces.

La villa abriría un nuevo capítulo en 1977, cuando Andrés Caballero identificó los primeros indicios arqueológicos. Su hallazgo fue confirmado por el técnico del Museo Arqueológico Nacional, Luis Caballero, que pronto intuyó la relevancia del lugar. Un año después comenzaban las primeras excavaciones, dirigidas por Caballero, junto a los arqueólogos Javier Arce y Miguel Ángel Elvira.

En aquellos años se documentó por primera vez la singular planta octogonal de la residencia, lo que marcaría el principio de una investigación que se prolongaría durante décadas. Su disposición centralizada y en bloque es toda una rareza en el mundo romano.

UN YACIMIENTO CON DISPOSICIÓN OCTOGONAL ÚNICA

El núcleo mejor conservado y más estudiado de la villa es su 'pars urbana', dominada por una estructura arquitectónica de planta octogonal, un diseño centralizado que recuerda a construcciones como la Vila Brisa en Milán o el Macellum de Gerasa (Jordania) y que es toda una rareza en el mundo romano.

Este edificio, de diseño regular y organización simétrica, se compone de un anillo de habitaciones que giran en torno a un peristilo o patio central. Cuatro grandes salas cuadrangulares se abren a este patio mediante puertas y se rematan en ábsides ultrasemicirculares.

A su vez, cada una de estas salas está flanqueada por pequeñas estancias triangulares que, según los arqueólogos, habrían funcionado como dormitorios, mientras que las salas cuadrangulares hacían de salones y los ábsides se usaban como comedores.

La entrada principal de la villa, probablemente situada en el noroeste, daba paso a un espacio de transición hacia el peristilo, mientras que en el lado opuesto se identificó una zona que podría estar destinada a baño y corrales.

La construcción se llevó a cabo con técnicas más bien sencillas: cimientos de cantos rodados unidos con cal, paredes de mampostería irregular y cubiertas sostenidas por vigas de madera, como lo atestiguan las tejas curvas y clavos encontrados en los derrumbes.

Uno de los elementos más curiosos hallados en el peristilo fue un horno de vidrio, cuya cronología aún se debate, ya que algunos expertos lo sitúan en época romana y otros en época altomedieval, producto de una reutilización posterior de la villa.

LA RECUPERACIÓN DEL ASENTAMIENTO

Tras las excavaciones iniciales, nuevas campañas entre 2006 y 2010, y más intensamente entre 2018 y 2022, permitieron limpiar, consolidar y acondicionar el espacio para ofrecer visitas al complejo.

En concreto, se restauraron muros, se reprodujeron pinturas murales y tramos de 'opus signinum', y se acondicionaron elementos decorativos del peristilo, como estatuas y basas. También se identificaron nuevas estructuras vinculadas a la 'pars rustica', donde vivían los sirvientes y trabajadores de la villa, así como elementos de la 'pars fructuaria', como graneros y almacenes.

La zona norte, noreste, este y sureste del yacimiento reveló restos de habitaciones, muros y hoyos de poste que sustentaban estructuras más humildes. Especial atención merece un edificio rectangular al nornoroeste del octógono, construido con una técnica similar, posiblemente parte de la zona de servicios. En el entorno también se localizaron varias inhumaciones.

UN TESORO AGUARDANDO SIGLOS A SER DESCUBIERTO

Entre los hallazgos más espectaculares de Valdetorres figura una colección escultórica de altísimo nivel artístico. Se han identificado al menos 13 esculturas de mármol negro, blanco y jaspeado, representando animales, divinidades y héroes, entre ellos un tritón, un esculapio y un arquero. Fechadas en los siglos II y III, su presencia en una villa posterior ha sido interpretada como una muestra del refinado gusto y la enorme capacidad adquisitiva del propietario, quien las habría importado desde Italia o Asia Menor.

A esta colección se suma un conjunto extraordinario de más de 400 piezas de marfil y hueso tallados, entre los que destacan placas decorativas, elementos arquitectónicos, brazaletes, broches y una ficha de juego con el número V. La calidad técnica y estética de estas piezas convierte a Valdetorres en uno de los yacimientos más ricos del occidente del Imperio Romano en lo que respecta al trabajo de eboraria.

Además, se han encontrado cerámicas comunes y de lujo ('terra sigilata' hispánica y de importación), herramientas metálicas, monedas de distintas épocas, restos de estuco y mosaicos, así como elementos de construcción. Todos estos materiales fueron hallados en niveles de derrumbe, protegidos del expolio que siguió a la caída del Imperio.

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