BARCELONA 5 Jun. (EUROPA PRESS) -
La Audiencia de Barcelona ha condenado a 14 años y cinco meses de cárcel a uno de los tres acusados de asaltar en marzo del año 2000 un restaurante en Olèrdola y dejar ciego y herido grave a un guardia civil en un tiroteo. Además, le condena por secuestrar al propietario y a un cliente y posesión de armas prohibidas.
En una sentencia de 85 páginas, la Sección Quinta considera probado que Licerio R.R. y dos encapuchados más --que no se ha probado que sean los otros dos acusados-- entraron en el restaurante, amenazaron a los presentes, les obligaron a entregarles todo el dinero en metálico y las joyas y, al salir, dispararon contra los guardias civiles que había en la puerta.
Además, huyeron a toda velocidad en un coche de un cliente y con tres rehenes, consiguiendo despistar a la policía.
La Fiscalía pedía hasta 41 años y medio de cárcel para los tres acusados y penas de hasta siete años para sus esposas por encubrimiento y receptación. Las tres mujeres y los otros dos acusados han sido condenados a cinco meses de prisión por receptación y a una de las mujeres a 1.350 euros por simular el robo de su coche, que los asaltantes pudieron haber utilizado para llegar al restaurante.
Licerio R.R., además, tendrá que pagar 606.000 euros al guardia civil herido grave, que sufre ceguera total y pérdida del olfato y el gusto, además de lesiones musculares y una minusvalía del 79%. A los clientes asaltados les tendrá que pagar 2.279 euros por los objetos robados y no recuperados.
Los hechos se remontan a la noche del 4 de marzo de 2000, cuando tres encapuchados armados con una pistola, una escopeta y una herramienta de carpintería irrumpieron en la masía-restaurante 'Mas Granell', en la carretera Moja-Daltmar, y separaron a los clientes en dos grupos para robarles el dinero, las joyas y los relojes que llevaban.
Cuando iban a salir del local, los tres procesados vieron que había dos agentes de la Guardia Civil en la puerta y empezaron a dispararles, hiriendo de gravedad a uno. El tiroteo prosiguió con la llegada de otros cuatro agentes y los acusados decidieron huir en coche con un cliente y el hijo del dueño, a los que se añadió el dueño que no quiso dejar solo a su hijo, aunque les liberaron 200 metros más lejos.
Allí, obligaron a parar a otro vehículo y se subieron a él mientras seguían disparando contra los guardias civiles, que intentaban alcanzarles con los coches patrulla y que les perdieron de vista al entrar en el casco urbano de Vilafranca del Penedès (Barcelona).
Los procesados aseguraron que dos días antes del asalto se fueron de vacaciones a Alcampell (Huesca), y que las joyas y las armas que se hallaron en su domicilio eran de los padres de una de las acusadas. También justificaron las contradicciones en las que incurrieron asegurando que la Guardia Civil les había pegado y coaccionado.
En el domicilio de Huesca también se hallaron objetos robados en tres asaltos similares cometidos pocos días antes en restaurantes de la misma zona.
En el juicio, los clientes del restaurante explicaron que al entrar los encapuchados pensaron que se trataba de una broma, ya que era Carnaval.