VALLADOLID 14 Mar. (EUROPA PRESS) -
El juicio iniciado en la Audiencia de Valladolid contra cinco jóvenes de ideología neonazi, 'integrantes de la Asociación Cultural Rey Sisebuto' y acusados de confeccionar cócteles molotov con el fin de realizar en octubre de 2003 una acción de escarmiento contra otro grupo de ultra izquierda, se convirtió en un cruce de imputaciones entre ellos, ya que cuatro se pusieron de acuerdo al responsabilizar de todo a un quinto, David S.J, y este último hizo lo propio con los anteriores en su intento por no convertirse en chivo expiatorio.
En la primera de las sesiones, los hermanos Javier y Alberto A.L, así como los también acusados José Ignacio P.C. y Pablo R.L, hicieron causa común al incriminar al joven David S.J. y no dudaron al declararse inocentes de la preparación de los seis artefactos incendiarios que la Policía Nacional halló el día 18 de octubre de 2003 en un Seat Toledo, propiedad del primero, que se hallaba estacionado en la Plaza de Tenerías de la capital vallisoletana.
Los cuatro, en declaraciones recogidas por Europa Press, relataron que el día de los hechos quedaron para acudir a la ribera del Pisuerga con el fin de participar en una 'barrilada' o fiesta para consumir alcohol. Hasta el escenario de la fiesta se desplazaron a bordo del Seat Toledo al que se subió en último lugar David S.J. y quien, según ellos, portaba una bolsa blanca a la que no dieron más importancia por creer que contenía bebidas.
Fue nada más llegar a la plaza y aparcar el coche cuando la Policía Nacional detuvo a tres de los acusados, los hermanos Alberto y Javier A.L, este último cabo primero del Ejército, y al propio David S.J, mientras que José Ignacio P.C. y Pablo R.L. fueron únicamente identificados.
PACTO PARA EXCULPAR AL MILITAR
En su declaración durante el juicio, Alberto A.L. aseguró en un primer momento pactó con David S.J. que ambos se hicieran responsables de la posesión de los artefactos incendiarios, una maza y quince piedras de granito localizados por la policía en el turismo ya que, como así explicó, su único propósito era que su hermano Javier, militar profesional, saliera indemne de aquello y no ingresara en prisión dado que ya contaba con antecedentes penales y en una semana tenía previsto volar a Bosnia en misión humanitaria.
Sin embargo, las explicaciones de Alberto fueron bastante más vagas al ser interpelado por el fiscal sobre determinadas conversaciones telefónicas en las que aparece hablando ese día con algunos amigos a quienes aconsejó acudir a la ribera del Pisuerga armados con navajas, palos, martillos y todo tipo de objetos, así como respecto de otra comunicación telefónica con su hermano grabada bastantes días antes en la que ambos hacían referencia a una receta para confeccionar cócteles molotov con ácido sulfúrico.
Los testimonios aportados durante la primera jornada del juicio por su hermano Javier y otros dos de los acusados, Pablo R.L. y José Ignacio P.C, apenas difirieron entre sí, con la particularidad de que los cuatro vinieron a definir la Asociación Cultural Rey Sisebuto, colectivo neonazi con sede en la Plaza Circular, como una mera agrupación de jóvenes para organizar fiestas, acampadas y parrilladas, sin ningún trasfondo de carácter político.
RUPTURA DEL PACTO
En el lado opuesto se situó la versión del joven David S.J, quien reconoció que si en un primer momento se culpó de los hechos fue por el pacto alcanzado con Alberto A.L. para que el hermano de éste, el militar, no se viera implicado. Sin embargo, el 'cabeza de turco' al que los otros cuatro compañeros de banquillo pretenden responsabilizar de todo explicó que más tarde, tras ser visitado por su abogado en comisaría, decidió romper el acuerdo.
"No estaba dispuesto a comerme yo el marrón cuando no había hecho nada", declaró David, quien aseguró que horas antes de la detención estuvo en la sede de la asociación tomándose una cerveza y pudo ver cómo los otros cuatro acusados preparaban los artefactos con gasolina y trozos de una sábana blanca. "Me dijeron que era para lanzarlos en un pueblo abandonado de Palencia", apuntó el acusado, al tiempo que aseguró desconocer que cuando montó en el vehículo para acercarse a las proximidades del río los mismos artefactos viajaban con ellos ocultos bajo el asiento del copiloto.
El juicio proseguirá mañana con el interrogatorio de los policías que practicaron la detención y los registros en el vehículo y la sede del colectivo neonazi, donde se incautaron de una porra, varios pasamontañas, gas paralizante y cuadernillos de propaganda nazi.
En su escrito de calificación provisional, el Ministerio Fiscal, que en su conjunto eleva las penas pedidas a un total de 24 años de cárcel, considera que los hechos son constitutivos de un delito de tenencia de aparatos incendiarios y explosivos (artículo 568) y solicita las condenas más duras, 6 años de prisión, para cada uno de los hermanos Alberto y Javier A.L, en calidad de promotores, y 4 años para los tres restantes, David S.J, Pablo R.L. y José Ignacio P.C, estos últimos como cooperadores.
Se da la circunstancia de que David S.J. vio cómo en 1997 su padre era encarcelado y condenado a 17 años de cárcel por el asesinato de su esposa ocurrido el 28 de septiembre de 1997 en el domicilio que ambos compartían en la calle Rastrojo de la capital, donde la víctima recibió un tiro de escopeta a bocajarro que le destrozó la cabeza.