Actualizado 13/03/2007 20:02 CET

Dos testigos rectifican y señalan como autores materiales de los atentados del 11-M a otros imputados

MADRID, 13 Mar. (OTR/PRESS) -

Nueva y sorprendente sesión del juicio por los atentados del 11-M. Dos testigos protegidos cambiaron ante el tribunal su reconocimiento de dos de los autores materiales de la masacre. Así, la mujer que dijo ver a Basel Ghalyoun en el tren que explotó en la calle Téllez, rectificó y aseguró que fue al huido Daoud Ouhnane a quien vio aquella mañana. Por su parte, la testigo protegido que reconoció a Abdelmajid Bouchar en la estación de Entrevías, también modificó su reconocimiento y dijo creer que la persona a la que vio fue el acusado Jamal Zougam. Sin embargo, fue este imputado el que menos dudas suscitó en otros tres testigos, que confirmaron que colocó las mochilas-bomba en los trenes.

"Ahora sé quien es, después de tres años", señaló la primera testigo en modificar su reconocimiento y la única persona que había reconocido a Ghalyoun como una de las personas encargada de colocar las bombas. Según aseguró, vio por primera vez la foto de Ouhnane en un libro de su propiedad sobre el 11-M que aportó ante el tribunal, donde vio "la foto del chico que estaba en el tren y creo que esa foto no la he visto antes".

La testigo explicó sus contradicciones y aseguró que tuvo dudas en el reconocimiento porque tras la masacre "no estaba bien de la cabeza" y "estaba muy nerviosa". Según explicó, prestó declaración ante la policía cuando se encontraba ingresada a consecuencia de las heridas recibidas por la explosión. Relató los sucesos de la mañana del 11 de marzo y dijo que tomó el tren en Alcalá de Henares sobre las 7:10 o 7:15 de la mañana con intención de bajarse en Nuevos Ministerios.

Viajaba acompañada de su amiga Tinka, que murió a consecuencia de la posterior deflagración, ya que ambas se dirigían a su trabajo. "Nos llamó la atención un chico que estaba en el tren y estaba muy cerca de nosotras. No hacía muchos frío y él llevaba gorro y bufanda, se fue a otro vagón y volvió otra vez", indicó. "Era muy joven, moreno, con ropa normal de trabajador, un gorro, un abrigo negro, una bufanda igual que el gorro, hecha a mano", detalló la testigo que añadió que "se fue del vagón y luego regresó, cuando volvió se sentó muy cerca de nosotras, y llevaba aún la bolsa en las manos", añadió.

SE DERRUMBÓ EN EL RECONOCIMIENTO

La segunda testigo protegido en modificar su reconocimiento fue la que reconoció a Bouchar en la estación de tren de Entrevías, aunque hoy dijo que en el momento de su declaración ante la Policía "estaba muy nerviosa" y que cree que la persona que vio el 11 de marzo fue al acusado Jamal Zougam. La mujer indicó que mientras esperaba el tren descendió un joven "de rasgos árabes" y "nariz grande pero no aguileña" que le preguntó si la siguiente parada del recorrido del tren era Atocha. Ella le contestó afirmativamente y el chico abandonó la estación.

La testigo explicó que dejó pasar ese convoy, en el que explotaron bolsas bombas a la altura de la calle Téllez, y cogió el siguiente. Describió la ropa del individuo y explicó que llevaba "un gorro de lana calado" del que "le rebosaban los rizos", un abrigo oscuro y pantalones. Puso de manifiesto que cuando prestó declaración no había visto fotografías en los medios de comunicación y especificó que durante la mencionada rueda de reconocimiento "se derrumbó".

DUDAS EN LOS PISOS

No hubo tantas dudas en las declaraciones de otros testigos que dijeron en su día haber reconocido a Zougam en los trenes. El primero en declarar, reconoció no recordar en qué piso vio al acusado, puesto que, en el momento del reconocimiento "había transcurrido dos días y ahora dos años, ahora mismo no me acuerdo si estaba en el piso de abajo o en el piso de arriba". Se refirió, además, a la bolsa que transportaba su compañero de asiento, presuntamente Zougam, aquella mañana y especificó que era similar a la encontraba en la estación de Vallecas y dijo que "si no era la que vio en el tren, era su alma gemela".

El testigo viajaba en uno de los trenes que explotaron, concretamente el procedente de Alcobendas y con destino a Guadalajara. A las 07.15 horas de la mañana del 11 de marzo de 2004 notó la presencia de un individuo a su lado que portaba una mochila y que le empujó. Posteriormente se percató a la altura de la parada de San Fernando de que el individuo ya no estaba pero que la mochila permanecía en el vagón. Detalló que el sujeto llevaba una férula de escayola o "escayolita" en la nariz, y que, aunque él iba "prácticamente dormido", era consciente de lo que sucedía.

AL CIEN POR CIEN

La siguiente testigo protegida no tubo un atisbo de dudas y reconoció ante el tribunal "al cien por cien" a Zougam, igual que hizo más tarde la última declarante. Relató que cogió el convoy en Alcalá de Henares a las 7:15 de la mañana para dirigirse a la estación de Atocha y sentó en el vagón de cola, allí se le cruzó una persona "que le empujó en el hombro izquierdo" y también tropezó con un chico que "estaba leyendo un libro". Detalló que esta persona portaba "una mochila" de color azul de "color clarito" y que "se fijó en la cara" porque el chico cruzó el convoy "como un loco".

Este hecho le llamó la atención, ya que esta persona no le pidió perdón e incluso indicó que se fijó más aún en su cara por si "esa persona era conocida o le estaba gastando una broma". Después, la testigo recordó el momento de la explosión y dijo que una vez que el tren paró su recorrido en la estación de Santa Eugenia, "la gente se bajó, se cerraron las puertas y el tren explotó".

A preguntas del defensor de Zougam, José Luis Abascal sobre si había consultado en días posteriores a la masacre periódicos o visto la televisión la testigo dijo que "no tenía fuerzas para ver nada", tras lo cual el letrado repuso que, no obstante la testigo sí había tenido fuerzas para acudir a declarar. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, retiró entonces la pregunta por "impertinente en el sentido literal de la palabra" y llamó al abogado la atención por rebasar "las mínimas formas de educación".

Durante el interrogatorio de Abascal, la testigo rompió a llorar y se vió obligada a detener su testimonio. Gómez Bermúdez le ofreció descansar durante unos minutos para recuperarse, ofrecimiento que la testigo rechazó continuando con sus respuestas. Al final de la declaración el presidente del tribunal le pidió "disculpas" por "el mal rato que se le había hecho pasar".

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