SANTANDER, 9 Dic. (EUROPA PRESS) -
La mujer de la localidad de Merilla, en la Vega de Pas, acusada de matar a su vecina con una hoz ha admitido hoy los hechos en la primera sesión del juicio con jurado, en el que ha manifestado que entonces "no estaba bien", ni tampoco ahora.
La acusada, P.C.R., de 41 años de edad y que se enfrenta a una petición de pena por parte del Ministerio Fiscal de 12 años de prisión y de 20 para la acusación particular, aseguró que ese día no había tomado las pastillas de su tratamiento psiquiátrico.
A pesar de admitir los hechos, P.C.R., reiteró en varias ocasiones que no recordaba los detalles por los que le preguntaban las distintas partes, entre ellos si la había golpeado con el arma o si la víctima cayó al suelo.
"No me recuerdo. No estoy para muchas preguntas. Me arrepiento, no quería matar a nadie", señaló, tras insistir en que tanto entonces como ahora ella no estaba "bien", al padecer distintos trastornos psicológicos que calificó como de "nervios". Asimismo, indicó que el día de los hechos, no se había tomado la medicación correspondiente.
En febrero de 2007, la acusada mantuvo una discusión con la víctima por unas gallinas que se escapaban de su propiedad y entraban en la de la fallecida, vecina suya. Al encontrarse ambas en una zona de cabaña, la asestó dos golpes en la cabeza con una hoz, que la produjeron heridas y el fallecimiento. La acusada se marchó del lugar de los hechos, escondiéndose en una cabaña en el monte mientras la víctima cayó al suelo y sangraba.
En respuestas a las partes, P.C.R. reconoció que ese día empleó una hoceta, una especie de hoz con un mango más largo de la habitual que se utiliza para realizar cortes en superficies altas, y también admitió que sabía cómo manejarlo.
Ese instrumento fue con el que golpeó a la víctima en la cabeza. Según la acusación particular, esta herramienta fue elegida precisamente porque la permitía mantenerse a distancia de la víctima mientras la agredía. La acusación, que considera los hechos asesinato en lugar de homicidio, sostiene además que la acusada conocía "perfectamente" los movimientos habituales de la fallecida, dada su condición de vecinas.
Sin embargó, según relató P.C.R., ella se encontraba en el campo realizando la limpieza de unas hierbas, sin saber de la presencia de la fallecida en la cabaña dentro de su finca, a la que la acusada se desplazó al echar en falta una de sus gallinas y sabiendo que solían escaparse hacia la propiedad de su vecina. "En buena hora aparecieron", se lamentó.
"Yo no iba a matar a nadie", afirmó la acusada, que afirmó que su relación con la vecina era buena y pidió disculpas a los padres.
P.C.R. aseguró no recordar haberla golpeado, pero que sí narró como luego se marchó "asustada" y "con nervios". Tras manifestar que no se acordaba un primer momento, después admitió que se marchó al monte, aunque tampoco supo decir qué hizo con la hoceta con la que golpeó a su vecina.
Después, al regresar a casa, su hermano le "echó la bronca" y la llevaron en taxi al hospital, si bien al final el vehículo no llegó a su destino y se desplazó hasta el cuartel de la Guardia Civil de Solares.
Su defensa insistió en el estado mental de la acusada, y señaló que entre sus antecedentes se cuentan los suicidios de dos de sus tíos, de su hermana y del hijo de ésta, además de reiteradas visitas e internamientos tanto en Valdecilla como en el Centro Psiquiátrico de Parayas, como una depresión diagnosticada.
La acusada confirmó que recibe una pensión por su estado, y que su marido, a quien responsabiliza de la situación, logró que la quitaran la custodia de sus dos hijos. En la actualidad, se encuentra en prisión y sometida a tratamiento.
PARTES
La acusación particular, ejercida por los padres de la víctima, sostuvo que el ataque se hizo de forma consciente. "Sabía lo que quería hacer, conocía las consecuencias y lo hizo", aseveró el abogado, que se refirió a que la acusada esperó a que la fallecida estuviera en un lugar aislado, y señalando que estaba cargada con un cuévano, una especie de cesta que, según explicó el abogado, obliga a andar encorvado, limitando la visibilidad y, por tanto, la defensa ante el ataque.
Además, expuso que P.C.R. escondió el instrumento y lo lavó. También criticó que ni por su parte ni por la de su familia se haya realizado ningún movimiento para indemnizar económicamente a los afectados y reparar así el daño. También aseguró tener "dudas fundadas" sobre el papel jugado en el suceso por el hermano y el padre de la acusada.
La acusación particular definió a la fallecida, de 33 años de edad en el momento de su muerte, como una mujer "generosa" y querida por sus vecinos, al ser "parte importante" del pueblo por ayudarles en sus desplazamientos en coche o por sumarse a "cualquier iniciativa de carácter social".
Por esto, la acusación califica los hechos como asesinato y pide una pena de 20 años de prisión e indemnización de 300.000 euros, mientras que el Ministerio Fiscal entiende que se trata de un homicidio, para el que pide 12 años de prisión e indemnización por 156.102 euros.
Al contrario, la defensa califica los hechos de homicidio con la circunstancia eximente completa de alteración psíquica, por lo que pide o la libre absolución, o dos años y medio de prisión de forma alternativo, siendo ingresa en un centro psiquiátrico en el que se la someta a tratamiento durante la condena.
La defensa valoró que la acusada reconoció los hechos y que acudió al cuartel de la Guardia Civil, donde los admitió. También se refirió a su historial psiquiátrico, con problemas desde el año 1.992, y a su carácter "muy violento", incluso con sus familiares.