BARCELONA 19 Ene. (EUROPA PRESS) -
La Audiencia de Barcelona juzga desde hoy a siete hombres, pertenecientes al clan gitano de 'Los Soteros', por un tiroteo en un bar de Sabadell, que en octubre de 2003 se saldó con un muerto y un herido grave del clan rival de 'Los Peludos'. La Fiscalía pide que se condene a cada uno de ellos a 21 años de cárcel por un homicidio consumado y otro intentado.
Durante la primera sesión del juicio, que obligó a montar un dispositivo policial especial, los procesados reconocieron su enemistad con 'Los Peludos', con quienes habían mantenido varias disputas, la última de ellas la mañana del tiroteo, el 20 de octubre de 2003.
"Siempre hemos sido gente de bien y lo último que queríamos era la guerra con nadie, pero iban a matarnos a los hombres y a quien encontraran", afirmó Francisco S.S. en referencia a las constantes amenazas que supuestamente les proferían 'Los Peludos'.
Tres de los procesados --Pedro S.S., Ginés S.T. y Juan Ramón S.A.-- explicaron que, sobre las 17 horas de ese día, fueron a un bar que frecuentaban en la calle Reis Catòlics, en el barrio de Campoamor, y se encontraron a la víctima, Marcos M.S., y a su sobrino, Antonio M.G. --alias 'Juanito'--.
Los imputados aseguraron que dispararon a los dos hombres en defensa propia porque éstos desenfundaron sus armas y abrieron fuego al verlos entrar. "El fallecido se abalanzó sobre mi hermano (Mariano S.S.) y 'Juanito' fue a disparar contra mí; me escondí detrás de una máquina y me defendí", afirmó Pedro S.S.
Marcos M.S. recibió 15 disparos, el último en la cabeza y a quemarropa, por lo que falleció al instante, mientras que 'Juanito' resultó herido de gravedad en el pecho pero pudo refugiarse en la cocina. Tras el tiroteo, los siete procesados huyeron a Alicante con toda la familia, unas 300 personas, y seis de ellos fueron detenidos tres meses después en Torrelavega (Cantabria).
El principal sospechoso, Mariano S.S., no se encuentra en el banquillo de los acusados porque murió el 2 de octubre de 2008 en el mercado municipal de Vinaròs (Castellón), donde regentaba un puesto de venta ambulante. Un individuo se le acercó a cara descubierta y, sin mediar palabra, le disparó cuatro veces.