Actualizado 15/12/2021 16:13 CET

Un policía que dio datos para encargos de Villarejo dice que pensó que "estaba autorizado por altos cargos políticos"

Archivo - El ahora comisario jubilado José Manuel Villarejo a su salida de la Audiencia Nacional
Archivo - El ahora comisario jubilado José Manuel Villarejo a su salida de la Audiencia Nacional - Alberto Ortega - Europa Press - Archivo

Asegura que solo cumplió órdenes de García Castaño bajo la creencia de que eran investigaciones oficiales

MADRID, 15 (EUROPA PRESS)

El inspector de Policía Constancio Riaño ha manifestado al tribunal de la Audiencia Nacional que juzga 'Tándem' que solicitó datos relacionados con uno de los trabajos privados de José Manuel Villarejo, si bien ha enfatizado que siempre actuó cumpliendo órdenes de sus superiores y bajo la creencia de que eran para investigaciones oficiales, no para el comisario. En todo caso, ha indicado que todos pensaban que Villarejo "estaba autorizado por altos cargos políticos".

Riaño, ya jubilado, ha comparecido este miércoles como acusado por 'Iron', un proyecto que el despacho de abogados Herrero&Asociados encargó en 2013 a CENYT, el grupo empresarial de Villarejo, para investigar a un bufete de la competencia formado por ex socios y trabajadores suyos, Balder, ante la sospecha de que les estaba espiando.

El uniformado ha contado que en la época en la que se habría desarrollado 'Iron' dirigía la sección de relaciones institucionales, que se encargaba de "mantener contactos con todas las empresas e instituciones que pudieran ayudar en la lucha antiterrorista". Según sus palabras, era un mero "repartidor", porque se limitaba a buscar en bases policiales la información que le solicitaban otras unidades o su jefe inmediato, el comisario Enrique García Castaño.

En este contexto, ha reconocido que reclamó a un banco información sobre las cuentas de Balder, pero ha recalcado que lo hizo siguiendo órdenes de García Castaño. Al recibir la respuesta, ha relatado, "seguramente" se la entregó directamente a su jefe, "sin mirar el contenido". "Soy poco curioso (...) y no tenía ninguna curiosidad por ese tema", ha afirmado.

Riaño ha querido dejar claro que "no tenía la más mínima idea de que lo que estaba haciendo pudiera ser delictivo". "Si lo llego a saber, igual hubiera ido yo a la Fiscalía", ha remachado.

Así, ha negado que fuera consciente de que los datos que proporcionaba acabaran en manos de Villarejo o de personas ajenas al circuito policial, aegurando al mismo tiempo que el comisario "nunca" le hizo ningún encargo.

HABÍA UNA "MUY BUENA IMPRESIÓN" DE VILLAREJO

De todas formas, ha subrayado que de Villarejo había una "muy buena impresión general en toda la brigada". Se comentaba que "era un señor que estaba autorizado por altos cargos políticos del país a tener empresas para ayudar a nuestro país". "Teníamos una consideración fantástica de él y yo la sigo teniendo", ha dicho.

Riaño ha añadido que en la oficina se rumoreaba que Villarejo acudía a menudo y que entraba de forma subrepticia, ajeno a controles, por el garaje. Él, sin embargo, solo le vio una vez frente al despacho de García Castaño.

Ha aseverado igualmente que nunca le han pagado o prometido dádiva alguna por facilitar esos datos. "Es como si acusaran a la Virgen de ejercer la prostitución. No está en mi naturaleza", ha contestado.

En este sentido, ha apostillado en tono irónico que la única "recompensa" que ha obtenido por todo esto son "frecuentes visitas al hospital psiquiátrico y un bonus para comprar pastillas".

LOS 'POST IT' DE GARCÍA CASTAÑO

Riaño ha descrito una dinámica según la cual las peticiones de información le llegaban por dos vías, bien a través de solicitudes formales que ha llamado "DEAs", bien mediante "post it" de García Castaño. Estos últimos, ha matizado, podían ser realmente "post it" o "una hoja en blanco o sin membrete".

Los requerimientos, ha continuado, podían registrarse (o no) en un ordenador sin conexión a la red de "uso exclusivo y privado" de la unidad policial que estaba en una mesa de la comisaría y al que podía acceder cualquiera porque tenía pegado, precisamente, un 'post it' con la contraseña.

"Podíamos tenerlo o tirarlo a la basura, a un punto limpio", ha dicho para explicar que no había obligación ninguna de dejar constancia de las peticiones recibidas en ese ordenador porque ese registro era una "cuestión estadística".

A preguntas del fiscal César de Rivas, que se ha interesado por el detalle de este registro, Riaño ha precisado que era "una hoja de Excel monda y lironda, sin complicación ninguna", donde se anotaba qué se pedía, para qué, la fecha y el resultado.

El inspector ha puesto de relieve que nunca llegó a hacer uso de este registro pero que tuvo que revelar su existencia a raíz de la investigación judicial para acreditar que había recabado información a instancias de García Castaño. Y, "por suerte, alguien había incluido esa orden, ha comentado.

"OBEDIENCIA ABSOLUTA"

De Rivas le ha planteado si no sospechó que las peticiones que le llegaban por esa vía informal podían ser para fines distintos a los netamente policiales y por qué no preguntó al respecto a García Castaño.

A lo primero ha respondido que su jefe, como máximo responsable de la Unidad Central de Apoyo Operativo (UCAO), "manejaba todos los servicios secretos del mundo", lo que le llevaba a no cuestionar las cosas que le pedía, asumiendo que respetaban "todos los requisitos legales".

En segundo lugar, ha subrayado que no podía exigirle explicaciones porque le debía "obediencia absoluta". "Somos un cuerpo jerárquico. No creo que (en el Ejército) un coronel le pida explicaciones a un general", ha espetado.

No obstante, y aunque ha declarado que no guarda "ninguna" relación con García Castaño, "ni buena ni mala", sí ha expresado su descontento con la forma en la que capitaneaba la unidad, que ha definido de "anarquía absoluta y enredo continuado".

En concreto, se ha quejado de que García Castaño acudiera habitualmente a un policía con menor rango que Riaño para hacer consultas sobre datos de "tráfico de llamadas" con las empresas de telefonía.

Por orden del responsable de la UCAO, ha sumado, también entregó información a Antonio Bonilla, de quien pensaba que era un policía en activo pero en "servicios especiales" para García Castaño, no que colaboraba a título privado para Villarejo en los negocios particulares de este último.

"Lo único (que hacía) era cumplir órdenes y dar la información a quien me pedía mi jefe que la diera, y nada más. Yo, ni cohecho activo ni pasivo ni medio pensionista", ha concluido.

Riaño es uno de los más de 30 acusados de este primer juicio por 'Tándem', donde Villarejo es el principal encausado. La Fiscalía Anticorrupción pide que el ahora comisario jubilado sea condenado a más de cien años de cárcel por las supuestas tareas de espionaje que realizó en los proyectos 'Iron', 'Land' y 'Pintor' para abogados, empresarios y particulares valiéndose de los recursos policiales que tenía a su alcance.