28 de marzo de 2020
 
Publicado 16/02/2020 11:39:45CET

Vila cree que el coste económico y social de la independencia no compensa: "Nos debe unir el patriotismo constitucional"

El exconsejero de Empresa y Conocimiento de la Generalitat, Santiago Vila, dirigiéndose alTribunal Supremo, donde declara en la 17 jornada del juicio del procés.
El exconsejero de Empresa y Conocimiento de la Generalitat, Santiago Vila, dirigiéndose alTribunal Supremo, donde declara en la 17 jornada del juicio del procés. - Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo

El exconsejero condenado en el 'procés' presenta Vencer y Convencer, un ensayo que va del banquillo al "compromiso con la reconciliación"

MADRID, 16 Feb. (EUROPA PRESS) -

El exconsejero catalán Santiago Vila, que pese a abandonar el Govern de Carles Puigdemont poco antes de la DUI ha sido condenado por desobediencia por el tribunal del 'procés', considera que el coste económico, social y político de la independencia tal y como fue planteada en otoño de 2017 no compensa, y su propuesta para superar dicho capítulo pasa por "refundar el catalanismo" y por el convencimiento de que "nos debe unir el patriotismo constitucional".

Vila analiza en Vencer y Convencer (Edidiciones Península), que saldrá a la venta la próxima semana, su paso por el banquillo del Tribunal Supremo y sugiere un camino para que el catalanismo moderado alcance un "compromiso con la reconciliación".

En una entrevista concedida a Europa Press, Vila reconoce que, pese a que la situación se ha 'desinflamado" respecto a 2017 el voto en Cataluña sigue siendo "muy emocional". "Conozco a gente que dice que no le gusta nada lo que se ha hecho pero añade '¿Ahora que están en la cárcel les vamos a fallar?' Una vez el voto deje de ser emocional llegará el momento de discutir sobre el coste a asumir".

Para Vila, si de verdad existe un convencimiento de apostar por la independencia "algún sacrificio habrá que hacer", y ello interpela directamente a los ciudadanos. "Tiene que hacer pensar a todo el mundo ¿Compensa el coste económico, convivencial, político, penal e un proceso de estas características. Mi opinión con toda la humildad y todo el dolor es que salta a la vista que no compensa".

En cuanto a la primera parte del libro, que versa sobre el juicio y sus consecuencias, Vila califica de "desproporcionada" la sentencia a la vista de la verdad judicial, que describe los hechos como una "ensoñación" o, como según la propia tesis del autor, "tensar la cuerda sin que llegara a romperse". Tampoco entiende que en su caso, pese haber resultado absuelto de malversación, se le pidan responsabilidades en el Tribunal de Cuentas sobre el dinero gastado en el 1-O, o que se esté juzgando al mayor de los Mossos José Luis Trapero.

LA "MODERNIDAD LÍQUIDA" DEL PROCÉS

En su libro el exconsejero y exalcalde de Figueras (Girona) incardina todo lo ocurrido en el movimiento occidental que fue certeramente diagnosticado por el filósofo polaco Zygmunt Bauman, como "modernidad líquida" y que tiene su origen en el "fin de las seguridades" de la clases medias, "que se sienten abrumadas al ver que no van a poder asegurar a sus hijos las mismas seguridades y garantías de progreso que tuvieron ellos".

En este fondo sociológico sitúa Vila el "procés", un capítulo a añadir a unos EE.UU replegados en sí mismos con Donald Trump, un Reino Unido que abandona la UE y movimientos como el del 15-M. "En Cataluña habíamos cronificado unos enfrentamientos con el Gobierno de España en forma de sentencias contra el Estatuto y de incumplimientos, colisiones estatutarias y falta de inversiones que fueron un poco la sal de todo lo que ocurrió después", añade.

El libro también trata de la situación de aislamiento respecto al resto de procesados que sufrió Vila hasta el momento de su declaración, que él explica que obedece a que creían que utilizaría argumentos que podrían perjudicarles. "Me comprometí tanto como supe no solo en mi defensa sino también en la suya", afirma, para añadir que le pareció injusto e inaceptable que se construyera el tópico de que él iba por libre y que en algunos ámbitos se le calificara de "botifler" (traidor).

Por lo que se refiere a la segunda parte de su libro, Vila cree que el catalanismo tiene por delante diferentes caminos, uno de los cuales pasaría por la creación de un nuevo partido de presupuestos moderados porque "la necesidad existe" y hay que hacer converger diferentes identidades que lo están esperando, pero que lo que no tienen es liderazgo".

El exconsejero descarta sin embargo pilotar por el momento un proyecto semejante. "Honestamente, ni quiero ni puedo -contesta a Europa Press-. No puedo porque estoy inhabilitado y no quiero porque también tengo la impresión de que yo ya he cumplido. He sido alcalde en Figueras, he sido diputado y consejero, y mi compromiso cívico pasa ahora por dar charlas, escribir libros y comprometerme con unas ideas".

Para mantener el catalanismo fuera de los frentes más radicales, propone persuadir a los propios ciudadanos de Cataluña y al conjunto de España de que "España es un proyecto político, un estado compuesto, una nación de naciones como dicen algunos socialistas, y que por lo tanto la identidad nacional puede formar parte del ámbito privado de la vida, porque cada uno siente su identidad nacional, pero lo que nos debe unir es el patriotismo constitucional".

En uno de los capítulos de su libro, titulado 'El Campo Catalanista, arrasado", Vila comienza señalando que "los políticos son como las olas, unos borran a los otros", y l entrevista abunda en que los liderazgos cambian y "gente que tenía un gran protagonismo desaparece del mapa muy rápidamente".

"QUE PONGAN LAS BARBAS EN REMOJO LOS QUE ESTÁN AHORA"

"En Madrid ha sido una arrasada descomunal, no queda ni Méndez de Vigo, ni Rafael Catalá -personajes con los que medió antes de la declaración unilateral de independencia-, ni Soraya Sáenz de Santamaría ni Mariano Rajoy, y en Barcelona es obvio también, porque Artur Mas, que fue uno de los padres del procés ha desaparecido, y con él toda una generación de consejeros que eran la tradición convergente". "Que pongan las barbas en remojo los que están ahora, porque esto va muy rápido", añade.

También apuesta por una pronta convocatoria electoral en Cataluña que permita a los ciudadanos elegir entre las dos actuales estrategias de combate político dentro del catalanismo, entre los que piensan que el Gobierno sólo se va a sentar a dialogar obligado, tras una dinámica de tensión; y aquellos que creen, entre los que se incluye, que "el único camino viable es el guante blanco, decir que vamos a serenarnos todos".

"Tendríamos quecomprometernos más, el Estado con Barcelona y los catalanistas con el Gobierno de España", añade Vila, que se pregunta por qué ha sido siempre tabú en Cataluña que el catalanismo hubiera participado en tirar del resto de España, incluyendo la participación por ejemplo de los mejores hombres de Convergencia. Apunta que Jordi Pujol nunca lo consistió, y tuvieron que conformarse con ser consejeros, pero que ahora es necesario "agudizar el ingenio" para salir de la actuación actual.

Finalmente, justifica en su labor mediadora en esos meses de otoño de 2017 el hecho de no haber abandonado el Govern de Puigdemont hasta el último momento, pese a su profunda discrepancia con las denominadas 'leyes de desconexión" aprobadas en septiembre.

"Eso sí se me puede afear, pero también es verdad que el presidente me dijo quieto, tú a mi lado, y sigue haciendo lo que estás haciendo que esto va a acabar bien", reconoce, para añadir que era en ese momento era "impensable" que desde el Gobierno de Rajoy no se tomara ninguna iniciativa "para evitar el choque", porque había "rumbo de colisión".

"A mí me gustaría que hubiera habido un poco más de valentía" añade en referencia a Rajoy "porque por poco que lo que nos decían en privado algunos nos lo hubieran dicho con amabilidad en público yo creo que hubiéramos musculado más a Carles Puigdemont para tomar las decisiones empoderado de verdad", lamenta, para añadir que "en público había un silencio sepulcral e, incluso se enviaban gestos de 'estamos preparando el palo', tambores de guerra".

"Ahora parece que el Gobierno actual se lo ha tomado en serio, no es menor reconocer que el problema político existe, que esto no es solo un problema de unos políticos que se saltan las leyes", concluye el exconsejero.

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