MADRID 23 Abr. (OTR/PRESS) -
El papa Ratzinger ha ido de visita a Estados Unidos. Ha hecho muy bien. El presidente americano lo ha recibido con todos los honores. Es normal. Los comentaristas católicos están radiantes. Como se esperaba. A un grupo de periodistas no practicantes les ha entrado un sarpullido teocrático: el Imperio y la Iglesia, dándose abrazos. Son raros pero aciertan.
Ratzinger es un importante hombre público, tiene millones de clientes en Estados Unidos, debe restañar la confianza y las finanzas enredadas por el sector pederasta de su organización en un mercado tremendamente puritano. Y no hay por qué dudar de que lo animan preocupaciones espirituales. Intelectualmente pone interés. Tiene horas de estudio y sus adeptos, todos especialistas en filosofía, afirman que es brillante. Eso mismo afirmaban de Rajoy hasta hace unas semanas.
Su anfitrión, un niñato rico de la América cateta, ha hecho de su país un semillero de matones y torturadores y de paso lo ha arruinado. Según todas las apariencias, es un idiota. Seguramente lo mueven también las cosas del espíritu. Lo que pasa es que tiene poco.
Cada uno es el número uno en su campo. Era inevitable que se asociaran. Uno es el individuo que más daño ha causado en el mundo en lo que va de siglo. Otro, que viste estrafalariamente, representa a la organización que más ha callado. "De toda palabra ociosa se os pedirán cuentas". ¿Y de los silencios?
No siempre callan. En Italia los papales han celebrado la victoria de Berlusconi sobre el zapaterismo. Un hombre de Dios, el tal Silvio, certifican los obispos, que viven de eso, en vísperas de que un colega paraguayo llegue a presidente por rojo. ¿Lo habrán felicitado? Bush ha invitado a Berlusconi a una cena sin alcohol. La alianza del Bien.
Ratzinger entró en Nueva York con solemnidad. Sobre ruedas: no había pollinos disponibles. A propósito de la resolución de conflictos soltó cosas que causaron una fuerte impresión en su rebaño y en tres diplomáticos independientes. Probablemente rezó por las víctimas de Ground Zero. No aclaró si piensa visitar Bagdad ni si se acordó de los irakíes asesinados. Probablemente en Estados Unidos sea ilegal rezar por los irakíes. La visita fue un éxito.
Agustín Jiménez