Actualizado 01/05/2012 14:00

Antonio Casado.- Desconocido Rajoy.

MADRID 1 May. (OTR/PRESS) -

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, es persona cabal donde las haya. No acostumbra a sacar los pies del plato. Se le reconocen las virtudes de la prudencia hasta extremos no bien aceptados por su propia gente. Damos por acreditada su tendencia a calmar los ánimos. O a esperar que se calmen sin echar leña al fuego. Por todo lo dicho ha sorprendido su visceral reacción del domingo pasado contra los socialistas. Más concretamente, contra su falta de adhesión a la agenda reformista.

Fueron dos fogonazos verbales inmediatamente recogidos por los informativos de radio y televisión, con espacios preferentes en los diarios de este lunes. Uno, el anuncio de que el Gobierno no dejará de hacer recortes a o largo de toda la Legislatura. Otro, que piensa hacer las cosas exactamente al revés que el PSOE. Dos advertencias como dos patadas en la barriga de su adversario político. Desde las vísceras, no desde la razón. Es impropio de un presidente del Gobierno en general, obligado a sobrevolar la reyerta partidista de cada día, y de este presidente en particular, conocido por su templanza.

Justo el día en que miles de personas se habían echado a las calles de las ciudades españolas en contra de los recortes del Gobierno, a Rajoy sólo se le ocurre replicarles con la perspectiva de más recortes, recortes todos los días, recortes para todos, recortes sin parar en lo que resta de Legislatura. Nos remite al viejo dicho del té: si no te gusta, toma dos tazas. No casa con su propia confesión de que tampoco a él le gusta recortar pero no tiene alternativa. Se deduce entonces que, puesto que le disgustan, estará deseando dejar de hacerlos. Sin embargo lo dijo, lo gritó, como si estuviera determinado a usar indefinidamente la tijera solo por jorobar a los socialistas. Así sonó.

Y también sonó así lo de ajustar su agenda de decisiones a las que tomó el Gobierno anterior para hacer "exactamente lo contrario". Nadie, ni una persona, ni una institución, hace las cosas tan rematadamente mal que lo bueno sea recordarlas para hacerlas justo al revés. De hecho, el PP apoyó desde la oposición ciertas decisiones del Gobierno socialista y ahora el Gobierno del PP es continuista, al menos en tales decisiones (mandato constitucional de equilibrio presupuestario, reforma financiera, política antiterrorista, lucha contra el déficit, etc.).

Aunque de todo eso es perfectamente consciente el señor Rajoy, este fin de semana se comportó como un hooligan. No es la mejor manera de tender puentes con la oposición. Así no se cargará de razón para trabajarse su complicidad y pedirle que arrime el hombro. Con estas reacciones el presidente del Gobierno ha alimentado el surrealismo de un debate en el que también entró el líder de Comisiones Obreras, Fernández Toxo, al denunciar públicamente que este Gobierno está haciendo "exactamente lo contrario de lo que dijo que iba a hacer", lo cual sugiere que Rajoy está haciendo o ha hecho en algún momento exactamente lo mismo que hizo Zapatero ¿No ven ustedes que es un debate absurdo?

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