Publicado 08/04/2014 12:00

Antonio Pérez Henares.- Mas se borra hasta de interlocutor

MADRID 8 Abr. (OTR/PRESS) -

Escuchando a José Montilla, ex presidente socialista de la Generalitat, se comprende perfectamente como el separatismo ha conseguido llegar a su cenit en Cataluña. Quien junto a los Maragall, ahora ya destapados como secesionistas, y a Zapatero como imprescindible, necesario y entusiasta colaborador del despropósito, fuera uno de los grandes responsables de la sumisión de la izquierda y un ejemplo del más cualificado de los "tontos útiles" en la hoja de ruta nacionalista, sigue hoy empecinado en su ceguera y colgado de aquel pinganillo que un día utilizó en el Senado para "entenderse" con su paisano Chaves. Hoy, de una manera u otra, Montilla y tantos como él prosiguen con su mantra de que si bien ellos no son independentistas, dicen, entienden y defienden todas las supuestas razones para serlo y consideran que la Constitución, la soberanía del conjunto del pueblo español, son poco menos que molestos impedimentos para no haber podido culminar su desatino.

Según Montilla, según Zapatero, según quienes aún hoy se niegan a asumir la más mínima responsabilidad de haber parte esencial del problema a que hoy nos enfrentamos todos, quien debe mover su posición, quien debe "dar pasos", quien debe... es el Gobierno Español, es España, es la Constitución, somos los españoles. Eso sí, no dicen en qué, ni cuáles, ni cómo y ocultan algo tan simple que la cesión que se exige es precisamente la de entregar para que la troceen en pedacitos la soberanía del pueblo español. La que jamás ni puede ni debe entregar un presidente español digno de tal nombre. La que sí estuvieron dispuestos a entregar ellos. La que parece que pretenden que entregue Rajoy, al que consideran "culpable". Por no rendirse a ERC, será.

Es necesario reconocer el cambio que en tal sentido ha logrado dar Rubalcaba en su propio partido. Sobre todo con estos mimbres con los que tiene que tejer el cesto. El actual dirigente del PSOE, que pudiera haber sido participe por omisión en su tiempo, tiene verdadero mérito en haber logrado, aunque tal vez ya sea tarde, reconducir al socialismo en general y al PSC en particular, a sendas más acordes con los principios y bases esenciales de su propio ser y existir ideológico. No hay que regatearle reconocimiento por ello. Ni tampoco dejar de asumir que, acordado lo esencial y con visión de estado, tiene perfecto derecho a plantear caminos y vías de reforma constitucional que entienda puedan contribuir a superar la situación. Siempre que se entienda, claro está, que para ello es necesario acuerdo muy mayoritario y no un trágala que solo haría que agravar más aún el problema.

Habrá que hablar. Entre todos. Pero ¿quién es el interlocutor en Cataluña?. Artur Mas, parece que ya no y eso es algo que, cada día que pasa, resulta una evidencia mayor, ya no es ni siquiera eso. Él mismo se ha descartado al huir del Parlamento, de la sede donde está representada la soberanía del pueblo español, incluido los catalanes, con "el rabo entre las piernas" en su propia expresión y como actitud preventiva para que no se le viera del todo después. Más, prisionero, no tiene salida alguna y en todo caso puede que le quede algún ápice de posibilidad de tenerla a CiU. ERC es quien cabalga ahora el tigre, pero ese tigre, ese magma de lava hirviendo llamada Asamblea Nacional de Cataluña, es cada vez más silvestre y campa cada vez más a su particular albedrío. Es hoy quien en verdad manda en Mas, en Junqueras, en la Generalitat y pretende en unos meses hacerlo de hecho en Cataluña entera. Por desgracia lo veremos. Se verá.

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