Publicado 10/09/2013 12:00

Fermín Bocos.- Depresión Olímpica

MADRID 10 Sep. (OTR/PRESS) -

Nada reemplaza a la victoria y de ahí viene la gran decepción que el grueso de los españoles hemos sentido tras la eliminación de la candidatura de Madrid a los Juegos Olímpicos del 2020.

Todo lo que se diga para tratar de explicar el porqué de la derrota son conjeturas. O, en el mejor de los casos, intentos de buscar lógica allí donde priman formas diferentes de ver las cosas. Puede que acierten quienes apuntan que Tokio se ha beneficiado de la solidez actual de la economía japonesa, mientras que a Madrid le ha perjudicado que España lleve 8 trimestres seguidos en recesión y tengamos una tasa de paro del 26 %, la más elevada de la UE.

Quien sabe si cuando las autoridades españolas (el presidente Rajoy, la alcaldesa Botella), presentaron el proyecto bajo la idea de lo "sostenible dentro de la austeridad " no provocaron el efecto contrario al deseado. Sabido es que los JJ.OO. son un festival de derroche, la ocasión en la que -pese a las proclamas oficiales- los países echan el resto y, de ese tirar la casa por la venta se derivan negocios y dinero que fluye de mil diferentes maneras.

En ése sentido hay que reconocer que el video en el que Tokio mostró al mundo su proyecto, es potente. Desarrolla una idea de poderío.

Dibuja un panorama de grandes obras, un escenario espectacular. Por si le faltaba algo, apareja el compromiso de un presupuesto que supera el de la suma del anunciado por Madrid y Estambul. Los miembros del COI forman parte de un club muy peculiar en el que conviven antiguos deportistas con políticos y burócratas. Viven a cuerpo de rey y viajan en "business". Austeridad es una palabra de uso infrecuente en su ambiente. Piensan a lo grande: derechos de televisión, publicidad, subvenciones,... Teniendo en cuenta que a los Juegos le han salido grandes competidores que disputan el "prime time" y los "royalties" -la "Champions League", el baloncesto, la Fórmula 1, el tenis..., han decidido asegurar la jugada. Tengo para mi que optar por Tokio no ha sido ni el resultado de un "tongo olímpico " -como ha llegado y titular algún periódico-, ni la prueba de que por ahí fuera "no nos quieren", como también he oído decir a más de uno. La elección de Barcelona como sede olímpica en el 92, echa por tierra todas las interpretaciones conspirativas. Es verdad que por aquél entonces Juan Antonio Samaranch Torelló presidía el COI y la suya era una sombra muy alargada, pero, en fin, los hechos son tenaces y hay que estar dispuestos a admitir que la candidatura de Tokio reúne todos los requisitos y algunos más. Dejarse reclutar por la melancolía o, peor aún, caer en la depresión, sería un exceso. La derrota, aunque Madrid quedó en tercer lugar, no es una humillación. El Príncipe Felipe tuvo una intervención magnífica.

Lo que estuvo de más fue el exceso de optimismo y la euforia alimentada por unos responsables políticos muy necesitados de imagen, angustiados como están por el hundimiento con el que comparecen en todas las encuestas.

Últimas noticias sobre estos temas

Contenido patrocinado

Foto del autor

Antonio Casado

Anatomía de un anviersario

Foto del autor

Rafael Torres

El horror de las reformas

Foto del autor

Fernando Jáuregui

Sánchez es un fuera de serie, de verdad

Foto del autor

Fermín Bocos

Resucitar el Frankenstein