MADRID 27 Feb. (OTR/PRESS) -
Lo malo de los debates es que al día siguiente todos dicen que lo ha ganado el suyo. Cuando digo todos, me refiero a todos: ciudadanos de a pie y medios de comunicación. Por no hablar de las encuestas en las que los encuestadores piden opinión a quienes tienen ya su voto decidido -partidarios de IU, nacionalistas, etc-. No votarán al PSOE pero casi seguro que, preguntados por el debate, contestarán que lo perdió Rajoy. Dicho de otra manera, siendo una cosa la opinión pública y otra la opinión publicada, está claro que a la hora de levantar acta del resultado de un debate la opinión publicada influye mucho en la opinión pública. Por eso, a mi juicio, lo mejor es que cada uno juzgue en función de lo que fue pensando a lo largo del debate.
Si le pareció que Zapatero estuvo aseado y que Rajoy pecó de agresivo, pues quédese con esa idea. Si, por el contrario piensa que Rajoy desarboló a Zapatero señalando la etapa de vacas flacas que viene o la frivolidad con la que ha llevado la política antiterrorista o la ceguera que apareja negar que el fracaso de los planes de Educación, pues dígalo. Tranquilamente como con serenidad dijimos -quienes así lo vimos- que Solbes ganó a Pizarro. Tras un debate, lo único que se puede objetivar es si uno de los dos contendientes -o ambos- ha metido la pata, o ha hecho el ridículo. No fue el caso. Tengo para mí que fue un buen debate; que apetece ver el próximo y que, más allá de las encuestas -previsibles todas en función del color del medio- lo que está claro es que hay partido.
Fermín Bocos.