MADRID 23 Abr. (OTR/PRESS) -
Este lunes fue, como estaba previsto, un día en el que Esperanza Aguirre mereció abundantes atenciones de los medios informativos y de los políticos. La presidenta tenía dos citas, su entrevista con Francesc Camps y su comparecencia en el programa '59 Segundos' de TVE, y se esperaba de ella que, de una vez por todas, resolviera su ambigüedad ante el Congreso del PP de dentro de dos meses en Valencia. ¿Resolvió? Sólo a medias. Parece haber entendido que le favorece esa situación de ambivalencia: apoyo y votaré a Rajoy..., de momento.
"Inamovible, inquebrantable... , pues no. ¿Qué puede suceder en dos meses?", se planteaba la "baronesa" Aguirre. Hasta el punto de que su actitud sigue mereciendo esas atenciones y cábalas que suscitan los titulares de los diarios: "Rajoy se arruga ante un nuevo desafío público de Aguirre", se lee tras observar cómo el presidente del PP negaba que se refiriera a ella cuando invitaba a irse del PP a quien no estuviera cómo en el partido. "Aguirre logra que Rajoy retire su órdago. Rajoy da marcha atrás después de que Aguirre le pidiera que aclarara sus palabras", dice otro periódico en su portada. "Aguirre no cede en el pulso con Rajoy...", destaca otro periódico. O bien: "Aguirre arroja la toalla ante el envite lanzado por Rajoy". Hay para todos los gustos, pero todo permite suponer que esta comedieta podría tener más escenas.
El líder y la lideresa están lejos de un entendimiento, y mucho menos de la subordinación de la segunda ante el primero. Podría tener solución si Rajoy anunciara un equipo de gobierno del PP en el que estuviera presente Esperanza Aguirre..., y a ser posible estuviera ausente Ruiz Gallardón, que es el principio de esta controversia. Aguirre ya forzó el brazo de Rajoy para evitar que su "subordinado" Gallardón tomara ventaja como diputado. Ahora pretende conseguir lo mismo, evitando que Gallardón y no ella esté en el equipo de Rajoy para los próximos cuatro años. Con este propósito hace Aguirre toda clase de esfuerzos y equilibrios, aunque esté dejando la imagen de su partido y de su líder por los suelos. No ahorra en sus explicaciones el recuerdo de que Rajoy ha perdido ya dos elecciones, y que no cabe descartar que pierda también la tercera vez.
Es lo que tienen los partidos en la lucha por el poder entre sus miembros más ambiciosos; que no ahorran recursos a la crueldad. Pero también sucede que "el público votante" no suele ser clemente ni comprensivo hacia quienes participan en esta clase de juegos. Por fortuna, el PP tiene ante sí cuatro años para reencauzar sus propósitos y métodos, porque en este instante el varapalo popular sería mucho mayor que hace mes y medio. Tal y como van las cosas, y si no se remedian o alivian estas luchas por el poder, los socialistas pueden respirar tranquilos y dedicarse a sus propios trabajos, porque el rival sólo está para sus peleas internas. No es de extrañar que las críticas más severas sobre la formación del segundo Gobierno Zapatero procedan de medios afines al PSOE, mientras el propio partido consiente y calla...
José Cavero