MADRID 25 Feb. (OTR/PRESS) -
Por muchos problemas que se ciernen ahora sobre la economía española, es incuestionable que el Gobierno de Zapatero, gracias a la política de Solbes, convivió con una racha de éxitos socioeconómicos que no será fácil repetir, gobierne quien gobierne en España. Y si eso es así, ¿por qué no se distancia más el PSOE del PP? ¿Por qué pueden estar prácticamente empatados, teniendo ZP un buen balance económico y resultando el PP sumamente agrio en sus posiciones críticas? Es evidente que el joven presidente ha hecho mal algunas cosas, que otras las ha hecho a medias y que las que hizo bien parece que se valoran poco o que se daban por descontadas por una izquierda ahora desmovilizada. A la hora de la verdad, le salva la seriedad de Pedro Solbes.
El PSOE, sin embargo, más que plantearse una campaña de ideas, de renovación de mensajes y de una política progresista, se ha volcado con una campaña personal, en la que ZP juega a ser -sin serlo- Felipe González. Y ahora que andan con el agua al cuello, tratan de recuperar los viejos temores a la derecha como arma arrojadiza, explotando la sombra de Aznar y la presencia de personajes como Acebes y Zaplana. En este contexto llega el gran debate, el cara a cara de este lunes entre Zapatero y Rajoy.
Si el encuentro televisado de Solbes y Pizarro lo siguieron cinco millones de personas no parece aventurado prever que el debate ZP-Rajoy paralizará el país, como si fuera la final de un Mundial. Será una gran oportunidad -la primera- para ver con cierta calma la talla de ambos políticos y, sobre todo, para comprobar si es acertada o no la idea del PSOE de convertir a ZP en un nuevo Felipe. Por su parte, Mariano Rajoy, que según casi todas las encuestas sale de segundo, tiene poco que perder y mucho que ganar. Veremos qué pasa.
José Luis Gómez