MADRID 15 Feb. (OTR/PRESS) -
Hay bastante gente que opina que esta campaña electoral (que, por cierto, aún no ha empezado formalmente) va a ser agotadora, y que acabaremos todos hartos, si es que no lo estamos ya. Yo, en cambio, creo que la cosa no ha hecho más que empezar, y que ahora estamos en una fase de calentamiento previo a la campaña en serio, y que por esta razón cada día los titulares de los periódicos nos sorprenden con una ocurrencia nueva y con esta especie de subasta de ayudas y subvenciones, desde luego con el dinero de los subvencionados, como no puede ser de otro modo, ya que el dinero público no es otro que el dinero privado extraído a la fuerza del bolsillo de la gente mediante el sistema de impuestos -que, como su propio nombre indica, no son voluntarios-.
Pero de aquí al 7 de marzo los candidatos habrán de entrar en las cuestiones serias, graves e importantes, como son la inmigración, el terrorismo, la integridad territorial española, la viabilidad del sistema autonómico, la ley electoral o la economía en fase de vacas flacas. Y todo eso sin contar asuntos que interpelan fuertemente a las conciencias, tanto de creyentes como de no creyentes: el aborto, la eutanasia, la matanza de embriones, el matrimonio civil, la familia y su estabilidad. Con regalitos de 400 euros o dentista gratis dentro de ocho años no se va a ventilar esta campaña; al menos, no se debería.
Rodríguez Zapatero ha hecho un gesto inquietante: en cuanto Rajoy sacó a la luz uno de estos asuntos importantes como es la inmigración, corrió a decir que eso debería excluirse del debate electoral. Mal asunto; se ve que a él le gusta más una campaña de ventas con técnicas comerciales, y no un debate público serio. A lo mejor tiene razón, y con lo de la ceja y los vídeos más o menos ocurrentes se liquida esta campaña sin más. A fin de cuentas, ¿no hay un montón de gente que se compra un coche de varios millones de pesetas por el color de la carrocería?
Ramón Pi.