MADRID 31 Oct. (OTR/PRESS) -
El Partido Popular y el PSOE se vieron arrastrados, el martes en el Congreso, a apoyar una hábil jugada política de Rosa Díaz, que se vendió como paladín en contra del independentismo.
El PP añade, gracias a UPyD, un escollo más en el lentísimo camino emprendido, con citas secretas, en la búsqueda de una vía intermedia que impida el choque de trenes entre Cataluña y el resto del Estado. Y al PSOE le ha costado la ruptura de la disciplina de voto de sus diputados catalanes y la evidencia pública de la brecha existente en el seno del socialismo. El PSC mantuvo la coherencia con su defensa del derecho del pueblo catalán a ser consultado y el PSOE evidenció la falta de liderazgo interno que padece. Rubalcaba no fue capaz de imponerse a la vieja guardia del partido, muchos de ellos andaluces, que no quieren medias tintas frente al soberanismo.
Así fue como los dos partidos de gobierno le brindaron un triunfo impagable de imagen a Rosa Diez, apoyando lo que no deja de ser una obviedad recogida en la Constitución; que sea toda España -todos los españoles- quien puedan votar en un supuesto referéndum.
Rosa Díez, que contempla con preocupación el crecimiento de la opción de Albert Rivera y su aspiración de convertir Ciutadans en una alternativa electoral a nivel nacional, necesitaba un golpe de efecto y los dos grandes se lo brindaron en bandeja. Pese a que se habló de la posibilidad de que UPyD y Ciudadanos llegaran a conformar una propuesta unitaria, Rosa Díez no consentiría nunca renunciar al liderazgo que ejerce entre los suyos con mano férrea.
¿Tenían otra opción que la de apoyar una moción innecesaria? Evidentemente sí. El partido del Gobierno, apelando a su mayoría absoluta, ha convertido en excepcional las ocasiones en las que la oposición logra sacar adelante cualquier proposición parlamentaria. Podía haber presentando una suya alternativa y reforzada para dar gusto a los recalcitrantes de su bancada. Y el PSOE, simplemente abstenerse para no encizañar aún más el recalentado clima político. De nada sirve que Rubalcaba viaje a Barcelona a tender puentes con Artur Mas si luego se vota con UPyD.
Si al final, como desearía el PP, esta deriva nacionalista termina rompiendo Convergencia y Unió y desgajando al PSC del PSOE, los independentistas de Esquerra Republicana se harán más holgadamente con el poder en Cataluña y la posibilidad de tender puentes se habrá desvanecido.
De seguir las torpezas, si no en esta legislatura será en la próxima con Oriol Junqueras de presidente de la Generalitat, se proclamará la independencia unilateral de Cataluña. Y será el caos.