Actualizado 09/09/2016 16:37

Los huesos nunca olvidan y conservan las huellas de una muerte, afirma el autor de "La ciencia en la sombra"

Médico forense analiza huesos de una víctima no identificada
JOSE GOMEZ / REUTERS

MADRID, 9 Sep. (OTR/PRESS) -

El químico José Miguel Mulet, autor del libro "La ciencia en la sombra" desvela algunos de los secretos de los crímenes más célebres de la historia, como los de Jack el Destripador u otros conocidos en nuestro país.

El científico desvela en una entrevista publicada por la agencia Sinc, datos que son fundamentales a la hora de revelar la hora de la muerte de un individuo y qué pistas pueden conducir a averiguar las causas de la muerte. Ni qué decir tiene que si la muerte es causada por un asesinato, será la ciencia la que nos pueda terminar conduciendo al asesino.

De esta manera, Mulet explica que el potasio del ojo sirve para determinar la hora de la muerte y que el análisis de venenos o pólenes, por ejemplo, puede servir para delatar al asesino. Lo mismo que el ADN sirve para inculpar a alguien, también sirve para sacar a un inocente de la cárcel, como ya ha ocurrido en alguna ocasión.

El avance en la ciencia forense y las herramientas que utilizan para desentrañar los entresijos de una muerte son la base del último libro del químico y que titula "La ciencia en la sombra".

EL ADN INFALIBLE

Según Mulet, "los huesos no olvidan" y aportan mucha información: "conservan las marcas del arma homicida y de las circunstancias de la muerte. También pueden indicar cuál es la identidad del fallecido o las circunstancias de su vida. Además, por las trazas de metales que hallemos en ellos podemos saber qué tipo de alimentación tenía o donde vivía la persona".

En cuanto a la infalibilidad de las pruebas de ADN que se recogen en la escena de un crimen, el químico afirma que sí son infalibles siempre que de hayan "recogido de forma correcta y sin contaminaciones". Explica que "el genoma es algo propio de cada persona y que vamos esparciendo en nuestro entorno por las células que se desprenden o que legamos a nuestros descendientes. Hoy en día las técnicas permiten de forma precisa asignar una muestra a un individuo"

JACK EL DESTRIPADOR Y LA FAMILIA ROMANOV

En el libro que presenta explica alguno de los casos más conocidos e históricos como el de Jack el Destripador, del que jamás se ha podido confirmar la identidad. Fue el primero de los crímenes, no el peor, en tener cobertura mediática y provocó que se vendieran muchos diarios debido a la alarma social. Según Mulet, nos acordamos de este asesino por el impacto que tuvo pero duda que se llegue a saber "quien fue el auténtico culpable".

Otro caso de los explicados por Mulet es el de la familia Romanov. "Estuvimos 70 años elucubrando, decenas de personas alegaron ser la princesa Anastasia o el príncipe Alexei, pero llega el ADN y asunto resuelto. Todos fallecieron en Ekaterimburgo y fueron enterrados en dos fosas comunes.", asevera.

En cuanto a los casos más mediáticos que han sucedido en España y por los que se ha interesado destaca el de Rocío Wanninkhof, "en el que gracias a una prueba de ADN se pudo sacar a una mujer inocente de la cárcel. Es más, hoy gracias al ADN podemos hacer un retrato robot de autor de un crimen sin ni siquiera tener un sospechoso, como pasó con el caso de Eva Blanco. La ciencia forense en España se encuentra entre las punteras del mundo", dice el científico.

Para Mulet, los forenses españoles tienen un gran reconocimiento en el mundo y afirma que "muchos científicos forenses españoles son llamados al extranjero para resolver casos complicados como peritos expertos. Por ejemplo, Ángel Carracedo de la Universidad de Santiago participó como experto en la resolución de un crimen en Noruega. Miguel Botella de la Universidad de Granada, o Francisco Etxeverría de la del País Vasco son llamados muchas veces a países de América Latina y otras zonas, además de que sus publicaciones aparecen en las principales revistas del campo"

LOS INSECTOS Y LAS PLANTAS QUE AYUDAN

En cuanto a qué insectos son los que más ayudan a un forense a encontrar pruebas, Mulet afirma que "cualquiera que se alimente de un cadáver en descomposición o de los insectos que se alimentan del cadáver. Lo bueno es que los insectos aparecen en un cadáver de forma secuencial, y conociendo el orden en el que van llegando se pueden girar hacia atrás las manecillas del reloj y saber cuándo se produjo el asesinato, aproximadamente. Digo lo de aproximadamente por que depende de muchos factores, como la zona o la temperatura".

No sólo los insectos facilitan información, las plantas también son decisivas. En este sentido cita el polen como ejemplo: "el polen lo inunda todo, como saben los alérgicos. Esto quiere decir que cualquiera que cometa un asesinato seguramente se va a llevar restos de polen o de hierbas en su ropa que luego pueden servir para relacionarle con el lugar del crimen".

UN ENVENENAMIENTO HOY NO QUEDA IMPUNE

En cuanto a la posibilidad de que sea o no detectado un envenenamiento, el químico considera que el muy difícil hoy en día que "un envenenamiento intencionado quede impune, gracias a que las técnicas de análisis han avanzado mucho y se pueden detectar cantidades que antes escapaban a cualquier método."

Sobre la imagen que solemos tener de qué es y a qué se dedica un científico forense es evidente que series muy difundidas como CSI o Bones pueden ayudar o distorsionar. En opinión de Mulet, algunos aspectos de las series muestran una imagen realista pero puntualiza que "hay que hacerlo televisivo, ponerle tensión dramática. En el fondo son gente normal a la que le suele gustar su trabajo, y no tienen necesariamente las atormentadas vidas sentimentales que vemos en la pantalla."

Para documentarse a la hora de escribir el libro tuvo que asistir a alguna autopsia, experiencia que califica de "muy interesante desde el punto de vista científico, pero no tengo claro que sea algo que me gustaría hacer todos los días. Una sala de autopsias no se parece en nada a las que vemos en las series, tenebrosas y oscuras. Al contrario, son asépticas y con mucha luz".

En cuanto a cómo determinar la cronología de la descomposición de un cadáver, Mullet asegura que "existe un margen de tiempo, no una cronología exacta, y en ese margen influyen muchos factores, entre ellos los ambientales. En las primeras doce horas se puede fijar el momento de la muerte de forma muy precisa gracias a la concentración de potasio en el interior del ojo. A medida que pasa el tiempo debemos fijarnos en aspectos menos precisos como el rigor, albor y livor mortis (rigidez, pérdida de temperatura y deposición de la sangre por gravedad), y si transcurren más días, por el estado de descomposición o los insectos. Cuanto más tiempo transcurra, más imprecisa será la información de la fecha y hora de la muerte"

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