Antonio Casado.- La crisis televisada

Actualizado 03/06/2008 2:00:21 CET

MADRID, 3 Jun. (OTR/PRESS) -

En materia económica el paso de los meses, a veces el de las semanas, y si me apuran de los días, ha ido pulverizando todos los anuncios del presidente del Gobierno. El último, el de la inflación, cuya mejoría, tirando a la baja, había sido cantada por Rodríguez Zapatero para el mes de abril.

Efectivamente, acertó. Pero llegó mayo y el indicador volvió a dispararse hasta cotas desconocidas desde hace trece años. Es un ejemplo de las sucesivas ocasiones en las que, en estos últimos seis o siete meses, los anuncios del presidente, o del propio vicepresidente económico, Pedro Solbes, quedan desbordados cinco minutos después por la cruda realidad. Lo último es que el superávit presupuestario, cuyo agotamiento casi nadie pone en duda, no va a desaparecer del todo en los tres próximos ejercicios. Es la previsión oficial. Claro que tal previsión incluye otra de crecimiento por encima del 2 %, lo cual tampoco cuadra con la impresión generalizada de los analistas ni con los números que les salen a distintas instituciones nacionales e internacionales.

Al margen del voluntarismo de Zapatero ("El pesimismo no crea puestos de trabajo", declaraba el domingo pasado en la radio) y el camuflaje semántico del Gobierno, que sigue hablando de "desaceleración" y no de crisis, la verdad de los números refleja un cuadro desalentador. A saber: el crecimiento a la baja e inflación al alza, que con desplome del consumo privado nos da el peor de los escenarios. Y todos los efectos consabidos: aumento del desempleo (camino de los dos dígitos), la subida de las hipotecas, las restricciones del crédito y, en fin, las crecientes dificultades de las familias españolas para llegar a fin de mes.

A ese cuadro le falta escenificación en la calle, con cámaras de televisión, claro, en forma de huelgas, manifestaciones y otras formas de expresar el malestar de los ciudadanos. Pero si acercamos la oreja al suelo oiremos ruido de cacerolas cada vez más cerca. Para empezar, pescadores y transportistas, asfixiados por el precio del combustible. Son los heraldos de la crisis televisada sin actores interpuestos. Es decir, sin políticos ni periodistas. Lo que se avecina es la visualización de la crisis.

Nada que ver con el debate educado y cansino en el Congreso o en los medios de comunicación sobre el último dato económico. Debates de ese tipo los tenemos a diario. Lo que faltaba es el malestar televisado. Pescadores y transportistas parecen haber iniciado ese ruido de cacerolas. Cuando se meta en los hogares a la hora del telediario, con huelgas, manifestaciones y protestas de otros sectores, entonces podremos empezar a hablar de vacas flacas y crisis económica con toda propiedad.

Antonio Casado.

OTR Press

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