Publicado 23/05/2024 08:01

Antonio Casado.- Fango en el Congreso

MADRID, 23 May. (OTR/PRESS) -

Vivimos en la bronca partidista permanente. Nueva entrega en el pleno de este miércoles en el Congreso. Un mini debate sobre el estado de la nación donde los asuntos debatidos no llenan la nevera de los españoles más desprotegidos (Rufián dixit). Por ejemplo, la reyerta verbal con Javier Milei o el reconocimiento del Estado palestino.

En cuanto al discurso del presidente -teóricamente, la figura sometida al control institucional-, no ofreció nada nuevo. Sánchez volvió donde solía: que PP y Vox son intercambiables, que el fango es cosa de otros y que la economía va como un cohete.

También sin novedades en el discurso del líder de la oposición, Núñez Feijóo. Amontonó una larga serie de reproches al Gobierno orientados a demostrar que "no es normal" lo que está ocurriendo. "La gente está harta", dijo, mientras lanzaba pedradas verbales a la cabeza del presidente.

Ahí le duele a los estrategas de la Moncloa porque son conscientes de que Sánchez ha perdido mucha credibilidad. Sobre todo, desde que, a raíz de sus cinco días en el rincón de pensar, el pueblo soberano descubriese que tiene un presidente de Gobierno que se tambalea porque los negocios particulares de su esposa suscitan el interés de un juez, por si estuviéramos ante un supuesto de tráfico de influencias.

Por supuesto, salió a relucir el culebrón Milei, como uno de los grandes fabricantes de fango, según Sánchez. Y este volvió a mezclar el prestigio de las instituciones con los asuntos de Begoña Gómez. Todo ello sobre el telón de fondo anunciante de las elecciones europeas. Y eso explica que Sánchez y Abascal (Vox) estén encantados de haberse conocido porque en el otro encuentran su respectiva lanzadera electoral.

Da igual si en el intento sufren las políticas de Estado, como las relaciones diplomáticas con un país hermano. Sánchez las ha puesto al borde de la ruptura porque el presidente argentino (jabalí en el floreado territorio de la diplomacia) insulta a su esposa. Una medida desproporcionada, torpe e inútil. Comete el pecado de personalizar las relaciones exteriores. Es como utilizar una excavadora para acabar con las hormigas del jardín. Ahí no hay fineza diplomática, sino uso indebido de los resortes del Estado por razones de partido o, aún peor, por razones familiares.

Malos tiempos para invocar el respeto a las instituciones como elementos amortiguadores de las reyertas políticas. Lo ha hecho, desde fuera de la política, el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, mientras la vomitona de Milei en Madrid envenenaba el clima político y mediático. Pero su apelación no ha impedido que algunos hayan cometido la vileza de ver en la foto de los empresarios españoles con el presidente argentino un mal traído remedo de aquella famosa cumbre del 20 de febrero de 1933 en el Reichstag, en la que los grandes patrones de la industria alemana empezaron a incubar el huevo de la serpiente.

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