Actualizado 12/07/2011 14:00

Antonio Casado.- Habló el candidato.

MADRID 12 Jul. (OTR/PRESS) -

Entre las veinticuatro palabras escritas con erre en el vídeo promocional de Rubalcaba no estaba el apellido Rajoy, que también arrastra la erre, como la palabra futuro, que pertenece políticamente a uno de los dos. Al que salga airoso de la pugna. Segundos, fuera. Ni Rajoy quiere a su lado la sombra de Aznar ni Rubalcaba la de Zapatero. Pero ambos tienen que disimular su respectiva emancipación.

Esos deberes ya los hizo el actual líder del PP aunque guarda las formas, como se vio este fin de semana en la clausura de los cursos de Faes, aún sabiendo que Aznar va diciendo por ahí que Rajoy no le acaba de dar el peso. Ahora los tiene que hacer Rubalcaba. Con tiento. Distancia suficiente para diferenciarse del aún presidente del Gobierno y líder del PSOE, pero no tanta como para que pueda hablarse de ruptura. Sería absurdo en quien ha sido pieza clave en los Gobiernos de Zapatero.

La diferenciación incluye un cierto giro hacia la izquierda. Sin pasarse. En su discurso del sábado el candidato socialista a la Moncloa habló, por ejemplo, de recuperar el impuesto sobre el patrimonio (sólo sobre los grandes patrimonios, aclaró) e imponer una tasa a la Banca orientada a la creación de empleo. Pero también anunció que se partirá el pecho en defensa de los emprendedores en un país donde sobran funcionarios y faltan empresarios.

Es una simpleza, pues, quedarse en que Rubalcaba rompe amarras con Zapatero y da un volantazo hacia la izquierda en el programa electoral del PSOE. Más se ajusta a la realidad que, en plena revuelta de los indignados y una honda crisis de prestigio de la clase política, lo que intenta el candidato socialista, ya con dedicación exclusiva, es acercarse a las preocupaciones reales de los ciudadanos ("Si no contamos con ellos, ellos dejarán de contar con nosotros", dijo) y ofrecerles respuestas "realistas" para objetivos "ambiciosos".

Suena bien el esbozo de programa pregonado el sábado por Rubalcaba ante un auditorio de dirigentes socialistas y público invitado. Estuvo cercano, firme, convincente, persuasivo y muy didáctico. El reto es de órdago a la grande. "Nunca me he arrugado ante los retos", dijo. Consiste en afrontar el partido de vuelta con moral de remontada cuando en el partido de ida (léase elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo) su equipo acaba de sufrir una goleada de escándalo.

¿Cuál es la táctica para ganar en el decisivo partido de las elecciones generales? A vista de pájaro, "más democracia, más política, más Europa", según dijo. Si se desciende algo más, cuatro objetivos: creación de empleo, una economía más competitiva, igualdad de oportunidades para todos y regeneración de la práctica política.

Todo eso lo dijo muy bien. Ahora debe demostrar que además de saberlo decir, puede y sabe hacerlo. De las musas al teatro.

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