Actualizado 25/05/2010 12:00:39 +00:00 CET

Antonio Casado.- Sindicatos, de uñas.

MADRID, 25 May. (OTR/PRESS) -

Es fácil detectar un apagón en la proverbial enemiga dispensada a los sindicatos por la derecha política y mediática. Hasta hace una semana le acusaba de inútiles, vendidos al Gobierno, apesebrados e insensibles al drama de los más de cuatro millones de españoles en paro. Ante la posibilidad de que Méndez (UGT) y Toxo (CC OO) puedan agradecer los servicios prestados con una huelga general, ese discurso de la derecha sin complejos se ha vuelto de lo más amable con sus malqueridos sindicatos.

El verbo antes denigratorio contra las centrales sindicales se ha vuelto de repente analítico y razonable. Y la posibilidad de una huelga general se integra en el escenario político deseable por quienes anuncian el fin de la crisis y la felicidad de los españoles si echamos a Zapatero de Moncloa. Se ha integrado hasta el punto de valorarlo como un empujón más para que, cautivo y desarmado, el presidente del Gobierno no tenga otra salida que convocar elecciones anticipadas.

Pongámonos en el lugar de los sindicatos. Del diálogo a la confrontación en apenas veinticuatro horas. Las necesarias para asimilar el tijeretazo a pensionistas y funcionarios, amén de otros recortes del gasto social y la inversión pública. Tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Tan legítimo era el espíritu de diálogo de los sindicatos de entonces como los aires de confrontación que soplan ahora, cuando los responsables sindicales optan por lo uno o por lo otro en un régimen democrático.

¿Dónde están los sindicatos?, se preguntaba a todas horas la derecha política y mediática de este país. Nunca tuvo cabida en su argumentario el hecho verificable de que el diálogo social en estos últimos seis años de reinado socialista ha sido más beneficioso para los trabajadores y, de paso, para todos los españoles, porque ha contribuido a aportar estabilidad y sosiego en la vida nacional.

Se entiende, porque así es la política, que el PP haya vivido en un permanente ataque de contrariedad por no haber contado con los sindicatos para multiplicar los efectos de la cacerolada permanente que los dirigentes del principal partido de la oposición han venido decretado contra el Gobierno por tierra, mar y aire, a todas horas y aprovechando cualquier ocasión. Pero eso se escapaba a la voluntad de la dirección del partido porque lo han venido decidiendo los representantes legítimos de los trabajadores en sus órganos de representación.

Convocarán la huelga general si creen que hace falta, o no, llegado el tiempo de la confrontación. Como lo creyeron cuando mandaba González, que también era la izquierda. Y cuando mandaba Aznar, que era la derecha. Por cierto, después de una etapa de fructífero diálogo social (el ministro abanderado era Javier Arenas, y no recuerdo que entonces se hablase de sindicatos domesticados) ¿será el tijeretazo lo que acabe con la buena sintonía reinante hasta ahora entre los sindicatos y el Gobierno?

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