Carlos Carnicero.- La crisis de la Justicia.

Actualizado 18/04/2010 14:00:55 CET
Actualizado 18/04/2010 14:00:55 CET

Carlos Carnicero.- La crisis de la Justicia.

MADRID, 18 Abr. (OTR/PRESS) -

Se ha generado una tremenda afición a cargar contra los magistrados del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo. A los primeros se les responsabiliza del bloqueo de la sentencia del Estatuto de Cataluña y contra los segundos hay una campaña en la que se les ha llegado a acusar de cómplices de las torturas del franquismo. ¿Puede un país democrático sobrevivir sin graves consecuencias a una crisis de las instituciones que forman la garantía del estado de derecho?

El Tribunal Constitucional, los magistrados que lo componen, tienen sólo una parte de responsabilidad de lo que ocurre en la institución; ellos podrían dimitir pero no pueden solucionar las causas de fondo de la situación. A ningún magistrado se le pude pedir que firme una sentencia en la que no cree. Son los dos grandes partidos los responsables de fondo de una política de bloqueos y de juegos de estrategia para colocar lo que deben considerar peones en el alto tribunal. No se puede disimular que el PSOE y el PP pretenden que el Constitucional sea una terminal de los propios partidos que garantice la defensa de los intereses de cada uno; cuando no hay acuerdo en las cartas a repartir para ese juego se produce el bloqueo.

Sólo un acto de generosidad puede acabar con esa situación y consiste básicamente que los partidos se comprometan a buscar a los mejores juristas, independientemente de su ideología, para que ejerzan con libertad de criterio su leal saber en la interpretación de las leyes para adecuarlas a la Constitución.

Igual ocurre en el Tribunal Supremo y en el Consejo General del Poder Judicial. Si no hay reglas claras en la forma de elegir a los magistrados y se acepta su legitimidad sin reservas, la calidad de la democracia española va a entrar en una espiral difícil de enderezar.

Le corresponde al presidente de Gobierno tomar la iniciativa para solucionar esta gravísima crisis institucional en un momento en el que las demás crisis -económica, social, laboral- pueden formar una tormenta perfecta que caiga como un mazo sobre nuestra democracia.

OTR Press

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