Carlos Carnicero.- Juego limpio, también, en el Parlamento.

Actualizado 14/07/2010 14:01:05 CET
Actualizado 14/07/2010 14:01:05 CET

Carlos Carnicero.- Juego limpio, también, en el Parlamento.

MADRID, 14 Jul. (OTR/PRESS) -

España no cosechó tarjetas en este mundial: realmente fueron muy pocas: sencillamente porque la técnica está reñida con la agresión. Los holandeses creyeron que a La Roja sólo se le podía detener con tarascadas: la que recibió Xabi Alonso fue de expulsión inmediata, pero el árbitro no estuvo centrado en avisar a tiempo del juego sucio holandés.

Así las cosas, en medio de la digestión colectiva de la victoria, han quedado refrendados algunos valores que estaban en la sociedad pero no en nuestra clase política.

Las encuestas han sido persistentes durante mucho tiempo en reclamar entendimiento en cuestiones básicas, sobre todo las relativas a la salida de la crisis; incluso el Rey intervino en esa dirección y las presiones de la calle y las de la Corona sirvieron para aquellos paripé en forma de reuniones en el ministerio de Fomento que sirvieron realmente para poca cosa.

Hoy comienza el debate sobre el Estado de La Nación que necesariamente tiene que ser dialéctico y de contraposición entre los logros y los proyectos del Gobierno y las propuestas y críticas de la oposición: en cierto modo también es una final del campeonato parlamentario en donde habrá un vencedor y uno o unos vencidos. Los roles están establecidos y cada uno tiene que jugar con una estrategia buscando la victoria. Si pudiera daría un consejo: la bronca no está de moda y a quien se le vaya la mano en las agresiones y en los exabruptos la opinión pública no se lo va a considerar en positivo.

En el Congreso haría falta mucho toque de palabra; dedicarle mucho tiempo a la racionalidad, al juego sosegado con el control de la pelota. Pero ocurre que no hay ni de lejos en nuestra clase dirigente el talento que existe en la selección de fútbol. Para empezar, juegan los once y muchos de los suplentes; en el Congreso hay individualidades pero ni siquiera son jugadores que definan. Lo esperable es una de esas largas sesiones con una sucesión de soliloquios formulados para la parroquia más incondicional de cada partido: una incapacidad prácticamente física para un diálogo inteligente que se convierte siempre en una comunicación entre sordos.

OTR Press

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